Peregrinos del oviedismo

La peña Olivares, fundada en el 2014, ha llegado a los 300 socios impulsada por los desplazamientos que organiza y por su actividad desenfadada en las redes sociales

Imagen de la peña en una de sus actividades
Imagen de la peña en una de sus actividades

Redacción

Desde los altos de El Cristo, a la sombra de la Facultad de Medicina, se puede decir con propiedad que la peña Olivares baja al Tartiere los días de partido. Ahí, en el Bar Cafetus, en la zona alta de la ciudad, anida uno de los grupos más numerosos y fieles de aficionados del Real Oviedo, uno de esos que no teme ni las horas de autobús ni a los rivales para acometer viajes por media España sin más equipaje que la camiseta azul y la bandera del club. Son ya más de 300, tienen tantos socios en Grado y Castrillón que el Bar Camposol y Casa Topete son sus segundas sedes y sus miembros siguen al equipo Gran Bretaña, Francia, Italia, Argentina, Estados Unidos y, en un desafío a los husos horarios, Australia, donde un oviedista de Perth se mantiene al día de lo que se cuece al otro lado del mundo gracias al cordón umbilical que le une con la Olivares.

«Era una peña familiar, pequeña. Pero los viajes nos hicieron conocidos. Empezaron a unirse amigos y amigos de amigos y aquí estamos», resume la presidenta, María Álvarez. Se trata de una agrupación joven, nacida en el 2014, y nativa digital. Su actividad en las redes sociales es abundante y permite rastrear toda su intensa agenda de actividades: partidos, quedadas, presentaciones de libros, fiestas de aniversario. El grupo de whatsapp que une a todos los socios echa humo a cualquier hora. Los ex jugadores Juan Mata, Armando, Manzanín, Pompei y Alfredo Duro son socios de honor y Mata, además, ofició como padrino en la fundación de la peña. Hace unas semanas organizaron la presentación del libro de Tensi y tienen intención de seguir con ese tipo de actos en el futuro.

Días de convivencia

La peña es ya un grupo grande de amigos que no se separan en verano. Entre una temporada y otra se organizan jornadas de convivencia. Hace unos meses, la peña en masa se reunió para bajar el Sella en piragua. Quizá fue menos duro que algunos de los viajes. En lo que va de temporada, ya han visitado Madrid, para conocer el Wanda Metropolitano aprovechando el partido contra el Rayo Majadahonda, y La Coruña. Después de Navidad, ya está confirmado el desplazamiento a Almendralejo y, si las fechas cuadran, también habrá presencia de la peña Olivares en Málaga o Granada. «Nos matan los horarios. Porque a veces el fútbol acaba muy tarde un domingo y el lunes hay que trabajar y porque los días de los partidos no se anuncian con suficiente antelación», se queja la presidenta.

Cuando la peña no viaja, hay quien queda para ver en grupo el partido, aunque a veces da pereza salir.«Más o menos todo el mundo puede verlo también en su casa y no siempre nos juntamos. Pero el móvil no para con lo comentarios», explica la presidenta. Cuando el equipo juega en casa, tan cerca del Cafetus, el plan depende de la hora del partido. Si cuadra bien, hay comida en el Cafetus y descenso en común hacia el Tartiere. En la semana anterior al derbi, cuando se cerró este texto, el plan era definitivamente ese, aunque la hora del encuentro con el Sporting apuntase a una sobremesa larga: cita en el Cafetus, paseo hasta el campo y espera para recibir al autobús del equipo.«Ya fue muy guapo el año pasado», recuerda Álvarez. La peña se ha sumado con calor a la iniciativa #Micasaesazul, que ha inundado las redes sociales de fotos de hogares asturianos (y mundiales) decorados con símbolos del oviedismo. Aún no se ha inventado una excusa mejor para disfrutar de los fines de semana entre amigos.

           

           

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