La hora de que actúe el entrenador

La crisis de juego de España ha situado a Fernando Hierro en una tesitura compleja, inesperada y casi inédita para él: la de ejercer de técnico

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krasnodar / colpisa

El 13 de junio pasado, un año exacto después de desvincularse del Oviedo, el único equipo al que ha dirigido, Fernando Hierro aceptó el cargo de seleccionador nacional tras el despido fulminante de Lopetegui. Luis Rubiales lo tenía a mano, en Krasnodar, y no lo dudó. El nuevo presidente de la federación no vio en el malagueño a un entrenador propiamente dicho. Rubiales quería que Hierro trabajará de Hierro. Confiaba en que el ascendente que tenía sobre el grupo sirviera para que la selección continuara por el mismo carril de los dos últimos años.

También Hierro esperaba algo así: no tener que cambiar casi nada -así lo reconoció en su presentación- y dejar su impronta a base de talante. Sin embargo, toda esta placidez ha saltado por los aires. España sigue viva, pero ha descarrilado futbolísticamente. El equipo necesita un cambio drástico si no quiere estrellarse. Ha llegado, por tanto, la hora de que actúe su entrenador, algo que no estaba previsto.

¿Qué hará Hierro? Nadie lo sabe, realmente. Lo que sí puede darse por descontado es que tendrá muy en cuenta la opinión de sus colaboradores: Julio Calero, un gran analista que trabajó también con Lopetegui en el Oporto; el preparador físico Juanqui Martínez; y Carlos Marchena, un buen amigo que sabe lo que es la selección y disputar un Mundial con la presión de ser favorito.

Se trata de una situación peligrosa. Hierro tiene por delante un examen personal de la máxima exigencia. Y se encuentra en un terreno desconocido para alguien de la vieja escuela: conceptos y mensajes simples y directos. Los problemas tácticos, las sesudas cuestiones de estrategia, los vídeos y las pizarras son para Calero.

¿Y los cambios en el once? Aseguran quienes le conocen que ni se plantea el relevo en la portería. Es un puesto que solo tocaría en caso extremo, ya con las llamas en el segundo piso. Más allá de De Gea, que seguirá bajo palos salvo sorpresa monumental, lo cierto es que no es fácil la cirugía que se plantea para que España recupere la solidez. Para empezar, su bloque defensivo -Carvajal, Ramos, Piqué y Jordi Alba, con Busquets por delante-, es prácticamente intocable. A Carvajal le falta ritmo, pero tras darle la titularidad ante Irán no parece que vaya a quitarle para poner a Nacho o Azpilicueta y dar mayor empaque a una defensa en crisis.

Por delante, tampoco se adivina mucho margen de maniobra, salvo que el propio diagnóstico del seleccionador sobre el estado del equipo sea tan alarmante que decida cortar por lo sano sacrificando incluso a vacas sagradas, al estilo de Joachim Löw con Khedira y Özil. Más probable se antoja que Hierro busque más fiabilidad posicional en la medular y meta a Koke con Busquets, y quizá también que se plantee dar una inyección de frescura al grupo con Asensio, lo que le obligaría a prescindir de Silva.

Iago Aspas también podría tener opciones como sustituto de Diego Costa, muy borroso ante Marruecos. Y poco más se atisba en el horizonte. La impresión es que Hierro, más que liderar de repente una revolución, intentará hacer lo que mejor sabe: buscar la reacción de España interviniendo sobre su estado de ánimo, levantando, uno a uno, el corazón de sus jugadores. Ya se verá si es suficiente.

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