La clásica mercería de Oviedo que sigue de moda: «No paramos de recibir a nuevos clientes»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

De izquierda a derecha: Marián Romero y María Fernández, las responsables de mantener con vida la mercería Rizury
De izquierda a derecha: Marián Romero y María Fernández, las responsables de mantener con vida la mercería Rizury

Al frente de este negocio con más de medio siglo de actividad se encuentra María Fernández, quien ha conseguido consolidar la tienda como un referente en la ciudad

14 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay negocios que, por pequeños que sean, consiguen resistir el paso del tiempo. Aunque muchos no han podido sobrevivir a las crisis económicas, la creciente competencia y los cambios en los hábitos de consumo, otros han sabido adaptarse sin necesidad, además, de perder su esencia. Es el caso de Rizury. Situada en el bajo número 18 de la calle Palacio Valdés, en Oviedo, esta mercería de toda la vida sigue funcionando y, encima, lo hace a pleno rendimiento. «No paramos de recibir a nuevos clientes y lo bueno de todo es que es gente joven», destaca María Fernández, la responsable de este establecimiento que sigue siendo un referente del comercio tradicional en la ciudad.

Para conocer los orígenes de esta tienda, sin la que no se entendería la historia de la capital asturiana, hay que remontarse al siglo pasado. Corría el año 1971 cuando la propietaria de la mercería gijonesa La Madeja, considerada en su día como una de las que más lana vendía de toda la región, decidió dar el salto a Oviedo y abrir un nuevo establecimiento para satisfacer la creciente demanda de artículos de costura, labores y confección, en una época en la que coser, tejer y arreglar la ropa formaban parte del día a día de muchos hogares. Dos décadas después, al jubilarse su fundadora, Rizury pasó a manos de una de las empleadas, que asumió el reto de mantener vivo el legado del establecimiento.

Vista de la entra de la histórica mercería Rizury
Vista de la entra de la histórica mercería Rizury

Durante casi tres décadas, aquella dependienta mantuvo viva la esencia de la mercería ovetense hasta que, en 2020, María Fernández cogió las riendas del negocio. «Fue ella (la anterior propietaria) quien me animó a quedarme con la tienda. Iba a jubilarse y, como yo siempre había trabajado en tiendas de ropa, pensó que podía desenvolverme bien aquí. Así que me lancé», asegura. Tomó la decisión casi sin pensárselo, puesto que si se hubiera parado a analizarlo demasiado, probablemente no habría dado el paso. Y es que el relevo coincidió con el estallido de la pandemia del coronavirus, un momento especialmente complicado para el comercio.

La crisis sanitaria hizo que sus comienzos al frente de la mercería fueran aún más complicados. Además de enfrentarse a las dificultades derivadas de la pandemia, tuvo que familiarizarse con un sector que hasta entonces desconocía y aprender las particularidades del negocio. «Lo bueno de todo es que conseguí mantener las ventas porque, al final, Oviedo es una ciudad pequeña, en la que más o menos todos nos conocemos, así que logré captar nueva clientela, además de conservar la que ya había», confiesa la actual responsable de Rizury, quien asegura que, a día de hoy, la tienda sigue incorporando compradores.

Buena parte de quienes cruzan la puerta del establecimiento son, además, personas «muy jóvenes», una muestra de que existe relevo generacional entre la clientela de esta histórica mercería ovetense. «Desde la pandemia, muchas personas empezaron a apuntarse a clases de costura, de punto o de ganchillo y vienen por aquí para hacerse con el hilo, la lana y el resto de materiales que necesitan», explica. Este interés creciente por este tipo de labores manuales ha permitido a la tienda del centro de la ciudad ampliar su clientela.

A esta mercería que lleva más de medio siglo con sus puertas abiertas no solo acuden residentes de Oviedo sino también de otros puntos de Asturias. «Hay gente que viene específicamente de fuera a comprar aquí. Tenemos incluso clientas que por motivos laborales viven en Madrid y hasta en Londres, que cada vez que vienen pasan por aquí o mandan a sus padres a comprar lo que necesitan», destaca, orgullosa y agradecida a partes iguales por la confianza que tantas personas siguen depositando en el establecimiento, que se ha convertido en un referente del sector no solo en la capital sino también en toda la región.

