La asturiana que cambió un empleo fijo por el barro y hoy lucha por preservar un oficio con siglos de historia
LA VOZ DE OVIEDO
Inés Caso cuenta con una tienda-galería en Oviedo donde, además de vender sus piezas, trata de acercar al público el valor de la cerámica como expresión artística y forma de vida
19 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La cerámica es uno de los oficios más antiguos de la humanidad. Surgió hace miles de años como respuesta a la necesidad de fabricar recipientes para almacenar agua y alimentos. Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse también en un lenguaje artístico. Hoy, esta disciplina que convierte el barro, la arcilla y otros materiales en piezas únicas, con mucha personalidad, sigue viva gracias a personas como Inés Caso. La artesana cuenta con una tienda-galería en el centro de Oviedo donde, además de vender sus colecciones, promueve este trabajo manual como una forma de pensamiento y de expresión.
Bajo el nombre de Terra Serena, desde este acogedor y tranquilo espacio de la calle González del Valle reivindica también los beneficios de esta disciplina, que favorece la creatividad, la concentración y el bienestar emocional, al tiempo que trata de despertar nuevas vocaciones. Quiere encontrar nuevas manos que recojan el testigo y mantengan vivo este trabajo artesanal. «Si mañana cae la tecnología, ¿quién levantará el mundo si no es la gente de oficios?», advierte esta asturiana, que decidió dejar un puesto fijo en un estudio de diseño para convertir el barro en su forma de vida.
Esta pasión que Inés siente y transmite por la cerámica la heredó de su madre. «Le encantaba esta disciplina. Compraba siempre muchas piezas y hacía que nuestra casa estuviese llena de cerámica. Cada vez que hacíamos algún viaje, aprovechábamos para visitar talleres que encontrábamos a nuestro paso», recuerda. Aunque su afición por este arte nació poco a poco, puede que la llevara en la sangre. «En el pueblo de mi familia materna, Llames de Parres, encontraron junto al río varios fragmentos de cerámica que apuntan a la existencia de un antiguo alfar. Igual esto es genético», bromea la artesana, que tardó años en descubrir su verdadera vocación.
Antes de dedicarse al barro, sus manos tenían otra misión. Trabajaba en la gestión de un estudio de diseño, donde se encargaba de preparar presupuestos, tramitar facturas, coordinar reuniones y supervisar los plazos de los proyectos, entre otras tareas. Por aquel entonces, nada hacía presagiar que acabaría cambiando el ordenador por el torno. Sin embargo, todo cambió cuando descubrió las creaciones del artista Benjamín Menéndez y comprobó de primera mano que la cerámica iba mucho más allá de la artesanía. «A raíz de ahí empecé a juguetear con pasta de modelar», recuerda.
Tras mudarse a Inglaterra comenzó a visitar exposiciones de cerámica para ampliar sus conocimientos y empaparse de las distintas técnicas y estilos. Cuando regresó a España, decidió perfeccionar la técnica que poco a poco fue puliendo durante su año de estancia en el país británico. «Tenía muy claro que quería dedicarme a esto porque era lo que realmente me gustaba. Así que decidí formarme y buscar la mejor preparación posible. Hice un curso intensivo en Espacio Cerámica, en Gijón, con cinco horas de formación diarias. Después continué en la Escuela de Cerámica de Avilés, donde estuve dos años», detalla.
Decidida a vivir de su pasión, abrió un estudio de cerámica en un pueblo de Noreña, donde durante dos décadas moldeó sus propias piezas y consolidó su trayectoria como artesana. En este espacio, ubicado en una de las zonas más rurales de Asturias, también formó a decenas de alumnos, transmitiéndoles un saber hacer que va mucho más allá de la creación de objetos de barro. Pese a que su proyecto profesional atravesaba por un buen momento, por motivos personales, se vio obligada a cerrar el taller. Continuó, no obstante, amasando arcilla en su casa para seguir dando rienda suelta a su imaginación y, de paso, desconectar de los problemas que habían inundado su mente.
El renacer de Terra Serena
Al verla atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida, un buen amigo la animó a retomar los talleres. Sabía que la cerámica era la única actividad capaz de mantenerla a flote. «Le hice caso y empecé a dar clases de cerámica creativa en un centro de actividades de Oviedo», cuenta. La acogida superó todas sus expectativas y, en apenas unas semanas, ya contaba con un grupo fijo de alumnas. Como a medida que pasaban los meses la demanda no dejaba de crecer, en 2025, apostó por abrir en el centro de la ciudad una tienda en la que, además de vender sus creaciones, enseñaría al público el talento artístico de otros artesanos asturianos. «Siempre fue mi ilusión», confiesa.
