La obesidad: un riesgo real de envejecimiento prematuro

Nuria María de Castro / María Isabel Baeza

OPINIÓN

MABEL R. G.

La obesidad es una enfermedad compleja caracterizada por un exceso de grasa corporal que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros trastornos metabólicos, afectando a la calidad y la esperanza de vida. Su aparición responde a la interacción de múltiples factores, entre ellos la predisposición genética, las alteraciones metabólicas y el entorno. Sin embargo, uno de los principales desencadenantes es el desequilibrio entre la energía que se consume a través de la alimentación y la que se gasta mediante la actividad física.

En las últimas décadas, los cambios en los hábitos de vida han favorecido el aumento de obesidad. La mayor disponibilidad de alimentos con alto contenido en grasas y azúcares, junto con el aumento del sedentarismo, han contribuido al incremento alarmante de esta enfermedad.

La obesidad es especialmente frecuente en las personas mayores y se asocia con un mayor riesgo de mortalidad. Además, el exceso de tejido adiposo favorece procesos inflamatorios y de estrés oxidativo que pueden acelerar el envejecimiento biológico. La obesidad ha aumentado de forma preocupante en todo el mundo. En España, más de la mitad de los adultos tiene un peso superior al recomendado, siendo el sedentarismo un gran responsable. Estos datos revelan la importancia de promover hábitos saludables desde edades tempranas.

Para comprender mejor los mecanismos implicados en esta enfermedad la investigación utiliza modelos animales, especialmente ratones y ratas, debido a sus similitudes biológicas con los seres humanos y a las ventajas que ofrecen para la experimentación. Existen diversas cepas de ratas con características específicas que permiten estudiar distintos aspectos de la obesidad y sus complicaciones.

En un estudio reciente se analizaron diferentes funciones del sistema inmunitario y del equilibrio oxidativo en ratas Zucker fa/fa adultas, un modelo animal de obesidad. Para ello se emplearon células del peritoneo, de órganos inmunitarios como el bazo y el timo, y también del hígado. El objetivo del estudio fue ofrecer una visión global de cómo la obesidad afecta simultáneamente al deterioro de la inmunidad, la inflamación y la oxidación, tres procesos íntimamente relacionados con el envejecimiento.

Las ratas obesas mostraron alteraciones fisiológicas no solo manifestadas por un aumento notable del peso corporal y cambios en el tamaño de los órganos, sino también por una respuesta inmunitaria debilitada. Sus linfocitos, que son células clave para defendernos frente a infecciones, mostraron una capacidad de proliferación reducida. También se observó una alteración en la liberación de moléculas que coordinan la respuesta inmunitaria, produciendo menos interleuquinas 2 y 10, que ayudan a controlar la inflamación, y más factor de necrosis tumoral alfa, una molécula claramente inflamatoria. Estos animales también presentaron un marcado estrés oxidativo, resultado de un desequilibrio entre moléculas oxidantes y antioxidantes.

En consecuencia, se puede decir que las ratas Zucker fa/fa adultas mostraron una un envejecimiento más rápido del sistema inmunitario. Como estos cambios suelen aparecer en animales de mayor edad, se ha sugerido que estas ratas obesas podrían constituir un modelo de envejecimiento prematuro. Confirmarlo requerirá nuevas investigaciones que analicen otros marcadores de senescencia y un estudio con animales a distintas edades.

Por el momento, lo que sí se puede afirmar es que la obesidad no solo afecta al metabolismo, también debilita el sistema inmunitario y acelera procesos propios del envejecimiento. Cuidar la alimentación, mantenerse activo y fomentar la educación para la salud son estrategias clave para un envejecimiento más saludable.