«Está claro que la idea triunfa, pero muchas instalaciones están tan llenas que es imposible ver nada. Yo no espero colas, me jode, luego, el resto del año, los museos están llenos y a los actos culturales siempre van, vamos, los mismos. Ojalá que esto sirva para fomentar el amor a la cultura, y que la gente pague por ella, que es muy importante. Los artistas y creadores, aunque se piense que no, también tienen que vivir», esto me lo dijo un amigo. Un señor, dejémoslo en hombre, no se vaya a enfadar cuando me lea, artista ocasional, cuando me lo crucé la noche del sábado en la calle Martínez Vigil. Me insistió en que no le citase, «no quiero malos rollos ni líos con nadie»; y yo le respeto, que tampoco quiero problemas entre los míos.

La Noche Blanca ovetense ha sido un éxito, cada año ha ido a más, y lo de esta séptima edición rompió todos los moldes. Fueron un total de sesenta y dos actividades en treinta y seis localizaciones distintas: unas mejores y otras peores, unas necesarias y otras no tantas, unas grano y otras paja. La Ruta de La Revolución del 34 sigue siendo aclamada año tras año, y no sé por qué no se fija como ruta turística de referencia en la ciudad, es maravillosa y necesaria. Las Pelayas, el concierto en La Catedral y La Vega también triunfaron desbordando todas las previsiones. Sin olvidarme de los niños, que yo sí pienso en ellos, no me vaya a salir nadie como Helen Lovejoy, la mujer del reverendo de Los Simpson; pues los críos se lo pasaron en grande, o eso me cuentan muchos de los que llevaron el sábado por la tarde a sus retoños al Campoamor. Sin olvidar lo de Manu y Edu en la Universidad, me quito el sombrero ante ellos: siempre en mi equipo, siempre buenos.

Una noche muy buena, para recordar, donde el arte y la cultura asaltan las calles, toman el mando de la ciudad, y nos muestran lo bueno que tenemos. Mi máxima enhorabuena y cariño a José Castellano y su labor, su esfuerzo y empeño se notan y agradecen: gracias Jose. Pero, es cierto, que las largas colas hicieron que muchos abandonaran su empeño de participar y observar las diferentes actividades. ¿Morirá de éxito La Noche Blanca?, me hago esta pregunta desde el pasado fin de semana. Cuántos casos así hemos visto, en todos los ámbitos, a lo largo de nuestra vida. Y espero que todas estas iniciativas inculquen el amor al arte, a la cultura en general, pero no de forma gratuita. Para tener hay que pagar, y esto es así en todo; y cuando uno paga es cuando pone algo en valor, quizá sea triste, pero es la realidad. La cultura gratuita suele estar más cerca de la propaganda que de otra cosa, por la cultura se debe pagar al igual que se paga por una cerveza. Toda esa gente que abarrota las calles en La Noche Blanca espero que no se olviden de las librerías, las galerías de arte, los conciertos, las ferias. Todos esos sitios donde la gente come del arte y la cultura, porque sí, también comen.

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¿Morir de éxito?