El mítico Borrachín estrena nueva era: «Nos daba pena que tuviese que cerrar este clásico de Oviedo»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

Un grupo de cinco amigos lleva ahora las riendas de este emblemático bar, que atesora más de cuatro décadas de vida y tradición

24 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En la historia de El Borrachín se abre ahora un nuevo capítulo. Este mítico bar de Oviedo, que durante más de 40 años fue punto de encuentro para varias generaciones, ha cambiado de dueño y también de aspecto. Detrás de la barra de madera maciza ya no se encuentra Ángel Rodríguez, sino un grupo de cinco amigos que han asumido la gestión para mantener con vida este negocio de la calle Telesforo Cuevas. Su propósito es que el local siga siendo la segunda casa de decenas de carbayones y que, para el resto, se convierta en un lugar de referencia en la ciudad.

Ángel no tenía pensado jubilarse pero por motivos de salud no le quedó más remedio que poner fin a su carrera profesional y despedirse del pub que con mucha ilusión abrió en 1982. La noticia cayó como un jarro de agua fría entre sus fieles clientes. Sin embargo, lejos de lamentarse, una pandilla de chavales que frecuentaban el establecimiento desde que eran «bien pequeños» decidió coger las riendas del negocio. Ahora son ellos quien se encargar de dar continuidad a este emblemático bar, preservando su historia y su esencia.

«Nos daba pena que tuviese que cerrar este clásico. Nosotros llevábamos parando aquí desde siempre, porque nuestros padres eran clientes habituales. Además, Angelin es muy buena gente y muy buen paisano. Por eso, decidimos juntarnos y asumir la gestión», asegura Guillermo Faes, uno de los socios. En su caso, este se trata de su primer emprendimiento, mientras que alguno de sus compañeros cuentan con experiencia en otros negocios. Los cinco combinan la ilusión de un proyecto nuevo con la experiencia de quienes ya han recorrido este camino.

Cambio en el aspecto pero la esencia sigue siendo la misma

Pero, antes de ponerse a escribir un nuevo capítulo en la historia de este mítico bar de Oviedo, decidieron darle un buen lavado de cara. «Hicimos una reforma integral. El local no tiene nada que ver con cómo estaba, absolutamente nada. Lo único que quedó fueron los taburetes y la mesa alta donde los amigos del anterior dueño jugaban la partida», señala y añade que el logo y el nombre siguen siendo los mismos para preservar la identidad de uno de los establecimientos con más solera de la capital asturiana.

Con un pequeño cambio en los horarios, adelantando el cierre a la una y media entre semana y a las dos y media los findes, El Borrachín volvió a abrir sus puertas el pasado 15 de agosto. La fecha no fue casual. Todos los socios son aficionados del Real Oviedo, y quisieron que la reapertura coincidiera con un momento especial:el primer partido del equipo tras su regreso a la Primera División, la máxima categoría del fútbol español. Así, el bar comenzó a funcionar ese viernes por la tarde, mientras el conjunto carbayón jugaba en Villarreal.

La inauguración, como era de esperar, tuvo muy buena acogida. «Como la apertura coincidió con la segunda quincena de agosto, pensábamos que la cosa iba a estar floja, pero para nada: fue brutal», asegura Guillermo, quien desde entonces no para de recibir y atender clientes. Hay quienes se acercan para recordar los momentos vividos entre sus cuatro paredes, mientras que otros vienen a disfrutar de un nuevo espacio de encuentro, con la ilusión de crear nuevas historias y recuerdos en este emblemático bar ovetense.

Con una amplia carta de vinos, el popular vermú de La Paloma y las gildas como aperitivo estrella, El Borrachín busca consolidarse como lugar de encuentro durante el mediodía y la tarde ovetense. También quieren ser la primera copa de la noche y, por supuesto, el sitio ideal para ver un partido en el mejor de los ambientes. «Hemos instalado televisores grandes para poder ver el fútbol desde cualquier punto del bar, incluso desde la terraza», explica Guillermo. Proyectarán también otros deportes como Fórmula 1, MotoGP o tenis.

Ofreciendo siempre el mejor trato posible, este grupo de amigos quiere que quienes se acerquen al bar, ya sea por primera vez o no, se sientan como en casa. Como ellos se sintieron cuando Angelín llevaba las riendas de este negocio que destaca además por tener una ubicación «privilegiada». «Estamos en una calle muy buena, peatonal, por donde no pasan coches. A diez segundos, literal, está la plaza de América», explica el joven hostelero, quien destaca además la amplia terraza, donde los niños pueden jugar con total tranquilidad.

Por estas y otras muchas más razones, El Borrachín se convirtió en todo un clásico de Oviedo. Ahora, Guillermo y sus amigos tratan de reforzar su posición como lugar de referencia en la ciudad, escribiendo un nuevo capítulo en la historia de este emblemático bar, que atesora más de cuatro décadas de vida y tradición. «Estamos muy contentos. Vamos a seguir trabajarlo bien para que la gente se siga sintiendo a gusto para que nosotros podamos seguir creciendo y haciendo nuevas cosas», confía.