«Un amigo escultor que tenía una galería de arte me trajo las cabezas del ceramista Juan Pérez. A partir de ahí, otros artistas conocieron el local y comenzaron a proponerme exponer sus obras. Y yo no dejaba de decir que sí. En un solo año llegamos a organizar más de siete exposiciones, cada una con su correspondiente inauguración», recuerda Inés. El éxito de Terra Serena supuso un punto de inflexión en su trayectoria. Poco después de abrir este espacio, asumió la presidencia de la Agrupación de Ceramistas y la dirección de la Feria Nacional de Cerámica Creativa de Oviedo, dos responsabilidades desde las que continúa trabajando para dar visibilidad a este arte y acercarlo a un público cada vez más amplio.
La artesana asturiana centra todos sus esfuerzos en defender la cerámica creativa como un lenguaje artístico. Por eso, aunque la actividad principal de Terra Serena está centrada en la venta de sus colecciones y de una cuidada selección de ceramistas y artistas invitados, durante el verano y el otoño la tienda también acogerá exposiciones con obras de autoras como Marina Purón, Marga Peña y Carla del Bianco, así como de ceramistas de reconocido prestigio como Juan Pérez, Agustín García Benito y Yano Yoro. La propuesta ofrecerá una amplia diversidad de piezas, estilos y formatos, con opciones para distintos tipos de coleccionistas, regalos y presupuestos, manteniendo siempre una cuidada selección basada en el valor de la creación contemporánea.
Trata también por todos los medios de dar a conocer todo lo que aporta trabajar con la arcilla al bienestar físico y emocional. «Hay suficientes estudios que demuestran los beneficios de trabajar con la arcilla en personas con enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer, así como en casos de depresión o ansiedad. Modelarla nos obliga a parar, a coordinar mente y manos y a centrar toda la atención en lo que estamos haciendo. Así dejamos atrás los pensamientos rumiantes y damos paso a la creatividad. La arcilla tiene además la particularidad de que estás tocando tierra y, quieras o no, ese contacto también tiene un efecto muy positivo», sostiene.
Inés también se vuelca en reivindicar el oficio del ceramista y el valor de la artesanía como parte del patrimonio cultural. «Es el momento de aprovechar que la sociedad vuelve a estar abierta a los oficios y entiende su importancia. La artesanía forma parte de la identidad de un pueblo y también sostiene a muchos pequeños negocios y profesionales. Durante un tiempo dejó de valorarse, sobre todo con la llegada de productos baratos importados, pero ahora la tendencia está cambiando. Cada vez se aprecia más lo hecho a mano, elaborado con tiempo y cuidado. Eso también es sostenibilidad y salud, tanto para quien crea las piezas como para quien decide comprarlas», recalca.
Otro de sus propósitos es encontrar nuevas manos que permitan mantener con vida un oficio sin el que no se entiende la historia de la humanidad. Para ello, organiza actividades formativas fuera de la tienda-galería, en distintos espacios de Oviedo, con el propósito de acercar la cerámica al mayor número de personas posible. Su oferta incluye sesiones de iniciación, pensadas para que los participantes descubran este arte y comprueben si disfrutan trabajando con el barro; cursos mensuales con clases semanales; propuestas temáticas dedicadas a piezas concretas, como juegos de sushi, rituales de té o ikebanas; y formaciones intensivas impartidas por ceramistas de prestigio que exponen en la galería y comparten técnicas más especializadas. «Quien quiera adentrarse en los procesos creativos y tomárselo en serio tiene que aprender de los expertos, de quienes han heredado este oficio y lo han mantenido vivo generación tras generación», aconseja.
Sus cursos gozan de una gran acogida y algunas de sus alumnas —hablamos en femenino porque la mayoría de las personas que acuden a los talleres son mujeres— han llegado incluso a profesionalizarse. «En muy poco tiempo conseguí transmitirles esa pasión, aunque, en verdad, ellas ya llegaban con interés y una base creativa. Entonces, cuando veo que alguien tiene verdadero interés por aprender y le interesa el oficio, comparto todo lo que sé. Creo que el conocimiento hay que transmitirlo, porque solo así conseguiremos rescatar este oficio», confiesa.
La artesana asturiana, al igual que otros profesionales del sector, está convencida de que esta disciplina solo sobrevivirá si se transmite de generación en generación. Por eso, «independientemente» del espacio donde se ubique su tienda-galería, Inés Caso seguirá acercando la cerámica a todo aquel que quiera descubrirla.