La aplicación de la nueva ordenanza enfrenta a los residentes, que documentan las infracciones con fotos, y a los hosteleros, que se sienten perseguidos. El ayuntamiento asegura que las sanciones no han aumentado
03 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La nueva ordenanza para regular las terrazas en Oviedo ha cambiado las reglas para que los bares coloquen mesas en la calle, pero no ha servido para alcanzar la convivencia pacífica entre los vecinos y los hosteleros. Cinco meses después de la entrada en vigor de la normativa, elaborada por el PP antes de perder el gobierno y aplicada desde el pasado 1 de enero, el casco antiguo se ha convertido en un tablero de ajedrez en el que se juega una partida entre los residentes, que exigen el cumplimiento a rajatabla del texto, y los empresarios, que se sienten acosados por el activismo vecinal y sus frecuentes llamadas a la Policía Local para que los agentes comprueben al centímetro que los clientes no se salen un solo centímetro de las zonas acotadas. La asociación de vecinos del Antiguo reconoce que organiza patrullas de vigilancia y recomienda a sus miembros documentar con fotos las infracciones que encuentren para denunciarlas por los canales oficiales.
A pesar de los roces que esa situación genera en las relaciones personales, el Ayuntamiento asegura que en la mesa de seguimiento para evaluar los resultados de la ordenanza las diferencias entre las dos partes se debaten con respeto a las formas y que las sanciones no han aumentado desde enero. La prioridad del área de Urbanismo es acabar con las terrazas sin licencia que han funcionado hasta este año de manera ilegal. Del centenar detectado por los técnicos, solo nueve no han obedecido los requerimientos para darse de alta y han sido retiradas de las vías públicas por orden municipal. Pero esas decisiones, según recalca el concejal del ramo, Ignacio Fernández del Páramo, no tienen que ver de forma directa con las quejas vecinales, sino con la erradicación de la ocupación ilegal del espacio público y el final de las diferencias entre los hosteleros que incumplen las reglas y los que sí son respetuosos con la ley, pagan impuestos y solicitan permisos.
Del Páramo, conciliador, señala que cualquier ordenanza debe tener en cuenta intereses contrapuestos: la ocupación de las calles que solicitan los bares y el acceso a viviendas o garajes y el derecho a un sueño tranquilo que reclaman los vecinos. A su juicio, la normativa de Oviedo es equilibrada entre ambos extremos y se han detectado 28 posibles incumplimientos que aún no están resueltos. Pero, más allá de la posición del Ayuntamiento, lo que las reglas no garantizan es la superación de diferencias que vienen de antiguo. Muchos vecinos ven en la nueva regulación la oportunidad de corregir lo que perciben como «abusos y agravios de muchos años». «Hay apartados que deben cumplirse, pero algunos hosteleros no están por la labor, siguen con sus abusos y se creen inviolables y con derecho a avasallar a los demás», acusa Juan García, representante vecinal del Antiguo.
Horarios y espacios
Sus preocupaciones son el respeto a los horarios y a los espacios reservados. Los vecinos creen que el Ayuntamiento se ha tomado en serio las tareas de control y la aplicación de las normativa, pero apuntan a que el personal y los medios de la Policía Local son limitados y por eso han decidido contribuir con sus propias observaciones y fotografías. «Nos parece que el concejal ha entendido el apoyo unánime de la anterior corporación al texto y que la existencia de normas no es un invento de Oviedo, sino una exigencia de la Unión Europea que se aplica en toda España», añade García, partidario de la mano dura que se ha aplicado en Granada, donde una juez ha sentenciado a una pena de cárcel a un empresario por causar molestias a sus vecinos, o en Madrid, donde el control de los horarios es muy estricto.
En el otro lado de la controversia, los hosteleros se sienten perseguidos por nimiedades. En el Antiguo, algunos establecimientos ya ruegan a sus clientes que no se salgan de las marcas que limitan las terrazas tras recibir visitas de la Policía Local, alertada por llamadas vecinales, para comprobar al milímetro cualquier invasión de zonas no autorizadas. Un empresario ha explicado esta semana que espera alguna multa por ese motivo y su incomodidad por la vigilancia.
El concejal, por su parte, señala que en las cifras oficiales no se refleja ninguna persecución. Del Páramo ni siquiera cree que el Antiguo, ni ningún otro barrio, destaque como una parte especialmente conflictiva de la ciudad. «Hay barrios con más concentración de negocios y es lógico que ahí puedan darse más quejas, pero no veo ninguno que genere un volumen desproporcionado», apunta. Según los datos de mediados de mayo, los más recientes de los que dispone el Ayuntamiento, este año se han tramitado ya 533 expedientes para autorizar terrazas. De ellos se han denegado 43 autorizaciones que incumplían algún requisito técnico y otros 38 solicitantes han desistido porque no estaban al día en sus pagos de tasas e impuestos municipales, otra condición imprescindible. Con las solicitudes estacionales para el verano, Urbanismo espera que en los próximos meses funcionen 650 espacios para mesas en la calle en toda la ciudad.