Elena Aguirre, madre de seis hijos: «Tenemos un presupuesto para llegar a fin de mes, del que no podemos salir»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

La asturiana Elena, con sus seis hijos. De izquierda a derecha: Elena (13 años), Rodrigo (3), Juan (13), Manuel (4), Luis (18) y Camino (16)
La asturiana Elena, con sus seis hijos. De izquierda a derecha: Elena (13 años), Rodrigo (3), Juan (13), Manuel (4), Luis (18) y Camino (16)

Esta asturiana de 44 años cuenta cómo es vivir con seis menores en casa y qué hay detrás de una familia que funciona «como un equipo»

22 sep 2026 . Actualizado a las 20:34 h.

No convivió con bebés, ni durante su infancia ni en la adolescencia, porque «nadie» de su entorno más cercano tenía descendencia. Desconocía «por completo» lo que suponía cuidar y criar a un menor y, sin embargo, Elena Aguirre siempre tuvo claro que quería ser madre. Cuando, a los 26 años, hizo realidad este deseo, se dio cuenta de que era lo mejor que le había pasado en la vida. Así que no se lo pensó más y se puso a buscar al segundo. «Más que porque era lo que yo quería, pensaba que era un regalo para mi primogénito. Soy hija única y siempre eché de menos tener hermanos. Además, al final, faltan tus padres y te quedas solo», admite esta ovetense, que hoy es parte de una familia numerosa de ocho miembros.

Nunca tuvo dudas de que quería formar una familia pero «jamás» imaginó que iba a ser madre de seis. El mayor de todos ellos es Luis, que tiene 18 años, a quien le sigue Camino de 16. Después están Elena y Juan, ambos de 13 años. Manuel y Rodrigo, de 4 y 3 años, respectivamente, completan un árbol genealógico que echa raíces a ambos lados. «Mis cuatro hijos mayores son fruto de mi primer matrimonio y los dos pequeños de mi segundo marido», precisa, antes de admitir que el nacimiento de los mellizos incremento sus ganas de tener más retoños. «Disfruto mucho de verles unidos. Los recuerdos que están creando juntos estoy segura que no los van a cambiar por nada», confiesa.

Aunque muchos puedan pensar que criar nada más y nada menos que a seis hijos es una auténtica locura, Elena asegura que lo más complicado es convertirse por primera vez en madre. «Lo peor, sin duda, es pasar de cero a uno. Ahí es donde realmente te cambia la vida. Con el segundo, si que es cierto que también es un gran cambio porque necesitas más ayuda pero, a partir de ahí, te acabas apañando. Es más, no te cuesta tanto conseguir que alguien te eche una mano. En mi caso, lo noté más con estos dos últimos chiquititos. El hecho de tener hermanos mayores pululando por casa me ha servido de mucho porque, aunque evidentemente no me descargan de responsabilidades, siempre están ahí para ayudarme en lo que sea», admite.

Una familia bien organizada

Para que en una casa donde el bullicio inunda cada estancia, en cierta manera, reine el orden, el reparto de tareas resulta fundamental. «Hacemos calendarios para hacer la compra, sacar al perro...», asegura Elena, que procura que sus hijos sean lo más independientes posibles. «Es muy importante, al igual que enseñarles a ser responsables. Ellos saben que tienen que recoger sus juguetes, echar la ropa a lavar, prepararse el desayuno, aunque solo sea coger la taza. Además, deben estar pendientes de, por ejemplo, si falta leche o cereales», señala. Que sean capaces de desenvolverse por sí mismos en determinadas situaciones es una manera de prepararles para el futuro. «Si a tus hijos no les das autonomía y toda la vida dependen de ti es imposible», advierte.

Una organización que puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza cuando entran en juego las actividades extraescolares, con sus horarios y correspondientes traslados. «Siempre hemos intentado que no fueran a las del cole, para que conocieran a gente distinta y, de paso, salieran un poco del día a día que viven desde que entran hasta que salen», explica. Una decisión que implica, por tanto, «más logística». «Al final, lo que haces es encaje de bolillos. O bien buscas que las actividades estén más o menos cerca de casa y que los horarios sean parecidos, o empiezas a hacer el cuadrante», asegura la ovetense, que llegó a pasar «tardes literalmente en el coche» con todos ellos dentro, haciendo los deberes y merendando entre desplazamiento y desplazamiento.

Cuando hacer cuentas es imprescindible

Pero, «sin duda», lo más complicado de ser familia numerosa es llegar a fin de mes. El esfuerzo económico que deben asumir Elena y los padres de sus hijos es «muy importante». «Nunca nos hemos planteado dejar de trabajar porque sino sería imposible mantenerlos a todos. Sí que durante algunas temporadas me vi obligada a reducir la jornada laboral, sobre todo en verano, para cuadrar los horarios, pero no fueron muchas horas porque no me lo puedo permitir», admite. Para tener cubiertas todas las necesidades básicas hacen una planificación financiera, lo más ajustada posible, que les permita hacer frente a los gastos del día a día sin renunciar a aquello que consideran imprescindible. «De ese presupuesto no nos podemos nunca salir», afirma.

