La España de todos se puede ir al garete

OPINIÓN

Keyne, el hermano de Lamine Yamal, abrazado a otro niño después de que España ganara el Mundial
Keyne, el hermano de Lamine Yamal, abrazado a otro niño después de que España ganara el Mundial Hannah McKay | REUTERS

Nada queda de aquel tiempo en que la selección se medía por la furia, un concepto tan épico como efímero, que evapora el valor en favor de un orgullo mal entendido. Hoy, afortunadamente, somos otros. La España que celebra el talento de Lamine Yamal, Nico Williams o Pedro Porro es el espejo de una sociedad plural, abierta, que camina sin miedo hacia el futuro, mal que les pese a los que perviven en una furia monocolor. Este equipo es ganador porque se parece a sus calles y a su gente. Es una España donde los hijos de la emigración lideran, progresan y asumen responsabilidades. Sin ese país abierto y acogedor ni la familia de Nico Williams ni la de Lamine Yamal hubiesen podido llegar hasta aquí. Unos lo hicieron en patera y otros como emigrantes en un barrio de Mataró. Resulta descorazonador (porque duele en lo profundo) imaginar cómo podría ser este equipo en otro contexto sociopolítico en el que se cierran las fronteras, se agita la bandera con furia y se excluye a la lengua de Pau Cubarsí. Catalanes, vascos, gallegos, andaluces, extremeños, canarios... de distinto color forman la España plural que nos enorgullece. Sin esa política, esta España que aplaudimos, sencillamente, no existiría y el vestuario se hubiera deshecho en la homogeneidad estéril de la pureza de la derrota. Este equipo es la victoria de la convivencia. Es la España de todos, la que gana y la que suma, no la que resta. Cuidémosla, se puede ir al garate.