El hotel canino de Oviedo que es de los pocos de Asturias que no tienen jaulas: «La idea es que los perros se sientan como en casa»
LA VOZ DE OVIEDO
Esta guardería para peludos de cuatro patas ocupa una parcela de casi 12.000 metros cuadrados, donde se cubren todas las necesidades básicas de estos animales
30 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Quienes tienen un perro como animal de compañía tratan de llevarlo consigo a todas partes. Pero, no siempre les resulta posible. Por razones de trabajo, debido a un viaje o una emergencia, entre otros muchos motivos, no pueden traer encima a su mejor amigo. En estas ocasiones puntuales, a los propietarios no les queda más remedio que relegar sus cuidados durante su ausencia. Algunos optan por confiar al peludo de cuatro patas a familiares y amigos, mientras que otros prefieren hoteles caninos. Entre la amplia oferta existente en Asturias, destaca La Madriguera de Lúa, ya que es una de las pocos sin jaulas de la región.
Esta guardería canina se sitúa en el barrio ovetense de San Claudio, concretamente en una de las laderas del emblemático monte Naranco. Ocupa una parcela de casi 12.000 metros cuadrados, en la que se ubica una gran nave con capacidad para entre 10 y 15 peludos de cuatro patas. El aforo es muy reducido en comparación con otros centros de estas características porque su gerente, Ramón Fernández, busca que prime la seguridad y el bienestar de cada perro alojado. «Me gusta ofrecer además una atención personalizada y si hubiera demasiados animales me resultaría imposible», asegura y añade que «no se trata de estar solo diez minutos con cada uno».
Ramón sabe bien de lo que habla, ya que lleva más de 15 años dedicándose a modificar la conducta de los canes y a mejorar la convivencia entre estos y los humanos en el ámbito doméstico. Fue en 2008 cuando este ovetense se convirtió oficialmente en educador canino. «Siempre me gustaron los animales y en especial los perros, pero a decir verdad, nunca me imaginé que me iba a acabar dedicando a esto. Cuando llegó la crisis, me quedé sin trabajo y, como no tenía nada que hacer, me puse a hacer el curso. Pero más que nada por hobby, para formarme y tratar de comprender un poco mejor la forma de ser del perro que tenía», cuenta.
Para aplicar los conocimientos adquiridos realizó las prácticas profesionales en un hotel canino de Asturias. Al comprobar que se le daba bien y que tenía potencial como educador canino, la gerente del establecimiento decidió contratarlo para que les ayudara durante un tiempo. Cada día que pasaba le gustaba más lo que hacía y su pasión por este trabajo aumentaba con creces. Por eso, en el momento que terminó el contrato decidió convertir su casa en una pequeña guardería de perros. Comenzó así a cuidar, en el calor de su hogar, a los chuchos de sus amigos y clientes mientras ellos trabajan, viajaban o se tomaban unos días de descanso.
Esta experiencia fue, a su juicio, fantástica. La mayoría de los perros que cuidaba mientras sus propietarios estaban ausentes se mostraban «felices y tranquilos». A casi todos, por no decir el cien por cien, les resultaba además beneficioso «poder estar en un lugar igualmente familiar, con compañía humana y canina, y con rutinas y una estructura diaria muy enfocadas a ellos». Dados los buenos resultados de su trabajo, Ramón quiso crear un lugar exclusivo en el que ofrecer alojamiento temporal y cuidado profesional a un mayor número de animales. Tras realizar varios cursos y superar años de trámites, su sueño de abrir su propia guardería se hizo realidad.
Corría agosto de 2020 cuando abrió por primera vez las puertas de La madriguera de Lúa, un espacio cuyas estancias intentan imitar «lo más posible» al lugar de origen de los perros que se van a alojar: un hogar. Este hotel canino se levanta sobre una finca de unos 12.000 metros cuadrados situada en San Claudio, en el concejo de Oviedo. El alojamiento cuenta con tres habitaciones —para perros pequeños, grandes y aquellos con necesidades especiales— y una amplia zona común que recuerda al salón de una casa. En todo este espacio no hay ni una sola jaula; únicamente sofás y colchones de espuma para mayor bienestar de los animales.
Gracias a esta distribución y diseño, en La madriguera de Lúa los perros se sienten como si estuvieran en su propia casa. «Aquí lo importante es que el perro se sienta a gusto. La idea no es forzar a ninguno a entrar en zonas que no quiere, ni que pase mal o tenga miedo; eso nunca. Pero si el animal quiere —y para ello es necesario conocer su lenguaje y personalidad— puede participar de la vida común», asegura Ramón, quien mantiene un trato familiar y respetuoso con cada uno de ellos. Ofrece además mucha compañía y cariño. «Puedo decir que convivo con ellos porque menos para dormir estoy prácticamente todo el rato aquí» , asegura.
Los animales están siempre bajo supervisión para evitar cualquier tipo de incidente. Además, como es mejor prevenir que curar, es requisito indispensable que cada perro sea sociable. «Tiene que ser capaz de convivir para que todos estén a gusto. ¿Qué significa eso? Que, por ejemplo, si paso cerca de él mientras duerme, no me ataque ni reaccione de manera agresiva», explica. De todas formas, para garantizar que el animal tenga una estancia feliz y cómoda, antes de alojarse debe pasar por un proceso de adaptación. «Así también se evita que sufra algún trauma por la separación de su familia o por enfrentarse a un entorno desconocido», señala.
Antes de pasar unos días en La madriguera de Lúa, si es la primera vez que se aloja, el perro debe realizar una primera visita al alojamiento, durante la cual pasa unos diez o quince minutos explorando, oliendo e investigando el entorno. Tras esta primera toma de contacto, se programa una segunda visita, en la que el animal permanece una o incluso dos horas. «Ahí voy observando si quiere o no integrarse con otros perros, cómo se relaciona y cómo socializa con los demás», detalla Ramón. Tras completar este proceso de adaptación, el perro ya está preparado para disfrutar plenamente de su estancia en la guardería, seguro y tranquilo.
Gracias a todas las comodidades y a los cuidados especializados que reciben como músico o aromaterapia, la mayoría de los animales que se alojan en este hotel canino de Oviedo regresan con frecuencia durante las ausencias de sus propietarios. «Casi todos los propietarios están encantados con el trato que reciben sus perros; hay algunos que incluso quedan alucinados, sobre todo aquellos con perros que presentan algún problema de conducta, porque aquí muestran una faceta completamente distinta», resalta.
En este punto, Ramón destaca que, cuanto más larga es la estancia, mayor es el beneficio que reporta. «Aquí los perros pueden relacionarse con otros, perfeccionar sus habilidades sociales y trabajar aspectos que, a veces, en el día a día no es posible reforzar. Además, cuentan con libertad de movimiento gracias a los amplios patios y al jardín, donde pueden pasear, jugar, explorar o descansar», explica. También señala que, en su guardería, el uso de correas o arneses prácticamente no existe: «Solo las utilizamos en casos graves».
Así es como este educador canino consigue cubrir las necesidades básicas que los perros tienen como especie cuando sus propietarios, por el motivo que sea, no puede encargarse de sus cuidados. «El objetivo es que durante su estancia estén bien alimentados, puedan descansar, explorar, olfatear y relacionarse», asegura Ramón, a quien le encantaría mantener las puertas de La madriguera de Lúa abiertas hasta su jubilación. «Al final, esto fue un sueño, y detrás hay muchos años de dedicación, esfuerzo y lucha para llegar hasta aquí. Por eso, poder vivir de esto, subsistir y saber que los animales están bien y los puedo ayudar, me vale, porque al final es lo más satisfactorio», confiesa.