¿Limitamos la creatividad de las adaptaciones literarias como espectadores?
OPINIÓN
Una adaptación literaria suele ser una buena noticia para los seguidores del material de origen. Se ilusionan, piensan acerca de lo fiel que será al libro y fantasean con qué actores encarnarán a sus personajes favoritos. ¿Pero, y si la adaptación no se parece en casi ningún aspecto al libro? Ese es el caso de Cumbres borrascosas, la nueva película de Emerald Fennell, cuya mayor crítica es cómo destroza la historia.
Cumbres borrascosas es la única novela escrita por Emiy Brönte, en la cual rompió con los cánones de la literatura inglesa conocida hasta el momento narrando la historia de amor y desamor de Catherine y Heathcliff, marcada por la clase social, la venganza y los abusos. Fennell se embarcó en el proceso de adaptación del libro argumentando que es la versión que ella habría querido leer a los catorce años, relatando cosas que no ocurren pero que ella deseaba ver. Toda esta idea se ve reforzada mediante una puesta en escena recargada, colores vibrantes e incluso con la banda sonora de Charli XCX. Los elementos en conjunto funcionan y dan lugar a una obra visualmente interesante, pero cuyo mayor hándicap es intentar recoger ciertas temáticas de la novela como son los celos, el amor enfermizo y las relaciones de poder para mezclarlo con el concepto del amor romántico y un erotismo moderno propios de la actualidad .
Ese erotismo que a veces peca de cauto y otras de extraño es lo más hablado de la película, para unos sobra y para otros falta. Hay una mezcla de puritanismo con decepción. Los más literatos lo ven como una falta de respeto hacia la obra de Emily Brönte criticando la falta de fidelidad al libro en cada plano de la película. Aunque tampoco es que haya habido ninguna versión especialmente fiel al libro, incluso la más aclamada por la historia de cine, Wuthering Heights (1939) de William Wyller es otra adaptación infiel, solo narrando la primera parte de la novela y suavizando a los personajes. Aunque a diferencia de la de Fennel no es histriónica ni busca provocar, se adapta más a la imagen que uno desea ver al acabar de leer Cumbres Borrascosas.
Buñuel se llevó la historia a México en Abismos de Pasión e hizo también una adaptación bastante libre, pero al titularse de otra manera, nadie parece criticarla en relación con el libro, aun siendo la que mejor refleja el amor enfermizo de Catherine y Heathcliff, llamados Catalina y Alejandro en el film. Haciendo uso del melodrama, Buñuel se aleja de los cánones que nos presenta Hollywood de la novela y no se esfuerza por hacernos querer ni a Heathcliff ni a Cathy, dándonos unos personajes complejos y tan dañinos el uno para el otro como lo son en la novela.
Se atreve a incluso a retratar la necrofilia latente en el libro y a acabar la película con una promesa de amor en la muerte. No pretende endulzar la historia y vendernos una película romántica, aspecto en el que falla Fennell, Buñuel quiere narrarnos en imágenes el deseo, la violencia y los celos escritos por Brönte. Quizá acierta porque ha sido el menos fiel. Retratando el espíritu de la novela y no las palabras que la adornan.
Aunque, ¿por qué entonces apreciamos más la de Wyller? ¿O por qué la adaptación de Fennell ha tenido una recepción tan crítica? Porque no entendemos el libro y la película como entes separados, sino como extensión el uno del otro. Vamos al cine, esperando oír: «Sea de lo que sea que estén hechas nuestras almas, la suya y la mía son iguales». Esperamos ver la misma historia que se nos ha contado desde la publicación del libro y sin aceptar ningún cambio que la diferencie.
Lo injusto es que a ningún otro medio le exigimos esta esclavitud, sin permitir al cine que pueda explorarse como arte. Somos reactivos ante lo que vemos en pantalla, solo aceptando la visión que nosotros mismos tenemos de la novela y limitando con ello la libertad de los autores; a la vez que reducimos cada vez más la riqueza de la experiencia audiovisual como espectadores ante las creaciones donde los directores asumen un riesgo.