Cuando falla el eje defensivo

España vuelve a padecer los síntomas que la apartaron de la segunda fase en Brasil 2014, cuando no funcionó el núcleo que forman Ramos, Piqué y Busquets

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Lo dijo Vicente del Bosque antes del comienzo del Mundial de Brasil 2014: «Si funciona el eje Ramos-Piqué-Busquets nos va a ir bien». No funcionó y no fue bien. Cuatro años después, hay quien piensa que se repite el mismo problema. España pasó a octavos como primera de grupo, un éxito relativizado por cómo se produjo: el VAR, muchas dudas y unos números pobres. «Este no es el camino», se quejó Fernando Hierro, aludiendo a la fragilidad defensiva después de que Marruecos, que no había hecho un gol, le marcara dos a España.

La selección se ganó su merecida fama en el Mundial de Sudáfrica 2010 por su fútbol exquisito, una circunstancia que sin embargo ocultaba una realidad estadística: tampoco recibía goles. Dos tantos en siete partidos del Mundial, y ambos en la fase de grupos. En las eliminatorias, repitió 1-0, ante Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda. Dos años más tarde, España ganó la Eurocopa ya con el famoso triángulo formado por Ramos, Piqué y Busquets. El tanto que sufrió en el partido inaugural ante Italia, a la que vapulearía (4-0) en la final, sería el único que recibiría en todo el torneo. 

Los temores de Del Bosque

Todo cambió en el Mundial de Brasil, que comenzó con los temores de Del Bosque hacia su núcleo defensivo. Muchos partidos a sus espaldas, mucha presión y cierta autocomplacencia después de tantos éxitos. Y no fue bien. A la derrota (5-1) con Holanda le siguió la caída (2-0) ante Chile, que propició el despido de la campeona. Y casi lo mismo en la Eurocopa de hace dos años, de la que España se despidió en octavos con la derrota (2-0) ante Italia. El denominador común de los últimos fracasos de España ha sido el inesperado bajo rendimiento de tres hombres tan regulares como básicos: Ramos, Piqué y Busquets. España vuelve a correr idéntico riesgo en Rusia.

Ramos fue el más señalado del frente a Marruecos, pues participó decisivamente en los dos goles del rival. A sus errores de posicionamiento añadió algo pocas veces visto, ya que su rival le ganó claramente en el salto tras un saque de esquina. Tampoco fue la noche más feliz de Piqué, lejos siempre de la jugada rival, y de Busquets, quien no se integró adecuadamente entre los dos centrales cuando Marruecos iniciaba cada contraataque.

Desgaste

Los tres son futbolistas con muchas batallas a sus espaldas. Ramos (32 años) llegó al Mundial con 42 partidos jugados con el Madrid y el estómago lleno tras ganar otra Liga de Campeones; Piqué (31) jugó 49 encuentros con el Barcelona, con el que ganó Liga y Copa; y Busquets (29) disputó 50 partidos con los azulgrana.

Hierro tiene una máxima preocupación para el partido ante Rusia: minimizar cualquier error de los zagueros, algo que está penalizando mucho en un Mundial en el que el balón parado supone casi el 50 % de los goles. Lejos de proponer una revolución en la alineación, su obsesión parece centrarse en apuntalar el sistema defensivo y quizá su única decisión trascendente sea incorporar a Koke como medio defensivo para ayudar a Busquets. «Koke es un jugador más posicional y el que más se puede juntar conmigo en un medio del campo». Palabra de Busquets.

En esas está un equipo que con Hierro avanza hacia el pragmatismo con una premisa que remite a los tiempos más antiguos: en momentos de apuro, lo urgente es apuntalar la defensa. Aunque se corra el riesgo de alejarse del modelo.

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