El arte de sorprender del mago asturiano Sergio Fernández: «Es muy difícil crear un truco nuevo»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

Sergio Fernández es mago y presidente de la Sociedad Oviedo Mágico
Sergio Fernández es mago y presidente de la Sociedad Oviedo Mágico

Este sierense de 31 años se dedica a hacer posible lo imposible. Es además el presidente de la Sociedad Oviedo Mágico, una entidad que busca fomentar el arte de esta disciplina en nuestra región

24 oct 2025 . Actualizado a las 10:27 h.

La saga de Harry Potter ha marcado la infancia y adolescencia de varias generaciones. Son numerosas las personas que han sentido un profundo interés y admiración por el universo creado por J. K. Rowling. Como consecuencia, muchas han fantaseado alguna vez con hacer hechizos, volar en escobas o hablar con criaturas mágicas. Sin embargo, pocas han hecho realidad su sueño de ser mago. Entre ellas se encuentra Sergio Fernández. Este joven sierense lleva la mitad de su vida asombrando a quienes lo rodean con tan solo un mazo de naipes. «Siempre traigo una baraja conmigo», asegura, mientras hace que las cartas bailen en sus manos.

Aunque de niño hacía que los objetos levitasen en su mente, lanzaba «Expecto Patronum» con cualquier palo que cogía o derrotaba a su imaginario oponente con un «Expelliarmus», en realidad no fue hasta que tenía 14 años cuando empezó a aficionarse por el mundo de la magia. Todo comenzó al ver un vídeo en YouTube en el que René Lavand, el famoso ilusionista argentino conocido como «el mago manco», realizaba un juego con las cartas. A Sergio le llamó tanto la atención que empezó a imitar sus movimientos y a repetir el truco, «incluso con una sola mano, como él».

Tras intentarlo una y otra vez, el sierense consiguió dar con el quid de la cuestión, después de varios días encerrado en su habitación. Rebosante de alegría, salió de su cuarto y corrió hacia donde, en ese momento, estaba su familia para hacerles el juego de cartas que, con tanto esfuerzo y sacrificio, había aprendido a hacer. Sin embargo, su gozo cayó en un pozo. El truco le salió «fatal». Pero, como un buen padre que es, su progenitor fingió sentirse asombrado, a pesar de que «había averiguado todos los movimientos». «Y gracias a que disimuló, empecé a sentirme mago», asegura a sus 31 años.

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PIXABAY

A partir de ese mágico momento se dedicó a aprender más trucos, a ensayar incansablemente y a perfeccionar cada movimiento. «Estuve seis años que no soltaba la baraja en ningún momento. No dormía por practicar y en clase, por supuesto, no atendía», dice, antes de precisar que el aprendizaje fue por su cuenta, «con materiales físicos y no necesariamente tratando con personas», porque no existe una formación reglada. «A veces pienso que estaría que bien que hubiera una escuela superior de magia pero en verdad a mi la magia me gusta, precisamente, por ese carácter extraordinario que tiene», reconoce.

Sus primeras apariciones en público

Después de un par de años sorprendiendo a familiares y amigos, este joven que admiraba a Juan Tamariz decidió dar sus primeros pasos en el mundo de los espectáculos. «Empecé con 16 años a hacer magia en una sidrería de Lugones. El dueño vio que se me daba bien y que además tenia bastante salero, así que me dejó un hueco en su local», cuenta Sergio, quien se pasaba todos los viernes haciendo trucos a los clientes durante tres horas. También deslumbraba a quienes frecuentaban este espacio los sábados e incluso los domingos.

No recuerda con claridad lo que sintió al realizar trucos frente a un público más numeroso, en su mayoría desconocido. Pero sí sabe a ciencia cierta que estaba muy ilusionado, como en todos los espectáculos que ha realizado a lo largo de su trayectoria. «Cada vez que actúo —y seguramente a todos los magos les pasa lo mismo— sigue siendo casi como la primera vez en muchos aspectos, porque esto es un arte muy vivo y cada espectáculo o actuación es único», resalta.

De profesión: matemático

Con el paso de los años, Sergio fue perfeccionando su técnica y, al mismo tiempo, aumentando la pasión que sentía por la magia. Aún así, no se gana la vida haciendo trucos con cartas. Su carrera profesional está dedicada a la docencia como profesor de matemáticas en la Universidad de Oviedo. El ser un genio de los números supone una ventaja en su faceta como mago. «Hay una parte importante de esta disciplina que se parece mucho a un puzzle. La magia, para mí, es una expresión artística que lleva detrás una componente técnica, y esa componente técnica, en muchas ocasiones, tiene un sólido fundamento matemático», aclara.

Explica que la mayoría de los magos utilizan juegos de cartas fundamentados en principios matemáticos. «Son trucos en los que la habilidad manual no es lo más importante», comenta, y ejemplifica con el famoso juego de los tres montones, donde la carta elegida por el espectador sorprendentemente siempre reaparece en el centro. ¿Cómo se consigue esto? Mejor no preguntar, ya que un buen mago nunca revela los trucos, porque realmente ahí es donde está la magia de la magia. Es en ese misterio donde se encuentra la esencia de la magia.

