Cierra el último café clásico de Oviedo

El Dólar bajará la persiona el sábado tras la jubilación de su propietario, Alfonso Rodríguez

Alfonso Rodríguez posa detrás de la barra del café El Dólar
Alfonso Rodríguez posa detrás de la barra del café El Dólar

Hubiera preferido que no se supiera hasta el último momento pero en el Oviedín las buenas y las malas noticias corren como la pólvora. Alfonso Rodríguez se jubila y baja la persona del último café clásico de Oviedo, El Dólar. El negocio inaugurado en 1895 llegó en los años 60 a manos de la familia de Alfonso no tiene ningún heredero al que dejarlo. Así que el sábado entregará las llaves al propietario y dejará sitio para el siguiente. Asegura que no siete pena, aunque los amigos que lo acompañan creen que es más fachada que realidad. Pero también saben que nunca lo reconocerá en público.

«Tengo 65 años y medio, ya he trabajado varios meses de más», explica en la mañana de la Nochebuena, con la terraza vacía pero ya montada y cuatro mesas ocupada por clientes. Muchos, ya al corriente de la noticia, se acercan a preguntarle. «Dicen que sienten pena algunos que ni paran por aquí desde hace tiempo», señala con un regusto amargo de ironía. Alfonso no es de despedidas así que teme que la semana se le haga larga. 

En estas décadas de gestión, desde que su padre, Manuel Rodríguez, cogió el negocio en 1962, ha pasado por buenos y malos momentos, ha atendido a muchos clientes fieles, se ha consolidado como punto de encuentro de profesionales de la Universidad, abogados, jueces, procuradores y funcionarios del cercano Tribunal Superior de Justicia (TSJA) y se ha convertido en un clásico ovetense. Su terraza se llena incluso en invierno, sobre todo en las horas centrales del día, cuando el sol le regala temperatura y luz directa. En el interior, la decoración recuerda que es un negocio con 123 años de historia. Ese sabor clásico tiene una manos más reciente, la del propio Alfonso, que acometió una reforma hace casi tres décadas.

En esos 123 años El Dólar no siempre fue El Dólar. Primero fue Casa de Marica Uría. No recibió su nombre actual hasta mediados del siglo 20. De hecho, antes que café fue casa de comidas. Además, en esa trayectoria centenaria hay un vacío. Son los años en los que estuvo cerrado durante la Guerra Civil.

La plaza Porlier está en una nueva juventud, con la apertura de negocios que le han dado vida. Pero Alfonso está cansado. Hay muchas barreras que sortear, la última: el cambio en la normativa de terrazas que, asegura, le perjudicó. En los próximos días tendrá que apurar las lasrgas y reposadas charlas y las tertulias con los clientes habituales, esos que no han fallado nunca, y también con los curiosos que quizá pasen por primera vez, antes de que cierre definitivamente el último café clásico de Oviedo.

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