Micaela Daer, una argentina en Oviedo: «Tuve que emigrar para dejar atrás las oportunidades que no tenía en mi país»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

Micaela Daer tiene 33 años, es argentina y vive en Oviedo
Micaela Daer tiene 33 años, es argentina y vive en Oviedo

Esta joven de 33 años se vio obligada a cruzar el charco azul en busca de un futuro mejor. Ahora escribe su historia desde Oviedo, donde ha abierto un obrador con el propósito de que los asturianos se enamoren de la gastronomía de su tierra natal

13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Estarías dispuesto a dejar tu vida actual atrás, con todo lo que eso supone, para mudarte a un país en el que solo conoces el idioma? A esta pregunta seguro que mucha gente responde con un rotundo no. Sin embargo, aunque hay quienes jamás desearían elegir este camino, la realidad no les da otra salida. Es el caso de Micaela Daer. Pese a que ama «con locura y pasión» a su país, esta argentina de 33 años se vio obligada a mudarse a 10.000 kilómetros de su casa, muy lejos de sus seres queridos, para poder asegurar su futuro. Ahora forja su destino desde Oviedo, ciudad que la acogió con los brazos abiertos y en la que puso en marcha su primer emprendimiento.

«No me quedó más remedio que emigrar para buscar lo que lamentablemente mi tierra madre no me puede dar: estabilidad económica pero, sobre todo, seguridad. El poder salir a la calle sin que nadie me falte al respeto», asegura la joven, quien, a pesar de lo que muchos piensan, no se asentó a España porque no se sintiera cómoda en su casa ni arropada por su familia. «Precisamente ese apoyo vital es lo que más me hubiese gustado conservar, pero tuve que perderlo para dejar atrás las oportunidades que no tenía», reconoce la argentina, que se siente rechazada por el país que la vi nacer y crecer.

«A los que queremos un futuro y nos gusta progresar, en Argentina nos excluyeron», confiesa con cierto dolor. «Tú imaginate que estás en un trabajo que te gusta, que después de muchísimo esfuerzo conseguiste independizarte y que además lograste juntar un poquito de plata; y a los tres meses, literal, tienes que llamar a tus padres para ver si te pueden prestar dinero para pagar el alquiler, la luz o cualquier otro gasto, no te estoy hablando de pagarte caprichos. Pues eso es lo que me pasó a mi, que literalmente se me fue el 120% del sueldo en la renta del piso y ya no tenía para pagar nada más», manifiesta.

Micaela, junto con su familia en Argentina
Micaela, junto con su familia en Argentina

Explica que, en ese momento y ahora, los sueldos por un trabajo de ocho horas en Argentina oscilaban entre 200 y 300 euros. «Si los gastos de vida fueran de 100 euros, estaría sobrada, pero no es así, porque a mi el alquiler ya me costaba 350 euros», detalla. Dada la situación económica del país, asegura que son muchos los jóvenes que no pueden proyectar su futuro. «Eso hace que te limites a vivir en tu casa y, aunque está genial vivir con tus padres, más aún cuando los amas como yo, no puedes progresar», lamenta la joven, quien siempre imaginó que viviría de manera independiente.

Frente a esta realidad, Micaela no dejaba de dar vueltas a su situación en busca de una solución hasta que comprendió que la única salida era hacer las maletas y empezar de cero en otro país. Como cada vez que había estado en España de vacaciones se sentía como en casa, decidió que sería en la península ibérica donde comenzaría su nueva vida. Sin pensarlo ni un segundo más, en septiembre de 2019 compró los billetes para volar a Madrid, aunque no sería hasta seis meses más cuando saldría su avión. Ya solo faltaban unos días para que tuviese lugar el despegue, pero la llegada de la pandemia del coronavirus truncó sus planes migratorios.

Debido a que el entonces presidente Alberto Fernández también declaró la emergencia sanitaria y ordenó el confinamiento para frenar la propagación de un virus que puso en jaque al mundo, Micaela tuvo que recluirse en casa con sus padres y sus dos hermanos. Al verse privada de libertad, sin tener además la privacidad que necesitaba, la argentina comenzó a tener serios problemas emocionales. «Esta situación me agobió muchísimo», confiesa. Confirmó por tanto su decisión de mudarse a España. «Si no hubiese sido por la pandemia hubiese cambiado de opinión porque en ese momento tenía un trabajo en el que ganaba muy bien», reconoce.

Como cada vez tenía más claro que quería empezar una nueva vida en la península ibérica, durante los días de confinamiento se puso en contacto con una amiga suya que vivía en Castilla y León. Entre historias y consejos, su confidente le reveló que el equipo de balonmano en el que jugaba buscaba un extremo, y que el puesto podría ser suyo. Además, el club le ofrecía casa y contrato de trabajo. Sin pensarlo ni un instante, Micaela aceptó la propuesta, puesto que iba a dedicarse al deporte que siempre había practicado y además no tendría que preocuparse por encontrar vivienda ni empleo. Preparó las maletas y, a comienzos de 2021, emprendió su vuelo hacia España, lista para comenzar de cero lejos de su tierra.

Micaela, con su madre y su hermana durante un viaje a Madrid
Micaela, con su madre y su hermana durante un viaje a Madrid

Era el 12 de febrero cuando aterrizó en Guardo, una pequeña localidad de Palencia. «Me acuerdo perfectamente de ese día. Era viernes y llovía. Había mercado y teníamos toque de queda, solo se podía estar hasta las ocho de la tarde por ahí», rememora. Desde ese momento, comenzó a adaptarse a la vida en un pueblo, mientras entrenaba y esperaba a que la llamasen de la fábrica donde le habían asegurado un puesto de trabajo. Tras varias semanas y viendo que sus ahorros se agotaban, tomó la decisión de buscar un trabajo por su cuenta. «Si hay una promesa a mi madre que siempre voy a cumplir, es que si en Argentina no me cargaron, en España tampoco iba a permitir que lo hicieran, porque la decisión de venir aquí fue mía», reconoce.

