La tienda de Oviedo que lleva 50 años vistiendo a los más pequeños de la casa: «Mis clientes son muy fieles»
LA VOZ DE OVIEDO
Al frente de este negocio se encuentra María Artola, quien se encarga de mantener con vida el legado familiar. «Me gustaría poder jubilarme aquí», reconoce
15 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El pequeño comercio se ahoga, pero se resiste a desaparecer en Oviedo. Aunque el modelo de consumo ha cambiado y ahora se compra más por internet, los negocios de toda la vida se niegan a bajar la persiana. Con esfuerzo y mucha dedicación, siguen luchando contra viento y marea para mantener viva su historia. Algunos llevan nada mas y nada menos que 50 años haciéndolo. Es el caso de Gretel. La icónica tienda de ropa infantil celebra medio siglo de vida en la capital asturiana.
«No puedo estar más contenta», asegura María Artola, actual propietaria de Gretel e hija de la fundadora. «Hemos visto crecer a generaciones enteras: niños que venían de la mano de sus padres y que ahora vuelven con sus propios hijos. Para mí es una alegría poder seguir vistiendo a los más pequeños», dice la ovetense, quien agradece la confianza depositada durante estas cinco décadas. «Sin nuestros clientes esto no habría sido posible», reconoce orgullosa de mantener con vida el negocio familiar.
Sobre los orígenes de la tienda
Para conocer realmente la historia de Gretel hay que remontarse a mediados del siglo pasado. Corría la década de los sesenta cuando una joven María Dolores Fernández-Miranda decidió adentrarse en el mundo de los negocios y abrió en la céntrica calle Uría las puertas de Babette, una de las pocas tiendas de ropa infantil que existían entonces en Oviedo. La demanda no dejaba de crecer y, poco a poco, el establecimiento fue consolidando una clientela fiel hasta que se convirtió en un referente para muchas familias de la ciudad.
Con el paso del tiempo, las baldas del establecimiento comenzaron a llenarse de ropa de mujer hasta quedarse casi sin espacio. Para continuar respondiendo a las necesidades del mercado, María Dolores decidió apostar por un local dedicado exclusivamente a la moda infantil. Así, abrió un nuevo comercio en la calle Doctor Casal de Oviedo, donde se especializó en abrigos, jerséis, pantalones, vestidos y otras prendas para los más pequeños. A este segundo negocio, que fundó en 1975, lo bautizó con el nombre de Gretel.
Entre las cuatro paredes de esta tienda se crió su hija María, quien pronto empezó a echar una mano en todo lo que podía: atendía a las clientas, ayudaba a colocar el género o acompañaba a su progenitora a elegir las colecciones cada temporada. «Mi madre no trabajaba de cara al público porque tenía empleadas. De aquella se podía contar con personal, ahora resulta más complicado», explica, antes de lamentar lo mucho que han cambiado los tiempos.
Se formó académicamente, incluso fue a la Universidad, pero lo suyo siempre fue la moda infantil y el trato cercano con los clientes. Por eso, cuando su madre falleció, no lo dudó ni un instante y se puso al frente de la tienda para mantener con vida el negocio familiar. Siguió escribiendo la historia de Gretel, que, entre medias, cambió de ubicación al venderse el bajo comercial en el que había comenzado todo. La tienda se trasladó unas calles más arriba, la que lleva por bandera el nombre de nuestra comunidad.
«Los dueños del edificio quisieron vender y no nos quedó más remedio que irnos. Por suerte, se traspasaba una tienda de ropa infantil en la calle Asturias y nos mudamos», cuenta María, quien aún recuerda con nostalgia aquel momento. «Me dio mucha pena tener que cambiar de zona porque esta, aunque es más tranquila, es mucho menos comercial. Aquí viene quien me conoce; en cambio, allí no. Allí pasaba cualquiera», destaca, no sin antes reconocer que volver a los orígenes es «inviable» por el precio de los alquileres.
