Los años pasan demasiado rápido y los periodos festivos parece que aún más. Echando la vista atrás en nuestra sentida Asturies algunos que en su momento estuvimos muy comprometidos con la recuperación de las ricas y características viejas tradiciones asturianas, en su folclor, en la etnografía, en las fiestas seculares, en todo aquello que nos pudiera dar pistas de lo que somos y en algún momento representamos los asturianos. Entre las recuperaciones de los orígenes asturianos destacó nuestra lengua materna de la que ya hablamos aquí en otro artículo.
El movimiento recuperacionista que solemos llamar «resurdimientu», porque eso fue en realidad, nació de la toma de conciencia de lo propio de casa, de nuestra tierra asturiana, por los jóvenes asturianos que en los años setenta del siglo XX estábamos entre la adolescencia y la primera juventud, desde ahí hubo una continuidad que creció con fuerza y que tuvo su máximo en los años noventa del siglo acabado.
Antes de centrarnos en lo que queremos contar en este artículo deberíamos decir que este resurgimiento popular se hizo contra viento y marea, contra la incomprensión de las clases intelectuales asentadas en Asturies (los «sensatos y pensantes»), contra los políticos (todos durante demasiado tiempo), contra los medios de entonces que vieron en esa mirada a nuestros orígenes un peligro que algunos a mala fe y también con el seguidismo de los crédulos inducidos, llegaron a comparar con el independentismo vasco o catalán. Nadie pensó, creemos que interesadamente, en la Galicia que en aquellos últimos años del siglo espoxigó de manera exponencial al tomar conciencia los gallegos de su potencial, creérselo y trabajar por ello.
Había muchos intereses políticos, económicos y demasiado ignaro para que nadie con poder empujara por lo que nos caracteriza, lo de casa. Resquemores atrás, pero con ese lastre para las tradiciones que nos definen, que tanto gustan (ahora) y que tanto atraen sobre todo a nuestros visitantes de fuera del ámbito asturiano, casi por esporas, porque aquí todo se apoya con poco espíritu y a toro pasado, escozores olvidados, pues, llegamos al siglo XXI en el que el mundo conocido ha cambiado tanto que no lo reconoce «ni la madre que lo parió».
Ya estamos en el futuro de Asturies y recuerdo como antiguo profesor de lengua asturiana que mis alumnos en los noventa , cuando hablábamos de lengua y tradiciones, estaban ya preocupados porque se podía intuir un futuro de extinción para cultura identitaria asturiana. Me acuerdo que a tales sus lógicas preocupaciones yo les respondía que sí, que nuestra demografía asturiana iba al brusco descenso, que las instituciones o no ayudaban o directamente, como hemos mencionado, ponían torgas a la recuperación, todo indicaba que en el futuro habría una desaparición cultural inexorable.
Las amenazas a lo tradicional aumentaban y siguen ahí, pero no contábamos con la gente que nos llegó de fuera buscando una nueva vida, una nueva tierra donde enraizar; los inmigrantes, sobre todo los más cercanos culturalmente, sobre todo nuestros descendientes hispanoamericanos y los europeos del este que vinieron a Asturies en busca de su lugar en el mundo.
La bajada demográfica, la despoblación de pueblos y aldeas y la nueva diáspora de juventud asturiana hacia el extranjero de la que, personalmente, tengo que decir que algunos de aquellos alumnos preguntones, ya hechos al país donde emigraron, me siguen escribiendo en asturiano y cuando pueden participan en en actividades culturales tradicionales ya como hombres y mujeres con hijos. No olvidan de donde vienen y eso, me cuentan , en la diáspora les animó mucho a seguir hacia adelante, a ser mejores y más comprensivos con lo diferente.
Internet que era una supuesta amenaza en aquellos tiempos, hoy la podemos ver como una herramienta más de expansión de la cultura asturiana, pese a las redes enredadoras, a la desinformación y a las fakes.