Después de buscar entre las distintas ofertas laborales, encontró un puesto como camarera en un bar de la zona. «Esto me permitió conocer y empaparme bien de las costumbres españolas», asegura. Al poco de comenzar a servir copas y preparar cafés, le ofrecieron incorporarse a otro establecimiento hostelero, un restaurante «más pijín». Como «nunca» se le cayeron los anillos ni se le caerán por trabajar, aceptó y combinó ambos empleos. «Salía de uno y me metía en el otro», recuerda, reflejando la constancia y determinación con la que construyó su nueva vida.

Se pluriempleo durante tres meses hasta que decidió dejar el bar para trabajar únicamente en el restaurante. A lo largo de medio año se encargó de atender a los clientes, tomar pedidos, servir comida y bebida, cobrar la cuenta y mantener la sala ordenada, asegurando que los comensales tuvieran una buena experiencia. Como en mayo de 2023, al encontrar un trabajo con mejores condiciones laborales, dejó su puesto como camarera y pasó a ser controladora de calidad en una empresa de placas solares. Se encargó del correcto funcionamiento de estos paneles que convierten la energía del sol en electricidad hasta noviembre, momento en el quiso dar un nuevo giro radical a su vida.

«Después de casi tres años en Guardo, sentía que necesitaba un lugar más grande y diferente para vivir, porque el pueblo se me quedaba ya pequeño», asegura Micaela, quien empezó a visitar otros rincones de España en busca de un lugar donde pudiera establecerse y continuar construyendo su vida junto con su pareja. Estuvo en León e incluso en Gijón pero fue realmente Oviedo la que la cautivó. «Fue la primera ciudad en la que vi que la gente sentía la misma pasión por el fútbol que los argentinos. Al ver a muchas personas con la camiseta de su equipo, yendo a ver al Real Oviedo con la bandera, gritando, saltando y tocando el bombo… supe que quería quedarme aquí», reconoce.

Ya establecida en la capital de Asturias, Micaela se dedicó a cuidar su relación de pareja. «Era la primera vez que mi novio iba a estar lejos de su familia, y yo sé muy bien lo que se siente en esa situación. Por eso quise estar pendiente de él, acompañarlo y cuidarlo», explica. Entre que reforzaba su vínculo sentimental, fue creando un círculo de amigos, a quienes siempre que podía les cocinaba para que descubriesen la gastronomía de su país. Como en Oviedo no había restaurantes que sirviesen platos típicos de Argentina, empezó a prepararlos ellas misma para dar así a conocer los sabores de su tierra.

Vista de la entrada de El Matador, la pizzería argentina de Oviedo
Vista de la entrada de El Matador, la pizzería argentina de Oviedo

Al ver que sus recetas tenían tanto éxito, decidió emprender un negocio para que no solo sus amigos, sino todo el mundo, pudiera probar la comida argentina. Tras realizar todos los trámites pertinentes, a mediados de 2025 recibió las llaves del local donde iba a preparar las recetas más típicas de su país con el objeto de deleitar a los asturianos. Un momento que debería haber sido motivo de celebración no lo fue, ya que no tenía con quién compartir su alegría. Su pareja en ese momento estaba trabajando y familia estaba a más de 10.000 kilómetros de distancia. «Fue muy duro entrar por la puerta de mi casa y no tener a nadie recibiéndome ni diciéndome que iba a llamar a mi tía, a mi prima… para hacer un asado y festejar. Hice una videollamada con mis padres y estábamos todos llorando; no había ni una sonrisa», cuenta, mostrando una vez más el precio que hay que pagar por buscar oportunidades en un país extranjero.

Tras renovar por completo el bajo número 1 de la calle Los Sauces, en el barrio de Pumarín, el pasado 27 de agosto abrió las puertas de El Matador, un restaurante de comida argentina que recibe su nombre en honor a su padrino, «el hombre de la eterna sonrisa». En este pequeño local prepara y sirve de manera «completamente» artesanal empanadas de diversos sabores y tamaños, pizzas al estilo argentino, sadwiches de milanesa, chipás y un sinfín de elaboraciones más. «Todo lo elaboro yo y, además, al momento, porque quiero que el producto sea lo más fresco posible», asegura, y añade que sus recetas no contienen «aditivos ni conservantes».

Tal es el sabor y la calidad de sus elaboraciones que la argentina ya cuenta con una fiel clientela. «Vienen muchos asturianos y también uruguayos, pero todavía me falta conquistar a mis compatriotas», asegura Micaela, cuyo principal objetivo es lograr que más personas se enamoren de la gastronomía de su país. Espera poder aumentar con crecer el número de pedidos para poder contratar a alguien que le eche una mano. «Es lo que más me gustaría: poder dar empleo a alguien», confiesa la joven, que ya se siente afortunada.

«Yo ya soy multirrica porque tengo salud y también los míos, una pareja que me quiere y me respeta, tengo una familia que me ama y además tengo trabajo. No necesito más. ¿La plata? En algún momento, vendrá», asegura Micaela. Con esta declaración y su historia demuestra que la riqueza no se mide en términos económicos y que, pese a las creencias populares, quienes emigran no lo hacen por capricho, sino en busca de un futuro con oportunidades y estabilidad.