¿Es más listo el coche que el móvil? Qualcomm tiene la respuesta

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

Pantalla de ultra alta definición del Omoda 7 SHS, gestionada por el procesador Snapdragon 8155.
Pantalla de ultra alta definición del Omoda 7 SHS, gestionada por el procesador Snapdragon 8155.

02 abr 2026 . Actualizado a las 11:09 h.

Durante años, el procesador del automóvil ha desempeñado un papel discreto. En los 80, su función se limitaba a regular la inyección o el encendido del motor. Con la llegada del ABS, el control de estabilidad, la gestión del motor y los airbags, la electrónica tomó mayor protagonismo a bordo, pero ha sido con la incorporación de las pantallas, los cuadros de instrumentos digitales y las primeras ayudas electrónicas a la conducción cuando se han multiplicado las tareas de los chips. Las pantallas de gran formato, la conectividad permanente, los asistentes de voz, las cámaras de visión envolvente y las actualizaciones remotas han convertido al vehículo en un ecosistema digital sobre ruedas. Y el principal protagonista de esta transformación es el procesador.

El Omoda 7 SHS, uno de los lanzamientos más recientes de la marca china, con motorización híbrida enchufable, tiene una arquitectura electrónica se apoya en el Qualcomm Snapdragon 8155. El sistema está operativo en aproximadamente cuatro segundos, es capaz de procesar más de veinte órdenes en treinta segundos sin interrupciones y mantiene varias aplicaciones activas con una fluidez comparable a la de un smartphone de gama alta. La plataforma cuenta con 12 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento. Puede gestionar pantallas de alta resolución, sensores y cámaras, sistemas de ayudas a la conducción y conectividad constante. Por ejemplo, el head up display ajusta automáticamente su altura e incorpora modos específicos para condiciones adversas, como nieve o baja visibilidad; y el control por voz es capaz de identificar desde qué asiento se emite cada orden y responder de forma independiente a conductor, acompañante y plazas traseras.

Entonces, ¿es el coche más inteligente que el móvil? Un teléfono optimiza picos de potencia en tareas puntuales, como el procesado fotográfico o los videojuegos. Sin embargo, un automóvil exige estabilidad continua, baja latencia, tolerancia térmica ampliada y resistencia a vibraciones durante largos períodos de funcionamiento. En un móvil, un retraso puede ser aceptado; en un vehículo puede ser crítico.