«Con cinco minutos de consulta en el urólogo puedes alargar la vida de un paciente unos cuantos años»

El urólogo asturiano Luis Busto Castañón admite que su seriedad le impide interesarse por la política y muestra su pasión por la vida campestre, las aves y la caza


Redacción

El doctor Luis Busto (Olloniego, Oviedo, 1950) parece uno de esos tipos serios que están deseando no serlo. Desde luego, se ocupa de cosas muy serias y seguramente lo hace con el mismo rigor que transmite en la conversación. Lleva haciéndolo casi toda la vida. En su escueta consulta del hospital Modelo cuenta que conserva sus amigos de siempre, su novia de la universidad, la profesión que siempre deseó... Sin duda, un hombre de afectos sólidos y profundos.

-No se jubila...

-No. Sigo trabajando aquí y en la consulta de Maestro Mateo, en A Coruña. He trabajado toda mi vida, no menos de doce horas diarias y, desde que acabé la residencia, no he cogido un mes de vacaciones entero.

-Hay quien opina que esto es como la bici, que si dejas de pedalear, te caes.

-Bueno, algo hay que hacer. Sobre todo si te gusta el trabajo que libremente elegiste. Yo elegí la medicina porque me apetecía ser médico. Empecé la carrera en 1968 en Valladolid...

-Años efervescentes. ¿También hubo un mayo vallisoletano?

-Lo hubo, claro. Fue general en España. Yo creo que fue para muchos un descubrimiento de la cultura, del sexo... de muchas cosas. Fueron unos buenos años. Algunas que otras gamberradas hacíamos.

-Cuente alguna.

-No, no. No se pueden contar. La gente no las creería, ja, ja. Eran gamberradas buenas, eso lo puedo decir.

-Hablemos un poco de trabajo, ¿todavía cuesta ir a ver al urólogo?

-No, la gente está bastante mentalizada de que, a partir de los 50, hay que mirarse la próstata. En los hombres es el cáncer más prevalente que hay. Con cinco minutos de consulta puedes alargar la vida de un paciente unos cuantos años.

-Lo habrá hecho muchas veces.

-A lo largo de mi vida profesional habré visto a unos 80.000 pacientes.

-Pero ahora opera con robot.

-El robot Da Vinci lleva ya 20 años en el mercado, otra cosa es que la sanidad pública no lo tenga aquí en Galicia. Pero el robot no sustituye al cirujano, lo ayuda. Operas más relajado, porque estás sentado y tienes visión en tres dimensiones. Es un gran avance. En el País Vasco, la sanidad pública tiene siete.

-Y ese miedo al tacto rectal, ¿es una leyenda?

-Totalmente. Alguno muestra algo de vergüenza pero, como se suele decir, más vale meter el dedo que meter la pata.

-Los urólogos van sobrados de anécdotas, pero cuentan pocas.

-Yo conozco muchas, claro, pero no me gusta comentarlas porque el paciente, aunque no digas quién es, puede sentirse reconocido y ofendido.

-Cuando no trabaja ¿qué le gusta hacer?

-Me gusta el campo. Soy un enamorado. Y de los animales. Y, póngalo en minúsculas, me gusta ir a cazar. Fue mi pasión.

-Ya. No está muy bien visto últimamente.

-Hay cosas peores. Yo todas las mañanas doy de comer a los pájaros que hay cerca de mi casa. Vienen mirlos, gorriones... Tengo un espíritu muy conservador de los animales. [Suena el trino de un pájaro en la consulta. El doctor aclara que es un aviso del móvil].

-¿Dónde caza?

-En Castilla, Ciudad Real, a veces, aunque cada vez voy menos y cada vez vamos más a no cazar. Se trata de vernos amigos que lo somos de toda la vida.

-¿También pesca?

-Hace treinta años que no. La culpa no ha sido de los pescadores, sino de toda la contaminación que tienen los ríos. Lo que sí me gusta es leer, sobre África, por ejemplo, me apasiona. Ahora voy a ir a Namibia.

-Fue presidente del Centro Asturiano. ¿Gallegos y asturianos, primos hermanos?

-Yo creo que sí, nos hemos llevado bien. Cuando era presidente, un 25 % de los que estaban apuntados, eran gallegos.

-¿Sabría hacer una fabada?

-No, no. No practico la cocina. Nunca he sentido esa pulsión.

-¿Y qué tal se le da escanciar?

-Bien. Tengo un hermano en Asturias que hace sidra.

-¿Redes sociales?

-Lo justito. No me gusta divulgar mi vida ni la de los demás. Fui urólogo del Dépor y nunca se me ocurrió comentar nada.

-¿Le interesa la política?

-No me gusta. Soy muy serio para interesarme por la política.

-Defínase en pocas palabras.

-Serio, humano, buen amigo y trato de ser buen profesional.

-¿Cuántos hijos tiene?

-Uno y está en Frankfurt.

-¿Nietos?

-No. No los echo de menos. Tal vez mi mujer sí. Pero yo no.

-¿Algún lugar donde se encuentre especialmente a gusto?

-Tengo muchos, todos relacionados con el campo. Olmillos, en Burgos, por ejemplo. También Hamburgo, donde residen dos de las personas que más quiero en el mundo

-Una canción.

-Aline, de Christophe.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La familia, en primer lugar. Quizás después el trabajo y la amistad. Eso es muy importante. Yo tengo los mismos amigos que tenía hace 40 años.

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