El delantero que dribló a la pobreza

Roberto Martínez ya apostó por él en su etapa en el Everton

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Antes de jugar contra Brasil, Romelu Lukaku se enfadó cuando le preguntó un periodista inglés si consideraba «teatrero» a Neymar. «¡No es un actor! Los rivales son bastante más duros cuando se enfrentan a él. Le dan porque tiene cualidades que no son normales. Estoy seguro de que él será el mejor del mundo un día», dijo en perfecto portugués. Y es que muchos no saben que Adriano era su ídolo de infancia: «Cuando era niño tenía muchas cosas parecidas: mucha fuerza, era corpulento, le pegaba con la izquierda... quería ser como él».

Este gigantón, máximo goleador de la historia de la selección belga, con 38 tantos, es una caja de sorpresas. Sin embargo, lo que actualmente es una vida de dinero y éxito empezó en un hogar humilde, con una familia con graves problemas económicos y con el fútbol como única manera de escapar de aquella dura realidad. «Con seis años me di cuenta de que estábamos arruinados», confesó Lukaku en una entrevista a The Players Tribune.

Cuesta creer, al oírlo contar sus primeros años de vida, que Lukaku lograse llegar lejos en el mundo del fútbol: «No podía ver partidos porque tuvimos que quitar la televisión por cable. Recuerdo un día que llegué a la escuela y todo el mundo hablaba de la volea de Zidane en la final de la Champions. Yo no la había visto. Tampoco teníamos dinero para botas de fútbol, así que las tenía que compartir con mi padre».

Lukaku no solo tuvo que soportar problemas económicos, sino también las burlas y los ataques de los que lo acusaban de ser mayor de lo que decía por el desarrollo de su cuerpo. «Cuando tenía 11 años hubo partidos en los que otros padres venían a decir que yo no podía jugar, que no tenía la edad que decía tener, que querían saber dónde había nacido. Yo les decía que era belga. No entendía nada», dice Lukaku, cuya madre tenía que presentarse en muchos encuentros con el certificado de nacimiento.

Si algo ayudó al ahora delantero del Manchester United, apasionado de la NBA, fue su llegada a Bruselas para jugar en el Anderlecht. «Es una ciudad multicultural. Había muchos congoleños (Lukaku es de ascendencia congoleña). Me ayudó a crecer», confesó. Con apenas 16 años debutó con el Anderlecht, con 17 con la selección belga.

«Año tras año, la gente esperaba 20 goles de mí. Lo he estado haciendo durante diez años seguidos, así que creo que he demostrado lo que valgo. Esperas un poco más de respeto, pero es la situación en la que estamos. No lo escucho. Solo quiero mejorar y mostrar a la gente lo que puedo hacer en el campo. Mientras gane y conduzca a mi equipo a ganar, entonces estaré realmente satisfecho. Como futbolista, no juego para lo individual. Creo que muchos de los grandes jugadores que reconocemos hoy en el fútbol son jugadores que han ganado algo, y quiero ser parte de ellos».

Cumplió su ilusión de ir al Chelsea (idolatraba a Didier Drogba) junto a sus amigos Kevin de Bruyne y Eden Hazard, pero ni André Vilas-Boas ni José Mourinho le dieron opción de hacerse importante, pese a su provechosa cesión en el WBA.

Sí apostó por él Roberto Martínez en el Everton, pero tras una renovación rota, según el propietario del club, Farhad Moshiri, por una especie de vudú que vio su madre en África, decidió cambiar de aires y firmar por el United, uno de los clubes más importantes del mundo, que desembolsó unos 85 millones de euros por él.

Ya nadie duda de él. «Cuando las cosas iban bien, los periódicos hablaban de mí como Romelu Lukaku, el delantero belga. Cuando las cosas iban mal, era el delantero belga de origen congoleño». Ahora, con 25 años vive un sueño. Está en las semifinales de un mundial pugnando por la bota de oro con Harry Kane. Un sueño cumplido gracias al fútbol. «Estoy en una buena situación. El reto está ahí para ganar y es algo que quería», resume.

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