La ovetense que brilla en la quinta generación de joyeros: «Mis piezas son únicas y exclusivas»
LA VOZ DE OVIEDO
Pilar Argudín mantiene con vida el legado familiar que inició su tatarabuelo hace ya dos siglos en la vecina Francia
20 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay oficios que resisten al paso del tiempo y el del joyero es uno de ellos. A pesar de los avances tecnológicos y la modernización de los procesos de fabricación, hay artesanos que continúan transformando metales y piedras preciosas en piezas únicas, cargadas de belleza y significado. Entre quienes siguen demostrando su destreza y tirando de creatividad para elaborar adornos personales de incalculable valor se encuentra Pilar Argudín. Esta asturiana mantiene viva la tradición joyera en la capital del Principado, con creaciones que reflejan talento, pasión y elegancia.
Desde niña soñaba con dedicarse profesionalmente a diseñar y elaborar todo tipo de joyas a partir de gemas y otros materiales en bruto. Al ver a los hombres de su familia crear brillantes anillos, relucientes pendientes y elegantes collares, ella también ansiaba hacer lo mismo con sus propias manos. «Me llamaba mucho la atención el oficio, por eso siempre tuve claro que quería dedicarme a esto», asegura la ovetense, quien, tras cursar los estudios de gemología y joyería en la Escuela de Minas de la Universidad de Oviedo, abrió su propia joyería en la ciudad.
Corría el año 1996 cuando, junto a su madre y su hermana, inauguró una boutique de joyas en la calle Covadonga, continuando así la historia de una saga que lleva más de siglo y medio manteniendo con vida este tradicional oficio. «Toda mi familia materna fueron joyeros. Mi tatarabuelo fundó la primera joyería en 1873, en París, donde llegamos a tener hasta nueve tiendas», relata la ovetense con raíces francesas. A día de hoy, representa la quinta generación al frente de la firma Maingourd, que conserva el apellido de su fundador desde sus orígenes en el siglo XIX.
Hechas con materiales naturales y de primera, la mayoría de las joyas que Pilar vende en su tienda de Oviedo son modelos originales creados por ella. «Me encargo personalmente de hacer los diseños y suelo inspirarme en todo lo que me rodea. La inspiración me viene sola. Por ejemplo, tras un viaje a Ronda, hice una colección basada en los cierres de forja de las casas. Cree también una línea de joyas sobre la ciudad de Lisboa y proyecté una sortija que toma como referencia el Grand Palais de París», detalla. Da también rienda suelta a su creatividad para sacar todo el potencial a esas piedras preciosas para convertirlas en piezas únicas y llenas de personalidad.
No puede precisar cuánto tiempo tarda desde que concibe una idea hasta que se hace realidad, pero sí tiene muy claro que, cuando una sortija, una pulsera o una gargantilla ve la luz, se siente fascinada. «Pasar de tener algo en tu cabeza, a dibujarlo, a plasmarlo en un papel, a escoger las piedras, el oro y los metales que vas a utilizar… y de repente verlo transformado en algo físico es maravilloso. Yo siempre digo que la joya es una mini escultura, una escultura que además podemos lucir», resalta Pilar, quien ha externalizado el trabajo del taller para poder centrarse en el diseño y en la creatividad de cada pieza.
Quienes lucen diseños de la firma Maingourd son, principalmente, mujeres de todas las edades y de distintos ámbitos sociales, lo que demuestra la capacidad de sus joyas para adaptarse a cualquier personalidad. «Nuestra clientela abarca desde jóvenes hasta adultas, porque ofrecemos piezas para todos los gustos y presupuestos. En nuestra tienda puedes encontrar pulseras con diamantes por 160 euros y de ahí en adelante hasta donde quieras pagar», destaca.
La joyería también ha visto cómo ha cambiado el perfil de compradores en las últimas décadas. «Antes eran principalmente los hombres quienes compraban las joyas para regalar a sus mujeres y, por tanto, la mayor parte de la facturación se hacía en Navidad. Hoy, en cambio, somos nosotras quienes nos compramos las piezas, y las ventas se distribuyen casi por igual a lo largo del año», explica.
Son mayoritariamente asturianas las que confían en esta joyería de Oviedo para realzar sus atuendos con sus elegantes y sofisticadas creaciones. Pero no son las únicas. Mujeres de otras regiones de España también quedan fascinadas con sus piezas y les hacen un hueco en sus joyeros. «Tengo muchas clientas en Madrid», comenta orgullosa la ovetense del gran reclamo de sus diseños.
Algunas de las joyas de la firma Maingourd han llegado a ser lucidas por celebridades y miembros de la realeza. «Cuando teníamos las tiendas en París nos relacionábamos con la corte europea. De hecho que tenemos un montón de diseños para la corona británica, para la reina Inglaterra», cuenta.
Pilar mantiene la ilusión de que algún día la reina Letizia pueda lucir alguno de sus diseños. «Hice una colección inspirada en la princesa Leonor. Pensando en ella, cuando era más jovencita, creé unas piezas muy formales, pero juveniles, con aguamarinas. Es una piedra que utilizo con frecuencia en mis diseños, porque me encanta», precisa.
Las personas que lucen joyas diseñadas por esta ovetense pueden presumir de llevar algo único, ya que «cada pieza es exclusiva». «Eso es precisamente lo que más valoran mis clientas, que huyen de las joyas producidas en serie y de las grandes franquicias, ya que buscan originalidad, distinción y la posibilidad de llevar creaciones diferentes que reflejen su estilo personal», asegura. Por esta razón, desde que abrió su joyería hace tres décadas, son muchas las mujeres que continúan eligiendo sus piezas año tras año.
«Tengo una clientela súper fiel. Muchas mujeres compran mis diseños desde hace tres décadas y, además, me traen a sus hijas y nietas para que también lleve mis joyas», comenta Pilar, quien, a diferencia de otros comercios locales, sigue incorporando nuevas clientas a su cartera. No teme por tanto por el futuro del negocio, por lo menos a corto plazo. No sabe si el día de mañana habrá relevo generacional en la joyería pero está convencida de que el oficio en el que se emplea no desaparecerá. «La joyería ha existido siempre y siempre existirá», manifiesta.
«A las mujeres siempre nos ha gustado lucir joyas y además nos gusta tenerlas porque tienen un componente sentimental. Te compras un bolso o una prenda de ropa y acaba pasando de moda, pero una joya no. No solo te acompaña toda la vida, sino que también puede ser heredada por tus hijas y nietas. Permanece en la familia durante generaciones, por eso es un artículo que nunca pasa de moda», explica.
Para que estas piezas de arte resistan al paso del tiempo es muy importante conservarlas en buen estado. «Es fundamental revisarlas cada cierto tiempo porque las piedras naturales aunque sean de buena calidad también pueden llegar a romperse. Por eso, si se te cae un pendiente o le diste un golpe a la sortija debes pasarte por la joyería», aconseja.
Así, gracias a ofrecer piezas especiales, personalizadas y de la mayor calidad posible, además de brindar el mejor trato al cliente, Pilar ha logrado consolidar una joyería que combina tradición, creatividad y exclusividad, convirtiéndose en un referente del sector y en un lugar donde cada joya cuenta una historia única.