Siete segundos. Fue el tiempo que el proyectil tardó en llegar desde la boca del cañón hasta la portada de la basílica de San Juan El Real, en pleno centro de Oviedo. De haber estallado, habría causado un considerable daño. No lo hizo, pero se incrustó en la piedra y ha permanecido en ese mismo punto durante 83 inviernos, desde la Guerra Civil. Muchos edificios de la capital asturiana aún conservan las cicatrices de la contienda, pero las de San Juan y la iglesia de San Pedro de los Arcos son singulares.

El proyectil de San Juan, visto desde la calle y con buen ojo, es un cilindro torcido que asoma de la fachada, un par de metros por debajo del ángel derecho de los dos que tocan la cruz, en el remate central. Está protegido de la lluvia por la cornisa; quizá por eso no se ha oxidado tanto como cabría esperar.

Sería necesario verlo de cerca para no equivocarse, pero para Artemio Mortera, experto en armamento y fortificaciones de la Guerra Civil, «casi con certeza» y tras examinar una foto ampliada, se trata del proyectil de un cañón Krupp de 77 milímetros, por las ranuras que presenta en la base. «Para poder asegurarlo, habría que medirlo y contar las estrías que, al dispararlo, se marcaron en la banda de forzamiento», subraya.

Los republicanos emplearon en el frente de Oviedo cañones alemanes de este tipo (77/24 C.96nA, corto y 77/32 FK.16, largo), «lo que confirmaría la posibilidad y aseguraría que el proyectil corresponde a la Guerra Civil y no a la revolución del 34», concluye Mortera. Tras estudiar el mapa y la orientación de San Juan, Mortera cree probable que el disparo se hiciera desde El Cristo, «donde estaba emplazada la 9ª Batería Ligera, de cañones de 77/32, adscrita a la 9ª Brigada». A unos 2,2 kilómetros de su objetivo, la bomba voló a 300 metros por segundo: un siniestro viaje de 7 segundos.

Las posibles trayectorias del proyectil clavado en la fachada de San Pedro de los Arcos, en Oviedo. Los republicanos tenían cañones Krupp 77 en El Cristo (izquierda) y La Manjoya (derecha)
Las posibles trayectorias del proyectil clavado en la fachada de San Pedro de los Arcos, en Oviedo. Los republicanos tenían cañones Krupp 77 en El Cristo (izquierda) y La Manjoya (derecha)

La alternativa, «aunque la creo más improbable por la inclinación del proyectil, podría ser que lo hubiera disparado la 1ª Batería Ligera, de cañones de 77/24, que estaba emplazada en La Manjoya, dependiente de la 8ª Brigada», explica el experto.

Mejor no tocar

Para Artemio Mortera, es posible que el proyectil de San Juan aún tenga carga activa (y por tanto pueda ser peligroso si se toca) y que la espoleta fallara, «lo que era muy habitual» durante la guerra.

De hecho, en la revolución del 34, los mineros tomaron de la fábrica de Trubia obuses vacíos que incluso llegaron a cargar con cartuchos de dinamita (hasta que uno de ellos estalló en el cañón). Pero en la Guerra Civil simplemente no explotaban. «A veces, en uno y otro bando acusaban a los obreros de sabotaje, real o imaginado y alguien lo pagaba muy caro», explica Artermio Mortera.

Postales dramáticas desde San Pedro

La iglesia de San Pedro de los Arcos también muestra cicatrices de la contienda. En los contrafuertes del lateral derecho se ven perfectamente dos proyectiles de gran calibre incrustados, mientras que en frontal quedan en la piedra por lo menos media docena de grandes agujeros de impactos. Los gruesos sillares aguantaron la embestida, pero sin duda alguno debió de colarse por los ventanales y causar más de un destrozo.

La iglesia de San Pedro de los Arcos de Oviedo, en octubre de 1937. Se observan los graves daños que sufrió, al ser un enclave estratégico para ambos bandos
La iglesia de San Pedro de los Arcos de Oviedo, en octubre de 1937. Se observan los graves daños que sufrió, al ser un enclave estratégico para ambos bandos

Por la orientación de este templo, sin embargo, los disparos provienen de otra parte que los que impactaron en la basílica del centro. La fachada de San Pedro da hacia el este con una ligera inclinación al sur, de modo que las baterías estaban emplazadas en una posición al oeste, seguramente fueron las de Sograndio, a 6,5 kilómetros de allí, donde también quedan algunos vestigios de las posiciones republicanas.

El lugar fue un emplazamiento clave por su altura sobre Oviedo y su dominio de toda la zona sur hasta la carretera a León, así que frecuentemente fue blanco de los cañones y escenario de durísimos enfrentamientos. El cementerio, defendido por guardias civiles y voluntarios del bando franquista al principio y luego posición republicana cuando el cerco se estrechó sobre la ciudad, resultó destruido como consecuencia de los combates. No obstante, siguió utilizándose hasta 1956 y finalmente fue trasladado en 1968. Ese lugar lo ocupa hoy un aparcamiento y las canchas del colegio público San Pedro de los Arcos, cuyo edificio se inauguró un año antes.

Voluntarios y guardias civiles defienden la posición de San Pedro de los Arcos de Oviedo durante la Guerra Civil. El cementerio, desde donde disparan, quedó parcialmente destruido durante los combates
Voluntarios y guardias civiles defienden la posición de San Pedro de los Arcos de Oviedo durante la Guerra Civil. El cementerio, desde donde disparan, quedó parcialmente destruido durante los combates

Las huellas de la guerra, sin embargo, son desde luego mucho más amplias pese a todo lo que el tiempo y la desidia han borrado. Hace unos años, un catálogo encargado por el Principado recogía, solo en el concejo de Oviedo, al menos 150 restos de emplazamientos militares de la Guerra Civil. Había muchos más, claro está, pero fueron destruidos generalmente por obras de edificación, según lleva años denunciando ARAMA. Otros resisten y recuerdan un pasado no tan lejano.

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