Aunque cambió de ubicación, la tienda mantuvo intacta su esencia y también su clientela. «Mis clientes son las personas más fieles que existen», dice agradecida y orgullosa a partes iguales. Y es que, generación tras generación, siguen acudiendo a esta tienda de Oviedo familias que la conocen desde hace años y que continúan confiando en su buen hacer. «Quien viene aquí es porque sabe lo que quiere. La ropa que tengo es muy clásica y muchos son básicos para el armario de los más pequeños de la casa», explica.
Buena parte de las prendas que ofrece están confeccionadas en España. Trabaja con alrededor de una veintena de marcas y, con algunas de ellas, mantiene relación desde que la tienda abrió sus puertas. «Soy muy fiel a mis proveedores», reconoce María, quien, al apostar siempre por productos de calidad, ha logrado que sus clientes vuelvan una y otra vez. «Alguna vez metí ropa más barata, pero no me funcionó porque la calidad no es la misma», admite.
A Gretel no solo acuden ovetenses, sino también familias de otros puntos de Asturias e incluso clientes de fuera de la región. Lo hacen atraídos por la buena relación calidad-precio y por la atención cercana que caracteriza al establecimiento. «El secreto de que el negocio vaya bien creo que está en ese trato cercano, en la amabilidad», reconoce Ana, que también considera clave saber elegir el género para cada temporada.
«Lo más difícil es comprar, porque nunca sabes con qué vas a acertar. A lo mejor un año todo el mundo quiere el abrigo verde y al siguiente lo quieren granate», explica. «Lo bueno es que, como la ropa es muy clásica, no suelo tener restos», comenta con una sonrisa. No obstante, los años en el mostrador le han enseñado a anticiparse y a confiar en su criterio. La experiencia también le ha servido para moverse con seguridad en un sector lleno de altibajos
María ha sabido hacer frente a varias crisis económicas. «Con la del 2008 tuve que prescindir de la dependienta que tenía. Me resultó muy duro tomar esa decisión, pero, si no, no me salían las cuentas», recuerda. Ha sido también capaz de adaptarse al cambio en los hábitos de consumo, abriendo página web y redes sociales para llegar a nuevos clientes. «Por Instagram vendo bastante», reconoce. A todo ello se suma otro reto que afecta especialmente al comercio infantil: la baja natalidad. «Ahora hay más perros que niños», lamenta con una mezcla de humor y resignación.
Sobre el futuro de la tienda
Como bien dice, no le queda «más remedio» que adaptarse una y otra vez si quiere seguir manteniendo abiertas las puertas de Gretel. Continuará remando contra viento y marea porque sueño es poder jubilarse en la tienda que la vio crecer, tanto personal como profesional. «Es lo que más me gustaría, porque, en verdad, pasé toda mi vida aquí. Pero, las cosas están muy difíciles. El pequeño comercio atraviesa muchas dificultades y, para los autónomos, no hay ninguna ayuda. Internet además nos hizo mucho daño Ahora, la gente joven compra casi todo online, por comodidad», lamenta.
Aun así, reconoce que en los últimos años se han dado pasos importantes para mantener con vida las tiendas de toda la vida. «Me parece muy bien las iniciativas que está poniendo en marcha el Ayuntamiento de Oviedo para apoyar al comercio local. Ha sido el primer alcalde que realmente nos ha respaldado. Oviedo es moda, y programas como los bonos de comercio ayudan, dan visibilidad y animan a la gente a entrar en las tiendas», aplaude.
Mientras que los políticos y demás autoridades se ponen las pilas por sacar a flote esos negocios que son quienes realmente mantienen con vida la ciudad y son testigos del paso del tiempo, María seguirá escribiendo capítulos en la historia de Gretel, una tienda que se ha convertido en todo un emblema de la capital asturiana. Lo hará con la misma dedicación, cercanía y cariño como lo lleva haciendo hasta ahora. Y seguirá demostrando que el comercio de siempre todavía tiene mucho que aportar a la sociedad asturiana.