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Aunque muchos intentamos descubrir los secretos detrás de un truco de magia, Sergio se abstiene de hacerlo, porque sabe que el misterio es lo que mantiene viva la magia. Aun así, su experiencia le permite intuir el mecanismo de cada truco. «No puedo evitar ver lo que va a pasar porque noto el movimiento, el mismo que yo también adopto. Cuando todavía me engañan —algo que cada vez ocurre con menos frecuencia— lo disfruto; no te puedes imaginar cuánto. Pero es un disfrute distinto al de cualquier espectador», reconoce.

«Es sumamente difícil crear algún truco de magia»

De la misma manera que para quien no domina la magia es imposible desvelar un truco, crear uno propio es igualmente complicado. «Es sumamente difícil crear algún truco de magia. Esto es algo que cuesta mucho explicarle a la gente, porque sospecho que no hay conciencia en la sociedad del grado de desarrollo que ha alcanzado», dice, y señala que en la cartomagia —a lo que el se dedica— está prácticamente casi todo inventado. «Hay tal cantidad de libros sobre magia con cartas que probablemente no cabrían en todas las bibliotecas municipales de Asturias», resalta.

Es por esta razón que casi todos los trucos que hacen los magos son mejoras de los que ya existe. En su caso trata darle una «impronta personal» a los juegos para que así el espectador disfrute del hecho artístico y de la experiencia mágica y que de alguna manera recuerde que fui yo el que lo hice. «Si consigo eso, yo ya lo considero un éxito», asegura Sergio, que tiene como principal objetivo que el público no se aburra. «Tampoco pido mucho más.

El público es parte esencial de los espectáculos de magia de Juan Tamaríz.
El público es parte esencial de los espectáculos de magia de Juan Tamaríz.

Para ello, al igual que el gran Juan Tamariz, estructura el espectáculo en función de las emociones que quiere provocar en el espectador y, a partir de las sensaciones que recibe, decide improvisar o no. Según el maestro ilusionista, «la emoción propia de la magia reside en el asombro ante lo imposible», y ese es justamente el efecto que Sergio busca transmitir en cada actuación.

Su juego de cartas favorito

Cuando necesita recurrir a un truco, sin duda elige el de La carta hogareña. «Es un juego muy clásico que ya tiene unos 100 años. La carta, elegida por el público, no deja de «viajar» al bolsillo del mago, lo cual resulta muy frustrante: sabes lo que va a pasar, pero no tienes la menor idea de cómo ocurre», dice el sierense, que guarda infinidad de anécdotas sobre sus actuaciones. Si tuviera que quedarse con una, sería el espectáculo que ofreció en Astorga cuando tenía 18 años.

«Era la actuación más grande que había tenido nunca en aquel momento; en el público había unas 400 personas, pertenecientes a una asociación de empresarios de ahí», pone en contexto. A los espectadores les estaban gustando mucho los juegos que hacía, hasta que se lanzó con «La carta pescada», sin, por supuesto, imaginar que con este clásico truco iba a dejar boquiabiertos no solo al público, sino también a él mismo.

Este juego consiste en tirar la carta elegida por un espectador dentro de una caja, donde hay una cuerda que al tirar de la misma la carta sale atada», explica y señala que cuando se puso a sacar el naipe, mientras el público tarareaba la banda sonora de Tiburón, le preguntó al espectador que carta había elegido. Para su sorpresa, este le dijo que era la J de trébol, cuando en realidad estaba viendo el 7 de corazones.

«Pensé: se equivocó al decirlo, pero no podía hacer nada, así que saqué la carta, la enseñé y le dije al público que no había salido», cuenta. Fue decir estas palabras y el teatro en el que actuaba se llenó de ovaciones. «Todo el mundo me aplaudió mucho, porque, como decía justo René Davant, el público perdona un fallo, lo que no perdona nunca es el aburrimiento. Y en este el truco falló estrepitosamente pero todo el mundo quedó bastante contento al respecto», dice satisfecho.

Fomentar el arte de la magia

Sergio además de ser profesor de matemáticas y mago es el presidente de la Sociedad Oviedo Mágico, una asociación sin ánimo de lucro que lleva 30 años promoviendo la magia en Asturias, organizando talleres, espectáculos y encuentros para aficionados y profesionales. Celebran también conferencias en el que magos nacionales e internacionales comparten experiencias y visión sobre esta disciplina. Realizan también formación para nuevos magos y miembros de la entidad, fomentando así el aprendizaje, la creatividad y la pasión por el ilusionismo.

Aunque la magia no exista —«eso lo sabemos todos»—, el mundo actual necesita la alegría, la diversión y el entretenimiento que solo ella puede brindar. Por eso, Sergio seguirá haciendo lo que mejor sabe: hacer que lo imposible parezca posible. Continuará también trabajando incansablemente para mantener esta disciplina más viva que nunca a través de la Sociedad Oviedo Mágico. Con este propósito, anima a todos los jóvenes ilusionistas a unirse y compartir su pasión por este arte.

«Si hay alguien en su casa ensayando magia o que simplemente quiera disfrutar de la comunidad mágica, que nos contacte, porque la forma de crecer es esa, tanto como sociedad como a título personal. En Asturias producimos un nivel de magos extraordinario, difícilmente localizable en otros lugares demográficamente comparables. Hay un nivel increíble que, a mi parecer, debe mantenerse», asegura el sierense.

Si tuviera que dar un consejo a algún joven mago, lo tendría claro: «Acércate a la gente que sabe, piensa y trabaja mucho en ello. Ensaya sin parar, porque eso es lo más importante. Y con eso, lo tienes todo». Al final, como bien dice, «si crees que este es tu sitio, solo tienes que perseverar».