Trasplante de cara: muy difícil

Francisco Martelo PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE GALICIA

OPINIÓN

Carmen, paciente que recibió un trasplante de cara, conversa con el doctor Joan-Pere Barret.
Carmen, paciente que recibió un trasplante de cara, conversa con el doctor Joan-Pere Barret. Quique García | EFE

14 feb 2026 . Actualizado a las 10:00 h.

Un injerto de piel y músculo que nos puedan implantar procedente de otra persona produce un mayor rechazo por parte de nuestro sistema inmunitario que el que nos ocasionaría cualquier víscera trasplantada.

Esa cualidad de tejidos altamente inmunogénicos ha frenado los trasplantes de partes blandas, respecto a los viscerales como el de riñón, pulmón, hígado o corazón, que, además, tienen una indicación incentivada porque el paciente necesita el implante del órgano para seguir viviendo.

No ocurre lo mismo con el trasplante de una mano, una pierna, el pene o una zona de la cara. Porque, siendo el problema del paciente muy importante, está marcado por el adverbio solamente. Solo afecta a la calidad de vida del paciente, por lo que no debemos arriesgar con las complicaciones del tratamiento médico antirrechazo.

El progreso de la inmunología en los últimos años ha permitido conocer mejor los fenómenos de autorregulación del sistema inmune, lo que ha provocado la aparición de fármacos nuevos antirrechazo, mejor tolerados por los enfermos, lo que ha puesto sobre la mesa la necesidad solucionar aquellos casos en los que a los pacientes no les merezca la pena convivir, o, mejor dicho, vivir con defectos tan graves funcionales y estéticos.

Un ejemplo conmovedor es el trasplante efectuado hace unas semanas en Barcelona, dirigido por el doctor Joan-Pere Barret i Nerín, jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Universitario Vall d'Hebron. Se reconstruyó la cara de una paciente con una secuela de una infección bacteriana, que le impedía desarrollar su vida personal y social y actividades primordiales como ver, hablar, comer y beber.

El trasplante está indicado cuando otras técnicas quirúrgicas habituales no pueden restituir lo perdido. Donante y receptor del trasplante de cara deben compartir sexo y grupo sanguíneo, y presentar unas proporciones y medidas de la cabeza semejantes. El protagonismo de los cirujanos plásticos es por su papel en la programación anatómica y en el manejo quirúrgico de un injerto tridimensional con estructuras muy pequeñas, que deben anastomosarse y reconstruirse.

Idéntica relevancia para la tarea de cien profesionales de diferentes áreas de la sanidad que estuvieron al lado las pacientes y sus familiares, con el peso adicional de la emoción de manejar el altruismo de una donante que recibe la eutanasia.

La cara es la imagen que proyectamos a los demás y lo que concentra nuestra identidad personal. Es más fácil aceptar el riñón de un donante filántropo que el ir con la cara de otro, aunque sea un acto de inmensa generosidad. El rostro se tarda más tiempo en hacerlo propio porque posiblemente sea la propiedad privada esencial en nuestra vida.