El Peaje del Huerna: la frontera económica que rompe la cohesión de Asturias

OPINIÓN

Peaje del Huerna
Peaje del Huerna RTPA

18 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Asturias, aislada entre montañas y peajes

Asturias, tierra de trabajo, esfuerzo y dignidad, ha soportado durante décadas el peso de un aislamiento que no se debe solo a su orografía, sino a decisiones políticas profundamente injustas. El llamado «peaje del Huerna» no es una simple infraestructura con coste de mantenimiento: es un símbolo de desigualdad estructural, una frontera económica que separa a Asturias del resto de España y que castiga a sus ciudadanos con un tributo inaceptable por ejercer su derecho a la movilidad.

La Autovía del Huerna (AP-66), inaugurada como una obra de modernización, se convirtió rápidamente en un instrumento de recaudación desmedida. Su concesión, inicialmente razonable para recuperar la inversión, fue prorrogada de manera escandalosa y con cláusulas leoninas. Décadas después, el coste está sobradamente amortizado, pero el peaje continúa, perpetuando una herida abierta en la cohesión territorial.

Asturias no puede seguir pagando un peaje que ofende a la justicia social y contraviene el espíritu del artículo 174 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que obliga a los Estados miembros a reducir las disparidades entre regiones. Mantener esta tarifa es ignorar el mandato europeo y, sobre todo, despreciar las legítimas aspiraciones de una comunidad que ha contribuido al progreso nacional con su industria, su minería y su sacrificio.No hay mayor abandono político que cobrar a un pueblo por salir de su tierra.

Breve historia de una traición política

Para comprender cómo llegamos a esta situación, es necesario recordar el origen del problema y a sus responsables. A principios de los años noventa, cuando el ministro de Fomento era Francisco Álvarez-Cascos, se adoptó la decisión de prorrogar la concesión del Huerna en condiciones manifiestamente perjudiciales para los asturianos. Aquel acto, revestido de tecnicismo y promesas de eficiencia, fue en realidad una operación política en beneficio de intereses empresariales y partidistas, en detrimento del interés general.

El señor Cascos, figura paradigmática del poder centralista disfrazado de asturianismo, fue el artífice de un pacto que hipotecó la comunicación de Asturias por generaciones. Su trayectoria es un ejemplo de incoherencia: enemigo declarado del divorcio mientras acumulaba divorcios personales, y defensor de la unidad de España mientras practicaba un egoísmo político que fracturó la autonomía asturiana. Desde su etapa en el Gobierno central hasta su fugaz y caótica presidencia autonómica, su gestión se caracterizó por el personalismo, la confrontación y el desprecio al bien común.

Cuando su carrera en Madrid tocó a su fin, regresó a Asturias con la bandera regional al hombro, fundó FORO Asturias y, mediante una hábil manipulación emocional, logró que parte del electorado le otorgase su confianza. Aquel gobierno, incapaz y errático, demostró pronto que carecía de rumbo. Ni la supuesta defensa de los intereses asturianos se materializó, ni se emprendió ninguna medida efectiva para corregir la injusticia del Huerna. Por el contrario, la prórroga del peaje siguió intacta, consolidando la dependencia económica de la región respecto al centro del poder.

La responsabilidad, sin embargo, no recae solo en un hombre. También deben asumir su parte de culpa quienes, por acción u omisión, consintieron esa continuidad. La complacencia de algunos dirigentes autonómicos posteriores, más pendientes de la foto que del problema real, y la pasividad institucional han permitido que esta afrenta se prolongue durante décadas. 

Argumentos jurídicos y económicos para su eliminación

El mantenimiento del peaje del Huerna carece de toda lógica jurídica y económica. La concesionaria ha recuperado sobradamente la inversión inicial, obteniendo beneficios que exceden cualquier razonabilidad financiera. Desde el punto de vista jurídico, la prolongación de la concesión resulta contraria al principio de proporcionalidad, a la libertad de circulación y a la igualdad efectiva entre ciudadanos del Estado, principios reconocidos tanto en la Constitución Española como en el derecho comunitario.

Además, la Unión Europea ha advertido en diversas resoluciones que las regiones periféricas o de difícil acceso deben recibir un trato compensatorio, y que los peajes no pueden ser una barrera al desarrollo económico regional. El caso asturiano cumple todos los requisitos para exigir la supresión inmediata del peaje o, al menos, su compensación íntegra mediante fondos estatales o europeos.

El Gobierno de España dispone de fórmulas legales y financieras para hacerlo: desde la absorción directa del coste por el Estado hasta la renegociación o rescisión de la concesión con base en el interés público. En otras comunidades autónomas, como Galicia o Castilla y León, ya se han adoptado medidas similares, asumiendo el Estado la gestión y liberando a los usuarios del pago. No existe, pues, obstáculo técnico alguno; solo falta voluntad política. El Huerna no es una autopista, es un impuesto moral a la esperanza asturiana.

Consecuencias sociales y económicas del peaje

El impacto del Huerna sobre la economía asturiana es devastador. Penaliza la competitividad de las empresas locales, encarece el transporte de mercancías, desincentiva la inversión y desanima el turismo interior. Las familias trabajadoras que deben desplazarse por motivos laborales soportan un gasto injustificable. En un contexto de desigualdad creciente, el peaje actúa como un impuesto regresivo que castiga más a quien menos tiene.

Desde una perspectiva de justicia social, este sistema vulnera el principio de equidad territorial. Asturias no puede ser tratada como una región de segunda. La cohesión no se predica, se practica: eliminando barreras, no levantándolas. Resulta incomprensible que en pleno siglo XXI, cuando se habla de transición ecológica y digital, los asturianos sigan pagando por atravesar su propia montaña.

Asturias exige dignidad y soluciones

No pedimos privilegios, sino justicia. La supresión del peaje del Huerna es una medida de reparación histórica y de justicia territorial. La orografía no puede ser excusa para el olvido político. Si realmente queremos una España cohesionada, debemos garantizar que todas las regiones tengan las mismas oportunidades de comunicación y desarrollo.

El Gobierno central, el Principado y la Unión Europea deben actuar de forma coordinada. Asturias no puede seguir esperando mientras se reparten promesas y se redactan estudios interminables. La eliminación del peaje es posible, justa y necesaria. Cada día que pasa sin hacerlo, se perpetúa una desigualdad que hiere el alma colectiva de esta tierra. Quien calla ante el peaje, consiente la marginación de Asturias.

Epílogo

El peaje del Huerna no es solo un problema económico: es una cuestión moral, un símbolo del desprecio hacia la periferia y del olvido hacia una región que tanto dio a España. Quienes se enriquecieron a costa de esta injusticia deben rendir cuentas ante la historia. Y los asturianos, que ya demostraron su capacidad de resistencia en la mina, en la fábrica y en la mar, deben ahora alzar la voz con la misma fuerza. Porque Asturias no se resigna. Porque la justicia no se mendiga, se conquista. Y porque ninguna tierra que pague por salir de sí misma puede llamarse libre.