Por qué Oviedo no se pudo librar de un militar pronazi en su callejero

El motivo por el que los tribunales tumbaron la «destitución» de la calle del general Yagüe, admirador del jerarca alemán Hermann Göring

El general Juan Yagüe saluda a Adolf Hitler durante una visita del militar español a Berlín a 1939. Yagüe quedó deslumbrado por la Luftwaffe nazi y quiso imitar su organización en España
El general Juan Yagüe saluda a Adolf Hitler durante una visita del militar español a Berlín a 1939. Yagüe quedó deslumbrado por la Luftwaffe nazi y quiso imitar su organización en España

La postura de Juan Yagüe respecto a Franco fue, al igual que la de otros militares del bando sublevado, cuando menos cambiante. De apoyar con entusiasmo (real o fingido) al dictador, compañero de promoción en África, a conspirar una vez que sus aspiraciones no se veían colmadas. Sin embargo, su nombre se mantuvo en una calle ovetense tanto en la República como durante la guerra, la posguerra, en el franquismo, la transición y la democracia. Hasta la actualidad, durante 85 años, menos un breve periodo de tiempo.

El anterior gobierno municipal del alcalde socialista Wenceslao López quiso aplicar la Ley de Memoria Histórica para eliminar el homenaje a Yagüe y lo hizo, pero había un problema: el nombre se asignó antes de la Guerra Civil. Tras una denuncia y un largo periplo judicial, el TSJA obligó a devolver la nominación del general. Dura lex, sed lex. Es curioso, sin embargo, que un monumento que lo homenajeaba en su pueblo natal sí fue demolido en 2009.

El motivo es simple y a la vez complejo. La Hermandad de Defensores de Oviedo, que elevó el caso a tribunales, señalaba que la calle se le había dado a Yagüe antes de la guerra por su «defensa de la República» al reprimir la revolución del 34. Es cierto. Fue nombrado hijo adoptivo de la ciudad por el alcalde  Francisco González Castañón en 1934, en reconocimiento a haberse aplicado con entusiasmo letal a la tarea. Llegó incluso a enfrentarse con el arma a su superior, el general López Ochoa, al que consideraba demasiado blando.

Sin embargo, en 1934 Yagüe no era general sino teniente coronel, por lo que el cargo que figura en la calle debió de añadírsele años más tarde. Así que, de hecho, la vía se renombró durante el franquismo, por lo que el contexto sería en realidad la posguerra y un reconocimiento a su apoyo al régimen más que a su labor contrarrevolucionaria.

Yagüe (San Leonardo, Soria, 1891 ? Burgos, 1952) fue un militar controvertido, falangista acérrimo. Jugó un papel importante en la sublevación militar contra la República y durante la guerra participó en campañas decisivas, a menudo con una determinación más que notable, entre ellas la del Ebro.

Juan Yagüe arenga a las tropas junto a Franco tras la batalla de Belchite (Zaragoza), en 1937.
Juan Yagüe arenga a las tropas junto a Franco tras la batalla de Belchite (Zaragoza), en 1937.

Colectivos humanitarios denunciaron que después de la batalla de Badajoz, Yagüe habría sido responsable directo o indirecto de la ejecución a sangre fría de muchos los vencidos, en un número no determinado que se estima entre 1.800 y 4.000, que fueron previamente encerrados en la plaza de Toros. Por este hecho se ganó el apodo de Carnicero de Badajoz.

El corresponsal John Whitaker del New York Herald Tribune, aseguró que Yagüe le había dicho: «Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?». La ultraderecha niega las declaraciones, que fueron publicadas por Whitaker años más tarde, en unas memorias (We cannot escape history, Macmillan, NY 1943).

Existen dudas sobre la veracidad de la entrevista, pero tampoco consta que Yagüe la desmintiera durante la posguerra. Por otra parte, numerosos testigos, periodistas e historiadores confirman sin dudas que la masacre existió: Jay Allen, Arthur Koestler o Hugh Tomas, entre otros. Y Yagüe era el comandante de las tropas africanas en Badajoz.

Sea como sea, el fanatismo de Yagüe, fascista exaltado, queda bien patente durante y tras la contienda española. Su admiración y apoyo entusiasta a la Alemania nazi y su deseo de que España participara en la guerra mundial junto al Eje no convencieron a Franco.

Está documentado que el soriano mantuvo un estrecho contacto con Hermann Göering, lugarteniente de Hitler y comandante del ejército del Aire alemán, la Luftwaffe. Quiso copiar la potencia aérea alemana y consiguió que Franco le nombrara ministro del Aire, pero la ruina económica de España no permitía semejante exceso.

Ante las reticencias y titubeos de Franco, Yagüe se vuelve explícitamente más crítico, lo que, naturalmente, ocasiona su caída en menos de un año, en 1940. El dictador lo destituye y confina en su pueblo natal, donde dirige una colonia penitenciaria. Pero era un viejo compañero de armas, así que no caería en el olvido. En 1942, seguramente con el ánimo de acallarlo, Franco lo manda como comandante de Melilla y lo asciende a teniente general,  pero él sigue rumiando su rencor más o menos abiertamente.

Los nazis pierden la guerra en 1945 y su amigo Göring se suicida durante los juicios de Nüremberg antes de ser ejecutado, de modo que, frente al fracaso fascista y el avance del peligro soviético, España empieza a ver con mejores ojos a los vencedores occidentales y viceversa. Yagüe es ruidoso. Resulta muy incómodo y algunos de sus enemigos piensan (y dicen) que está un poco enajenado. Un informe de la CIA de 1948 confirma su participación en círculos críticos, al igual que el general Aranda (comandante de los sublevados en Oviedo), pero los conspiradores hacían poco más que hablar. Partidario de la restauración monárquica, Yagüe muere de cáncer de pulmón en 1952, con honores, marquesado incluido, pero sin que hubiera vuelto a ostentar cargos en el gobierno franquista.

Oviedo y la Memoria Histórica

Volviendo a las cosas locales, el pasado mes de julio el grupo municipal de Podemos reclamaba que el ayuntamiento retirara el nombre de la calle a Yagüe. Ciertamente el consistorio ya lo había hecho y la había renombrado Juan Benito Argüelles, pero como se dijo antes, el TSJA anuló el cambio en esta y otras tres calles (de las 21 renombradas) al estimar que no se ajustaba a la ley de Memoria Histórica. Muchos no aceptan esta pirueta burocrática, puesto que el franquismo de ninguna manera habría aceptado un homenaje a un verdadero defensor de la República. De modo que el periplo del Carnicero de Badajoz por el callejero de Oviedo parece que aún no se ha cerrado.

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