Malamente podíamos imaginar en aquel entonces de hace 30 o 40 años que hoy en día en Asturies a falta de juventud nacida aquí, iba a ser sustituida por gentes que desde hispanoamérica, desde la emigración eslava e incluso desde África que están ya muchos y de variados orígenes instalados en villas, pueblos y aldeas asturianas. Las crisis nos trajeron un regalo que muchos no quieren ver, pero en nuestra tierra ya hay muchos asturianos de adopción que cultivan la tierra, habitan las casas y conservan lo mejor y más interesante de nuestras tradiciones.
Desde hace ya décadas los campeones mundiales de escanciar sidra, por ejemplo, son hombres y mujeres nacidos en otros continentes. La mayoría de las sidrerías ya tienen un precioso acento de allende cuando nos preguntan; «¿Quier un culín hó?» y muchos nos enternecen cuando en un mercado popular asturiano nos interpelan diciéndote; «¡ Esti quesu ta fresquísimu!» o «¡ Míre qué camises tan guapes!».
La alegría es grande cuando uno observa no sólo la integración de estos nuevos asturianos, sino cuando vemos que recuperan lo más genuino de Asturies, eso sí, sin que nadie, institucionalmente y de manera pensada y apoyada haya puesto a día de hoy el más mínimo empeño en que esto esté sucediendo. La transmisión de la cultura autóctona pasa directamente de gente natural y sin complejos de auto odio a otra foránea que está atenta a lo que, todavía, existe y está en uso.
Hay que recordar —Porque hubo mucho empeño y mucho sacrificio de personas hoy anónimas para nuestros popes actuales— que el resurgimiento y la recuperación de todo lo genuino asturiano tuvo protagonistas algunos de los cuales vamos a recordar en este artículo no exhaustivo por imposibilidad de espacio, recordando que todos, todos, son recuperables si se buscan bien.
Sólo centrándonos, como muestra, en el deporte tradicional asturiano (una parte pequeña pero significativa de toda la cultura nacida y recriada) queremos resaltar la memoria del equipo de deporte Tradicional Seis Conceyos, con los hermanos Pola y Cliper (rip); el equipo de Deporte Tradicional (muy centrado en el femenino) Monte Areo de Carreño, con Andrés del Valle como ariete y Luís Miguel Álvarez en el Instituto La Luz de Avilés.
Hay muchos más, pero es imposible no citar a Gerardo Ruíz Alonso, doctor en ciencias de la Educación Física, profesor y escritor sobre deporte tradicional asturiano que inspiró y participó junto con la Tertulia Cultural El Garrapiellu, sus socios y sus presidentes Tino Lozano y Gloria García, en todo este logro de rescatar en vivo y en directo nuestros deportes y juegos que cristalizó en la década de los noventa (como tantas facetas de la cultura tradicional, la música y el folclor astures) en las exitosas Olimpiaes de Xuegos y Deportes Tradicionales Asturianos.
Hoy tantos años después vemos que en casi toda Asturies, durante el verano y más allá, en las fiestas de los pueblos se promocionan (popularmente) estos deportes rurales, habiendo asistido en las últimas ediciones de 2025 a otro gran éxito de Los Juegos del Segador, en Benia d’Onís, desde donde vienen a participar gente originaria y descendientes de la zona como el veterano americano Alfonso Díez desde Washington DC/ Talaveru; la chica lituana que ganó la carrera y el levantamientu del sábanu; Edier Viveros y Ralf Andrews en carreres de sacos y madreñes.
También vemos una más que merecida relevancia con la incorporación de siete amazonas (de 21 jinetes) en el Aguinaldu en Sellañu y Cazu. En otro apartado muy importante para la historia, la cultura de milenarias tradiciones figura Svetlana «Sveta» Poutilina guardiana del Azabache Jurásico de Villaviciosa. Gracias de corazón y adelante.
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