El abuelo de Pedro Porro y los demás

Sandra Faginas Souto
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OPINIÓN

Antonio, el abuelo del jugador Pedro Porro, con la medalla de Oro del Mundial en el homenaje que le le hizo el Ayuntamiento de Don Benito al futbolista
Antonio, el abuelo del jugador Pedro Porro, con la medalla de Oro del Mundial en el homenaje que le le hizo el Ayuntamiento de Don Benito al futbolista Carlos Criado | EUROPAPRESS

La resaca del Mundial nos ha dejado la emotiva imagen de Antonio, el abuelo de Pedro Porro, emocionado por la proeza de un nieto al que le ha dedicado todo su esfuerzo. Antonio lo llevaba en coche desde Don Benito a Vallecas, hacía los 300 kilómetros, y se quedaba a dormir dentro del vehículo mientras Pedro entrenaba con el Rayo porque no había dinero para pagar un hotel. Después, vuelta para Badajoz. Esas son nuestras superestrellas, porque la gente de esta selección está forjada en la humildad y no en el pijerío de tener todo hecho. La madre de Fabián era la encargada de limpiar los vestuarios del Betis, y fue ella quien se hizo cargo de sus tres hijos tras una separación que la llenó de carencias, pero ahí estuvo, y por eso su hijo le ha dedicado la medalla del Mundial con una frase: «Mamá, todo mereció la pena». Igual que el padre de Gavi, que fue camarero y trabajó en la lavandería del Betis mientras su mujer se dedicaba a las tareas de casa. La madre de Nico Williams, de Ghana, cruzó el Sáhara embarazada de su primer hijo y saltó la valla de Melilla para buscarse un futuro mejor después en Pamplona. La abuela de Lamine llegó sola en un autobús y su madre, que lo parió a los 16, trabajó diez años en una cadena de hamburgueserías para que Lamine saliese  adelante en Rocafonda. Todas sus historias vitales son así. Esas son nuestras superestrellas. Chavales criados en la necesidad y en la lucha por mejorar. Eso, y no el exceso, los ha hecho campeones.