El palacio de Presidencia cumple 100 años (con goteras)
La sede nació como Banco de España y pasó en los años 80 del siglo pasado por una reforma que acusa la edad
El palacio de Presidencia acusa el paso del tiempo. Por ese motivo, el Principado está interviniendo en la restauración del conocido inmueble ubicado a espaldas de la sede del Parlamento Regional y junto al campo San Francisco. Lo que no todo el mundo sabe es que la sede del Gobierno nació, originalmente, como delegación del Banco de España en Oviedo hace justo 100 años.
La entidad bancaria nacional comenzó sus operaciones en la capital asturiana en 1874. Tenía desde entonces el monopolio de emisión de billetes en todo el territorio nacional y «planteaba la opción a los antiguos bancos de emisión de permanecer como bancos comerciales, sin facultad de imprimir, o integrarse en la red de sucursales del Banco de España», según cuenta la historia oficial de la entidad.
El Banco de Oviedo acuerda su fusión con el Banco de España y, desde su apertura, desarrolla sus actividades en distintas edificaciones, la mayor parte de ellas hoy ya desaparecidas. El 3 de enero de 1923 se instala en un nuevo edificio en la calle Suárez de la Riva, hoy sede de la Presidencia, después del traslado a la nueva sede de la calle Toreno (donde se construyó tras derribar el chalet de Concha Heres).
Tal vez el episodio más dramático del banco fue el asalto a su sede durante la revolución de octubre de 1934. Con el paso de los años, la guerra y otros avatares, se acometió una gran reforma de adaptación al uso como sede del Gobierno autonómico según un proyecto de los prestigiosos arquitectos Nanclares y Ruiz.
Es un edificio protegido en el que se incluyó, en la planta superior, el apartamento privado donde el presidente puede pernoctar. Todos los jefes del ejecutivo asturiano lo han usado en uno u otro momento, aunque casi nunca con carácter permanente durante su mandato.
Ahora se acomete una restauración que tiene un coste de unos 200.000 euros y durarán seis meses. La fachada estaba sucia y deteriorada, con la aparición de hongos, grietas y desprendimiento de algunos elementos. Sobre el tejado, aunque no a la vista, se había instalado musgo; mientras que en los elementos metálicos era evidente el óxido.
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