La plaza del nuevo bulevar del Vasco, entre la glorieta de la Cruz Roja y la calle Víctor Chávarri, ya tiene oficialmente su nombre: se llamará plaza de la Poesía, una propuesta que en principio había partido del presidente emérito de la Fundación Princesa, Graciano García. Desde el pasado jueves, la ciudad cuenta también con otra nomenclatura en ese complejo de edificios, la calle de Los Aparejadores, entre Víctor Chávarri y Martínez Vigil.

Graciano García es el impulsor de una capitalidad mundial de la poesía para Asturias, un proyecto que ya cuenta con cerca de 15.000 socios y que pretende llegar a muchos más. Uno de los apoyos ha llegado del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, que desea incluir Oviedo en esa estela.

La primera celebración de la capitalidad poética debería haberse celebrado el 21 de marzo, día mundial de la poesía, pero el confinamiento debido a la covid-19 que comenzó el 14 de marzo impidió el evento. 

Por otra parte, el colegio de Aparejadores cumple su 90º aniversario en el año 2021, «un hito importante en nuestra historia», señalan desde la institución, que quiere celebrar actos en el próximo mes de mayo «si la pandemia lo permite».

En este contexto, la cámara de Comercio propuso la designación de una calle para ese colectivo. «Para la concesión de este nuevo vial, el Consistorio ovetense ha tenido en cuenta la relevante participación que a lo largo de casi un siglo ha tenido nuestro colectivo, a través de profesionales que  han contribuidos decisivamente al desarrollo urbanístico tanto de Oviedo, como del resto de municipios asturianos», dicen.

 

Fin de El Vasco y nacimiento de un bulevar

GUILLERMO GUITER

Nada recuerda ya la potente estación que durante 80 años fue uno de los centros neurálgicos de la vida de los ovetenses

Los ovetenses aún pasean tímidamente por un lugar que genera algunas vistas espectaculares y mucha nostalgia: el llamado bulevar de El Vasco, la tapa del espacio donde una vez vibró la febril estación de tren de ese nombre, derrotada por fin en 1989. Nada, ni los vestigios, queda de lo que fue un punto neurálgico del ferrocarril asturiano y de la economía y la vida de los ovetenses. Muchos consideraron entonces que acabar con la octogenaria estación fue un crimen (urbanístico) de los muchos perpetrados contra la ciudad.

Caminar varios metros por encima de lo que en su momento fueran las vías no ofrece ningún recuerdo. Solo con las fotos antiguas y un voluntarioso ejercicio de imaginación se puede evocar lo que allí existió, las poderosas máquinas, la multitud día y noche. Ahora, limpias líneas blancas, bancos de diseño, edificios modernos y casi vacíos sobre una losa elevada han cambiado por completo el paisaje. De momento, esta primera fase del desconfinamiento por la pandemia deja ver unos pocos paseantes atrevidos.

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Nacen dos nuevas calles en Oviedo