Viajar a Venecia o ir al teatro sin moverte de la silla: SACO te sumerge en la realidad virtual

La Semana del Audiovisual Contemporáneo incorpora una gran novedad, la inmersión en la película gracias a las gafas de RV, que se puede disfrutar en el patio del Ridea

Inmersión en la realidad virtual, una actividad de SACO en el patio del Ridea
Inmersión en la realidad virtual, una actividad de SACO en el patio del Ridea

Redacción

La V Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) ya ha comenzado con numerosas actividades, que se prolongarán hasta el 17 de marzo. Un festival que los ovetenses, tanto pequeños como adultos, esperan con ansia gracias a la amplia programación cultural que ofrecen cada año. El festival, que está organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, incluye cuatro premières en su sección laMESTA: El gabinete del doctor Caligari, musicado por Cabinet Quartet; el espectáculo Improvisión III -Sala de Espera-; el audiodrama El hombre del SACO y El Mago de Hoz, y la instalación El sonido del arte. Además, la edición de este año, incorpora una gran novedad, la introducción de la realidad virtual, una actividad que permitirá a los espectadores sumergirse en el corazón de las películas programadas y, sobre todo y lo más importante, en la cultura.

La experiencia comienza nada más que cruzas la puerta del Ridea. Allí, Juana Marrón y Silver BG, que trabajan como auxiliares de producción, esperan sonrientes a un público que según afirman abarca todas las edades y tiene muchas ganas de descubrir. En ese espacio diáfano, cinco sillas con ruedas, gafas y cascos provistos para el disfrute de la experiencia 360 grados. Así es como se vive la realidad virtual, un conjunto de tecnologías que dan al espectador la impresión de estar inmerso en entornos reales o imaginarios, tal y como explican con un cartel informativo, para los más despistados: «Es un juego de percepción e interacción».

La imagen ya no es la que se conoce, la de la pantalla en frente al espectador, sino que le envuelve. El público está inmerso en una realidad de 360 grados, en la que puede girarse sobre sí mismo, alzar la vista o mirar al suelo sin salir de la película. Acompañado de unos cascos que ayudan a viajar por infinitos espacios sin moverse del Ridea. Esto es lo que SACO quiere que el público, tanto adulto como infantil, descubra este año, gracias a la colaboración del prestigioso Festival Internacional de Clermont-Ferrand.

El horario es de doce a dos del mediodía, y de cinco a ocho de la tarde, y se reparte por grupos de cinco personas cada media hora. «Desde el domingo pasado que empezamos, todos los turnos han estado llenos. Más o menos han pasado por aquí unas 50 personas y todo el mundo se queda alucinado», explica Marrón, y añade que la intención de que el número de visitantes sea reducida es para dar un servicio más personal y estar pendientes en todo momento del espectador. «Al final queremos ofrecer un trato humanizado y analógico, por así decirlo mientras se experimenta con la tecnología», afirma Silver.

El evento ha tenido una gran acogida en grandes y pequeños (desde los 10 años) que pueden disfrutar de hasta tres visualizaciones, lo recomendable para el primer contacto con la realidad virtual. El contenido cultural es inabarcable, y se puede viajar hasta Venecia para dar un paseo en góndola, hasta un teatro en el que se es partícipe de un espectáculo de danza. «Intentamos ajustar el visionado a la persona que viene, en base a su edad y su perfil, porque no olvidemos que es una introducción a esta tecnología y no queremos que nadie se abrume. La suerte es que la oferta cultural es muy extensa, hay incontables películas», afirma Juana. 

Las sensaciones del espectador

En el patio del Ridea, una familia de tres miembros, junto a otros dos espectadores, exploraba la realidad virtual. Al acabar su experiencia, una vez desprovistos de las gafas y de vuelta al mundo real, sus caras eran de satisfacción y algo de mareo. «Es la primera vez que lo pruebo y ha sido increíble, te sientes en la película. Lo recomiendo mucho», explica Pascal Avit, que llegó acompañado de su mujer y su hijo. Admite que se ha quedado con las ganas de ver una película tradicional más larga para experimentar qué sentimientos y sensaciones le puede despertar: «Lo más bonito sería ver un concierto y viajar por el mundo descubriendo paisajes».  Su hijo, Mateo Avit, cuenta que, al buscar el movimiento con la silla giratoria «se mareó un poco al pincipio, pero que ha merecido la pena y volvería a repetir sin ninguna duda».

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