Bibiana Infante: «Los móviles son las cuidadoras más baratas del siglo XXI»

La entrenadora de padres en Disciplina Positiva creen que los deberes son la prueba de que el sistema educativo está fallando

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Redacción / La Voz

«Los deberes son una prueba de que el sistema educativo está fallando», se moja la psicóloga Bibiana Infante, directora de Disciplina Positiva Galicia y miembro fundador de la asociación española de esta forma de educar que aúna cariño y firmeza. Esta «profe de profes» me recibe en un kit kat de tiempo entre taller y taller profesional, en el parque, ejerciendo como madre.

-Es lo fuerte de la jornada.

-Ese planazo de las madres... ¡momento parque!

-Hoy les comprendemos, nos adaptamos a ellos, compartimos muchas cosas juntos, ¿a costa de exigirles más?

-Queremos darles muchas experiencias de vida. Me lo llevo aquí, me lo llevo allá... Queremos hacerles partícipes, pero a veces no nos damos cuenta de que son niños, de que se descolocan, de que se pasan de rosca... Y ahí ya no somos tan tolerantes, y llega el reproche: «Encima que te traigo, no te gusta». Pero, por otro lado, nos volcamos haciéndoles supercumpleaños, fiestas con muchísimas opciones... Y es demasiado. Ni Juanín ni Juanón.

-Varios expertos han desatado la alerta en torno a los móviles. ¿Se nos están yendo de las manos?

-Los móviles son las cuidadoras del siglo XXI, así les llamo yo; son baratas, no cuestan casi nada, igual cien euros al año. Lo de cuidadoras lo digo en el sentido de que son los móviles los que se encargan de entretener a los niños en la sala de espera, en el avión... Lo tenemos muy fácil, el niño queda obnubilado.

-Pero el coste a la larga es alto.

-Claro. Al darles el móvil o la tablet para todo acaban asociándolo a comer, a estar en el restaurante o a dormir. Y la asociación es peligrosa, hace que no se centren en cosas básicas como comer. Pero también exigimos a los niños cosas que no están preparados para soportar...

-¿Pasamos del baby bum a la adultocracia, pocos niños en un mundo muy adulto?

-Sí. Hay que ser realista. No podemos pretender que un niño aguante en un restaurante una tertulia de dos horas. O no te tomas el café o lo haces en un sitio donde él pueda moverse. Como padre debes entender que tu hijo no puede aguantar una hora viendo cómo hablas de Cataluña con otros comensales.

-Los padres de antes no nos llevaban tanto a comer fuera ni nos sobrevolaban...

-Estábamos en casa, comíamos en casa... Hoy sí nos llevamos a los niños a todas partes, o porque no tenemos con quien dejarlos o porque no tienes cancha ni para ir a hacer la compra. Las cosas han cambiado, pero hay que seguir haciendo cambios.

-¿Qué necesitan los niños?

-Un buen modelo. Si lo que ven cuando están contigo es una persona con autocontrol, asertiva o tolerante, lo van a copiar. Ellos aprenden por imitación. Mejor una madre que se muestra así dos horas que otra que está seis horas con ellos y se pasa gritando cinco. Siempre debe haber respeto mutuo. Hay que respetar al niño, pero el respeto empieza por ti mismo.

-¿Hay que ponerles límites?

-Amablemente. No gritarles ni humillarles, pero sí decir «no» con cariño. Los padres tenemos que aprender a cerrar la boca. Un simple «no» es suficiente.

-¿Malcrían los besos o hay que darles muchos?

-El contacto es bueno, no malcría. Un abrazo de 20 segundos químicamente te descompone. ¡Te desploma! Pero hay familias muy besuconas y otras que no tienen por qué serlo. Lo que importa es el concepto de amor incondicional. Que aunque el niño se equivoque o cometa un error, sienta: «Me van a querer siempre».

-¿De los errores se aprende?

-Con los errores se crece.

-¿Y el elogio, les arropa o les desarma?

-A nadie le amarga un dulce... Pero cuando al niño le dices 50 veces qué bien pinta, no se lo cree. El elogio desmedido genera baja autoestima e inseguridad. Es como alimentarles solo con dulces.

-César Bona advierte que se debe aprender sin deberes. ¿Por qué prueban un fracaso del sistema educativo?

-Es raro que tras pasar siete u ocho horas en el colegio, tengan que seguir trabajando en casa. Es como si estás ocho horas en tu empresa y te llevas dos de trabajo a casa. Entonces, algo no va bien.

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