Todo ha dejado de ser una broma

OPINIÓN

Julio Iglesias en una foto de archivo del 2018.
Julio Iglesias en una foto de archivo del 2018.

16 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si alguien era una mina para hacer memes en esta época digital (y sobre todo al llegar el séptimo mes del año) es Julio Iglesias. Gracias a un extraordinario trabajo de investigación de dos medios de comunicación («El Diario» y «Univisión») todo ha dejado de ser una broma con su figura. Durante más de tres años se ha ido recopilando pruebas que corroboran los testimonios de dos mujeres que denuncian haber sido agredidas sexualmente por parte del cantante (en el periodo en el que trabajaron en alguna de sus mansiones situadas en la República Dominicana y en Bahamas). Vaya por delante todo mi apoyo a las víctimas y el deseo de que este paso tan importante que han dado sirva para que se haga justicia (la denuncia está ya en manos de la Fiscalía de la Audiencia Nacional) y se les repare todo el daño y sufrimiento al que se vieron sometidas.

Volvemos a conocer un nuevo «me too» en manos de una celebridad internacional (a Plácido Domingo no se le abrió ninguna causa judicial, y aunque sí tuvo cancelaciones en Estados Unidos, ahora ha recobrado su agenda de conciertos incluso en España [con gran éxito de público, tal y como ocurrió el pasado sábado en el Auditorio de Oviedo/Uviéu, que por lo que dicen las crónicas periodísticas las personas presentes le otorgaron un largo y sonoro aplauso]) y ello nos pone en evidencia de que el machismo está impregnado en todas las capas y esferas de la sociedad. Es una lacra que no la ejecuta únicamente un perfil de varón específico porque la nacionalidad, el credo religioso, la ideología política o el un estatus social no importa. Es algo trasversal, impregnado en el ambiente machista con el que convivimos los machos humanos en todo el mundo. No lo digo a modo de disculpa ni mucho menos, porque como hombre me avergüenzan estos maltratos contra las mujeres, pero para hacer frente a algo que urge cambiar es elemental hacer un diagnóstico, reconocer la gravedad del problema y buscar las medidas más efectivas para hacerle frente. Yo no veo otra manera de cambiar esta execrable actitud que no sea con la incorporación de la coeducación en el sistema educativo y con la aceptación de aplicar una nueva masculinidad que extermine esas conductas agresivas contra las mujeres.

No nos puede servir como argumento que los tiempos han cambiado, y lo digo por la viralización de un vídeo del año 2004 en el que aparece Susana Giménez, presentadora de un programa en una televisión argentina, donde se aprecia perfectamente que ella no desea recibir «un pico» (que diría Luis Rubiales) de Julio Iglesias (cuando la saluda al entrar al plató donde se iba a realizar la entrevista). Lamentablemente, su acoso no cesó y continuó insistiendo en obtener más besos en la boca. Lejos de haberse criticado aquella lamentable situación, la escena se normalizó. Esa forma de actuar ante los ojos de todo el mundo (y aunque no se enfocó al público presente estoy seguro que todo fueron risas y a nadie se le ocurrió ayudar a la presentadora) inevitablemente lleva a pensar que si así eran sus modos en público, qué no haría en ámbitos privados. Muchos años después, en 2022, su hijo Julio Iglesias Jr. tuvo la desfachatez de presentar a su nueva pareja oculta en una sábana (que simulaba un disfraz de fantasma), y ahí sí que le llovieron toda clase de críticas por la denigrante escena, pero no he encontrado referencias a que, al menos, se disculpase por aquel esperpento ni que tampoco la marca comercial que se anunciaba en el photocall expresase su condena por lo sucedido.

Capítulo aparte merece la enésima salida de tono de Isabel Díaz Ayuso al escribir este mensaje en su perfil en X: «Las mujeres violadas y atacadas están en Irán con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias». Que una representante de una administración tan importante en España haya decidido desacreditar los testimonios difundidos (que no es fácil dar la cara, y más ante gente tan poderosa) y encima utilice como razonamiento una innecesaria distinción sobre la situación de las mujeres (estén donde estén hay que ponerse de su lado y censurar cualquier abuso, ataque, agresión y maltrato) es tan cruel, asqueroso y lamentable que parece que estamos ante un nuevo ejemplo de ser más papista que el Papa. Su trumpismo mejor que se lo deje en exclusiva al propio Donald Trump. Vivimos horas de máxima incertidumbre con lo que se está cociendo desde la Casa Blanca (y no me refiero al Real Madrid, que entre la destitución de Xabi Alonso y la eliminación en la Copa del Rey tras perder en Albacete estará Florentino Pérez para pocos chistes) por sus comentarios sobre Irán y sobre Groenlandia. En este último caso, si finalmente decide desplegar su fuerza militar, estaríamos ante un capítulo aún más inédito que la operación en Venezuela, porque dejaría más que claro que no considera a la Unión Europea como potencia aliada y, además, crearía un agujero abismal en el campo de las relaciones diplomáticas y en el seno de la OTAN.