Además de no excederse en la partida económica, la ovetense, su exmarido y su actual pareja procuran que los menores sean «conscientes» de lo que implica tener según qué cosas. «Desde muy pequeños les hemos enseñado también a gestionar su dinero y a entender la manera de conseguirlo. Y esto es algo de lo que me siento muy orgullosa porque, gracias a ello, los dos mayores han empezado a trabajar en su tiempo libre para tener unos ingresos y, así, poder permitirse algún capricho. Nosotros esos gastos extra no nos los podemos permitir», asegura la ovetense, antes de señalar, que buena parte del presupuesto que manejan se va en la cesta de la compra. «Y eso que planificamos previamente las comidas y tratamos de evitar los ultraprocesados, que son más caros», apunta.

Tienen beneficios fiscales y descuentos en algunas empresas, pero hay determinadas épocas en el que el número de facturas se dispara como en septiembre. «La vuelta al cole es una locura y, sobre todo, este año. Hemos pasado a los libros electrónicos y, aunque ya no tenemos que comprarlos en papel, las licencias digitales también son bastante caras, por lo que, al final, el ahorro es prácticamente inexistente. A la compra de material escolar tienes que sumarle la ropa y los zapatos...», asegura. Para hacer frente a estos gastos extraordinarios, no tienen más remedio que renunciar a algunos planes, como ir de vacaciones. «No nos podemos permitir viajar lejos o con frecuencia», asegura y reconoce que, en ocasiones, sus hijos sienten cierta envidia al compararse con sus compañeros. Sin embargo, «son conscientes de que no les falta de nada».

Pese a que tiene que hacer importantes sacrificios, Elena entiende estas renuncias como una inversión en el bienestar de sus retoños. Si sus seis descendientes pueden disfrutar y tener aquello que necesitan, no le importa lo más mínimo privarse de determinadas cosas, incluso de prosperar en el ámbito laboral. «Con una familia numerosa es más difícil desarrollarte como profesional e incluso como persona porque, al final, tus hijos te quitan el tiempo libre para ti. Además, aunque exista ayudas para la conciliación, llegas a casa siempre de trabajar muy cansado y, en vez de descansar, tienes que ponerte a atender a tus hijos, a poner lavadoras, secadoras, cocinar… se multiplican las tareas», dice la ovetense, quien, en cierta manera, echa de menos, tener un rato para ella sola.

Compartir el tiempo

No solo le cuesta encontrar tiempo para ella, sino también para dedicar un rato en exclusiva a cada uno de sus hijos. «Es muy difícil. Por eso, lo que hago es buscar momentos que compartamos todos juntos, como pueden ser las comidas. Trato también de adaptar determinados planes u horarios para que podamos estar todos. Esa es también la manera de poder disfrutar de todos y de cada uno. Eso no quita para que luego busque momentos especiales y, algún día, si me escapo con alguno a comprar ropa y aprovecho para tomarme un helado tranquilamente con él, mientras los demás se quedan con sus padres, con algún familiar o se cuidan entre ellos», reconoce.

Observar cómo sus hijos comparten su día a día y disfrutan «unos de otros» es «una de las mejores cosas» de ser madre de seis. «Esa sensación de saber que mis hijos, entre comillas, no dependen únicamente de mí, que no solo me tienen a mí como referente, sino que cuentan con muchas otras personas en las que apoyarse, que los cuidan y que forman parte de sus vidas, es algo maravilloso», confiesa. Porque, al final, explica, «intentas que su red de apoyo no seamos solamente nosotros, los padres». «Tratamos de que sean capaces de crear vínculos entre ellos y de generar ese sentimiento de cuidado y pertenencia, porque más que una familia somos un equipo», destaca.

Su mejor consejo

Completamente «orgullosa» de la familia que ha formado, Elena no se plantea ampliar la misma. «Me planto. Tengo 44 años y me siento súper cansada», confiesa. Eso sí, no duda en aconsejar a quien se quiera convertir en madre o padre. «Es cuestión de organizarse, de priorizarse y de buscar una buena red de apoyos, familia, amigos, compañeros… que te puedan echar una mano», asegura, antes de señalar, que todos los sacrificios que hay que hacer «vendrán de vuelta multiplicados». «No digo que tengan seis como yo pero, si se puede, al menos tener dos porque ellos disfrutan un montón y es muy bonito verles juntos», admite esta asturiana, quien reconoce que, aunque la maternidad también implica renuncias y momentos de cansancio, volvería a tomar la misma decisión.