Hombres blandengues

Fernanda Tabarés
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OPINIÓN

El secretario de la guerra de EE.UU posa con el primer ministro de Singapur
El secretario de la guerra de EE.UU posa con el primer ministro de Singapur Secretaría de Guerra de EE.UU | EFE

Entre los muchos mitos guerreros que marcaron nuestra infancia, el del irrefrenable ardor sexual de los quintos que debía ser doblegado con dosis ocultas de bromuro es uno de los más encantadores. Nunca se determinó el origen de la leyenda, pero en aquellas décadas sin ninguna ola feminista que llevarnos a la vida todo lo que reforzara el mundo machote circulaba a todo filispín, que dirían en Ferrol. Hace unos meses, apuntalaba el falso mito Karlos Arguiñano. Entre croqueta y croqueta, el cocinero le cascó a su hijo: «Como en la mili estábamos dos mil tíos con veinte años, al chusco le metían bromuro para que no se nos pusiera el aparato reproductor potente». La tal receta nunca existió, pero sirvió para darle vigor a un tipo de hombría desenfrenada que debía ser aplacada a base de polvos, en esta ocasión químicos.

Contrasta esa visión de una juventud a la fuerza salaz con las noticias que nos llegan de Usamérica, fuente inagotable de chaladuras desde que sus habitantes eligieron a Donald Trump para guiarlos en este valle de lágrimas. Veamos. Todos los soldados mayores de treinta años serán sometidos al test de las testosterona para ver cómo andan sus niveles de masculinidad y suplementarlos en caso de que los umbrales hormonales vayan flojetes. No ha trascendido qué sucederá con las mujeres ni con los soldados trans que ya se inyectan testosterona y que mantienen una batalla legal para evitar ser expulsados del Ejército, como determinó Trump cuando asumió el poder. Su ministro de Guerra defiende que hay una decadencia generacional de la virilidad que hay que atajar con inyecciones porque la pesadilla de Trump es un ejército de hombres blandengues con la agresividad de una nena. A ver si más que a Trump a quien necesitan por allí es al Fari.