La Corredoria alcanza la madurez y conquista la autosuficiencia

La zona más poblada de Oviedo hace su vida al margen de centro salvo para «realizar cosas muy concretas». El barrio concentra buena parte del crecimiento de la ciudad con nuevas promociones de viviendas que atraen vecinos


Redacción

Quedan muchos que aún recuerdan cuando la zona era poco más que una carretera de paso y puñado de casas. Ya les superan, no obstante, quienes vieron levantarse los primeros bloques, conectados por caleyas con la general y unas pocas naves instaladas en la zona. Pero empiezan a ser mayoría quienes llegaron a La Corredoria cuando ya se había convertido en un gran espacio residencial que no deja de crecer. En el año 2.000 vivían en el barrio unos seis millares de personas que se han multiplicado hasta las casi 20.000 actuales. Un «boom» que ha aupado la zona al primer puesto de las más pobladas del concejo. 

Además, buena parte de la actividad constructora está concentrada en esta parte de la ciudad, por lo que todo apunta a que la tendencia seguirá al alza durante los próximos años. Por el momento, La Corredoria ha alcanzado la madurez y se ha vuelto autosuficiente. Un barrio que presume de contar con todo lo que necesitan sus vecinos.

«No necesitas subir al centro a nada», asegura Patricia Alcalde mientras pasea por una zona en la que solo el 9,61% de la población tiene más de 65 años. Un oasis de natalidad en una Asturias cada vez más envejecida. «Hay muchos matrimonios jóvenes con hijos de la edad de mi niña, así que hacemos vida aquí y nos movemos para cosas muy concretas», dice mientras sujeta a la pequeña Covadonga Díaz en brazos.

Señala con las manos a las grúas que se ven más allá del piso de nueva construcción al que se mudó en 2016, al lado del polideportivo conocido como Corredoria Arena. Y certifica que el crecimiento, que se ralentizó con la crisis del ladrillo, está en marcha de nuevo: «Hubo un parón pero ya vuelve a haber mucha nueva construcción que atrae a mucha gente de otras partes de la ciudad».

A unos cientos de metros pasea María Da Costa, que comparte su mensaje optimista. Llegó hace dos décadas, cuando «apenas había un par de edificios» en la Plaza de Cuatro Caños, por la que camina recordando cómo era aquello entonces. «Aún conserva ese ambiente familiar, como si esto fuera un pueblo», comenta esta portuguesa de nacimiento, que tiene tres hijos en la ciudad y otros tres en su país natal.

Ella y su marido, dice, se encuentran «muy a gusto» y no piensan en ir a ninguna parte. «Este es el mejor barrio de Oviedo», sentencia María Da Costa mientras se dirige al Centro Social El Cortijo, que se ve desde la plaza. Un lugar muy frecuentado por los niños, sobre todo durante el verano por el reclamo de la piscina, que atrae incluso vecinos de otros barrios. 

Entre ellos a Luis Osorio, que se acerca todo el verano cuando su madre no tiene que trabajar. «La gente aquí es muy agradable», dice Cefora Libia mientras se toma un descanso y un helado con su hijo tras darse un baño. 

En el Centro Social, sin embargo, son los mayores los que hacen un uso más intensivo de las instalaciones. En una de las salas del edificio que alberga también la cafetería juegan a las cartas Enrique González, Benemérito Fernández y Agustín Ramírez. Este último vive en la Avenida del Mar pero no perdona la partida en El Cortijo. «Vengo a enseñarles a estos a jugar», dice mientras se reparten los naipes. 

«Venimos a jugar todos los días menos los domingos. Y porque no nos abre la puerta», explica Enrique González mientras recuerda cómo ha cambiado un barrio en el que «cada vez se han ido construyendo más bloques». Josefa Lobeto, que no juega pero sigue con atención  la partida confirma que a pesar del crecimiento La Corredoria ha logrado mantener su ambiente cercano para que todo el mundo se sienta incluido. «Aquí estamos muy bien», sentencia.

En torno a la partida de cartas se habla también de la madurez de un barrio en el que hay de todo y en el que, con el paso del tiempo, se han multiplicado los equipamientos. Además del centro social, la biblioteca, el parque y la piscina de El Cortijo, el barrio cuenta con todos los imprescindibles. El mayor centro de salud de Oviedo, varios pabellones y pistas polideportivas, un complejo de empresas punteras del sector de la salud, un centro de forma ocupacional, campos de fútbol y comunicaciones con la AS-II ?en estos momentos en obras- y otras grandes vías. 

Además, la Plaza del Conceyín, en la que se realizan las fiestas del barrio, alberga del año numerosos acontecimientos como el Antroxu y la Feria de la Cerveza. Eventos que dan ritmo una de las zonas  con más actividad de la ciudad.

Un instituto que no llega

Para dar respuesta a la alta natalidad, La Corredoria tiene tres colegios. Pero solo un centro de educación secundaria. Esa es una de las principales carencias. «Necesitamos un nuevo instituto», cuenta Pedro Carreño mientras hace una pausa de su trabajo en un taller del barrio. Mientras se toma algo en el bar de Antonio Cuesta, que atiende desde detrás de la barra, relata esa como su primera petición para el barrio.

El equipamiento fue prometido por primera vez en 2010, cuando era consejero de Educación el socialista José Luis Iglesias Riopedre. Y ha ido acumulando retrasos desde entonces a pesar de las reivindicaciones y manifestaciones vecinales. La demora ha provocado la saturación del único instituto del barrio, que cuenta con 600 plazas. Insuficientes para los más de 800 alumnos que alberga ya. Y los que están por venir. De ahí el enfado de un barrio que no quiere a sus adolescentes hacinados en un único centro.

«Por las mañanas, en época escolar, los niños son una marea por las calles», añade Antonio Cuesta a la conversación que tiene lugar en su cafetería. Coincide con que el barrio «ha mejorado mucho» desde que era poco más que praos, la Plaza de Cuatro Caños y algunos bloques de viviendas posteriores, como los de La Carisa. 

Asiente, asimismo, mientras Pedro Carreño repasa otras carencias: «La parte más nueva (Prados de La Vega, la zona más cercana al HUCA) aún no tiene apenas comercios y queremos que terminen ya la Plaza de Abastos». Este último proyecto lleva años encallado para frustración de los vecinos.

«Y tampoco estaría mal que hubiese más seguridad para evitar robos y otros problemas», añade Alejandra Martínez al incorporarse a la conversación.

Mejoras para un barrio que comenzó siendo una parada en la carretera que iba a Gijón y fue creciendo a un ritmo muy alto desde los años 80. Hasta fundirse con la capital de Asturias. La Corredoria, no obstante, ha alcanzado ahora su madurez y se vale por sí misma para dar a sus vecinos todo lo que necesitan sin depender del centro de Oviedo. Y sigue creciendo.

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