Los hilos que se comercializan en esta mercería de Oviedo son de la marca Gütermann
Los hilos que se comercializan en esta mercería de Oviedo son de la marca Gütermann

Pero, ¿qué hace que Rizury cuente con una clientela tan amplia y fiel? Una de las claves está en la variedad de su oferta. «Aquí tenemos de todo», resume. En sus estanterías conviven botones de todos los tamaños, formas y diseños; hilos de distintos grosores y colores; una cuidada selección de lanas y lazos; además de pasamanerías, puntillas y tirabordas. «También vendemos calcetines, leotardos, ropa interior, medias o cordones», señala, antes de reconocer entre risas que «no podemos tener más porque el espacio es pequeño». A todo ello se suman otros servicios muy demandados, como la venta de etiquetas para identificar la ropa y la personalización de bolsos y mochilas, especialmente en época de vuelta al colegio.

«Procuramos siempre de tener las últimas novedades», reconoce María, quien cuenta con la inestimable ayuda de Marián Romero, su empleada, para estar al día de las tendencias y responder a las necesidades de una clientela cada vez más diversa. Juntas trabajan para incorporar nuevos productos «de la máxima calidad posible» sin perder la esencia de un establecimiento que conserva el mismo mobiliario que cuando abrió sus puertas en la década de los 70. «La tienda sigue igual que cuando se inauguró. Lo único que cambiamos fueron las traseras, que las pintamos de gris para que se viese más claro el espacio, pero el mostrador, el espejo y el resto de muebles que ves son los mismos», reconoce.

En la mercería Rizury tienen una amplia variedad de botones
En la mercería Rizury tienen una amplia variedad de botones

Otro de los secretos del éxito de este negocio está en el trato que ofrecen al cliente. «Es muy personalizado y cercano. Nosotras tratamos siempre de ayudar a quien entra por la puerta y eso es algo que agradecen mucho. Es más, después de marcharse, al cabo de unos días vuelven para enseñarnos las labores que han hecho con lo que nos compraron», explica, poniendo en valor la estrecha relación de confianza que han logrado construir con su clientela. Un vínculo que, en muchos casos, va más allá de una simple compra y que ha convertido a Rizury en un punto de encuentro para los amantes de la costura y las labores.

Es tanta la fama que precede a esta mercería de Oviedo que hasta la Infanta Elena se ha pasado por la tienda, aprovechando una de sus estancias en la capital de Asturias. «Cuando la vi entrar por la puerta no me di cuenta de que era ella, pero enseguida una clienta me dijo quién era. Aun así, la traté como a una clienta más, porque al final son personas a las que hay que respetar su intimidad. Cuando se marchó, una de las mujeres que la acompañaban se dio la vuelta y me preguntó por mi jefa. Me quedé muy sorprendida y enseguida me explicó que quería decirlo lo bien que las había atendido y por la discreción que había sido. Cuando le dije que la jefa era yo, me respondió: «Te felicitamos y te damos las gracias, la infanta Elena y nosotras», señala Marta, quien con esta anécdota demuestra que la cercanía y la discreción son dos de los valores que mejor definen la esencia de su negocio.

Como esta, son muchas las anécdotas que han vivido entre las cuatro paredes de esta pequeña tienda del centro de Oviedo. Más de medio siglo después de abrir sus puertas, Rizury sigue siendo uno de esos comercios que han conseguido resistir el paso del tiempo y que aspiran a seguir escribiendo su historia durante muchos años más. Ese es, al menos, el deseo de María, que confía en poder poner punto y final a su trayectoria laboral en este negocio y dejar el relevo en las mejores manos. «Me encantaría poder jubilarme aquí y que después fuera Marián quien cogiera las riendas. Llevamos muchos años trabajando juntas, no solo en esta tienda, sino también en otra, y me haría muchísima ilusión que fuera ella quien continuara con este legado», concluye.