«Las noches en la Herradura de Oviedo eran como el Florida Park de Madrid»

Alfonso Aguirre y César González son amigos y vecinos. Destacan de Oviedo su seguridad, la solidaridad de sus gentes y lo cómoda que resulta para vivir

Alfonso Aguirre y César González
Alfonso Aguirre y César González

Oviedo

Sienten debilidad por Oviedo. Es su casa, donde viven, donde se han criado y de la que disfrutan cada día. Entre sidras y risas comparten recuerdos de su ciudad, esa que les unió hace más de tres décadas, primero por azar y más tarde por cuestiones de amor. Alfonso Aguirre y César González son amigos y residentes en uno de los barrios que, como tantos otros, cedió sus prados al ladrillo allá por los 90, pero que supo hacerlo sin perder su identidad. A sus 64 años, César González lleva años al frente de la Asociación Villafría- Fuente Pelayo defendiendo los intereses de los vecinos de Villafría, y Alfonso Aguirre (que también es socio) se mete estos días en su papel más mediático. Cuando se acerca el verano es un clásico: se deja bigote para convertirse en Mateín y dejarse llevar por los selfi que le reclaman en las fiestas de su ciudad.

Son muchos los que se dirigen a él por el nombre de la figura mateína.  «Oviedo tiene rincones muy guapos, es una ciudad muy tranquila», explica. Estos días le va a tocar pasearla. «Sería mejor si no tuviera tantas cuestas», ríe. Hace una mayoría de edad que cruzó la frontera psicológica, como bromea su amigo César, al otro lado del puente de San Lázaro. «Dejaba a su novia que vivía en la zona y él volvía para su casa. Aquí no les dejábamos pasar», relata. Cuando se casó ya se asentó en el barrio. «Vivía en La Argañosa. Para bajar desde allí hasta la plaza de toros atravesábamos prados», recuerda. A González y Aguirre les gusta hablar del Oviedo de antes. Recuerda cuando se ‘bajaba’ a Oviedo, al mercado del Fontán, a vender leche y la cosecha, y a la ruta de los Vinos, que por aquel entonces tenía otra ubicación y otros bares. «Soy muy de Oviedo. De hecho trabajaba en Avilés y nunca pensé en mudarme. Es una ciudad encantadora», cuenta César González.

Son amigos y se nota. No les falta tema de conversación. Ahora que los ovetenses vibran con sus fiestas, recuerdan cómo eran los festejos antaño. Aquellos bailes interminables en La Herradura y los conciertos de, por aquel entonces, eran los músicos del momento. «Era como el Florida Park de Madrid. Venían  artistas de la talla de Tony Ronald, Rafael, Cecilia… », relatan con añoranza. Y es que aunque coinciden en que el ritmo de la ciudad y ella, en sí misma, es distinta y ha evolucionado destacan la «solidaridad de sus gentes, la relación humana entre los ovetenses», «su seguridad» y lo «cómoda que es para vivir, con unos rincones muy guapos y donde puede ir caminando a todos los sitios».

No solo alaban su gastronomía, destacan de su ciudad el trato de sus gentes. «Somos muy abiertos. Nos gusta atener al turista, hablar, compartir…», explican entre culete de sidra y pinchín. De hecho, cuentan que Oviedo era antes más de vinos y tenían por costumbre colgar una rama de laurel los locales cuando llegaba una nueva cosecha. La noche ovetense también era distinta. «Prácticamente salíamos todos los días en la época universitaria. Siempre había ambiente», explica Aguirre que quería ser periodista, pero que acabó estudiando historia y dedicándose a la interpretación. «Me encanta el Parque de San Francisco. Todos los días lo atravesaba para ir a la facultad. Pasaba siempre por delante de la placa en homenaje al poeta Alfonso Camín», y lo relataba…«Si soy el roble con el viento en guerra, ¿cómo viví con la raíz ausente?, ¿cómo se puede florecer sin tierra?...».

No es el único balón de oxígeno de Oviedo. Hablan también del Parque de Invierno, de sus rutas, «puedes llegar caminando hasta Las Caldas, hasta Trubia… está muy bien». Y ponen en valor la zona rural de Oviedo. «Somos unos privilegiados», explican. De la zona rural, de San Esteban de las Cruces se trasladó César González hasta la capital hace ahora 55 años. «Llegué con 9 años, estudié en el antiguo Hispania que ahora es el Colegio de Arquitectos. Me casé aquí. Llevo toda mi vida aquí. Cuando yo llegué a Villafría era todo prados», recuerda. Por aquella época bajar a Oviedo era ir al centro, los barrios eran las afueras. Hoy es una ciudad que ha sabido crecer. Que lo ha hecho sin perder, sobre todo, el buen talante de los ovetenses y conservando parte de su historia, como los comercios. También supo conquistar el turismo. «Hace dos décadas en agosto se quedaba vacío. No había nada. Y eso ahora no es así», explica Aguirre. Como todo, cree que está bien crecer sin llegar a que suponga un problema como ocurre en grandes ciudades. Oviedo supo poner en valor su cultura, que encendió la mecha para atraer turismo. «Nuestros museos son gratuitos, tenemos exposiciones magníficas como la que he visto de Severo Ochoa, contamos con una excelente historia de la ciudad…Oviedo gusta mucho a todo el que la visita», cuenta César González orgulloso. Lleva años pelando por mejorar la zona en la que reside. De hecho, aprovecha este reportaje para dar un tirón de orejas al actual equipo de gobierno.

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