Un canal infantil duplica la publicidad de comida basura de los generalistas

Los anuncios en esta cadena son, además, de alimentos de peor calidad nutricional

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redacción / la voz

Si el dicho de que la comida entra por la boca es cierto, entonces los niños deben de estar dándose un auténtico festín en el sofá. Y no es precisamente un atracón de manjares saludables, sino de alimentos procesados y ultraprocesados con un alto contenido en grasas, grasas saturadas y azúcares. La peor de las dietas. Puede que resistan la tentación, pero no les será fácil, porque están continuamente bombardeados desde la televisión, especialmente en los canales infantiles, con anuncios de refrescos y de todo tipo de comida rápida con un bajo contenido nutricional y altamente calórica. Es lo que se advierte en un estudio realizado por la Universidad de Barcelona y publicado en la Revista española de Nutrición Humana y Dietética en el que se analiza el número de impactos y la calidad nutricional de los mensajes emitidos en los medios generalistas con más audiencia y publicidad (Telecinco, Antena 3, La Sexta y Cuatro) y en el canal infantil Boing. 

No es la primera vez que se realizan trabajos de este tipo, con similares conclusiones, pero los resultados que se recogen en este son especialmente contundentes: el 37 % de los anuncios que se difunden en la emisora dirigida a los niños se corresponden con alimentos procesados y ultraprocesados, lo que duplica la publicidad de este tipo que se ofrece en las cadenas generalistas. Pero hay más: la calidad nutricional de los productos dirigidos a los niños es peor que la que se les muestra a los adultos.

Los investigadores, que identificaron 2.616 anuncios, de los cuales 514 (19,6 %) estaban relacionadas con refrescos y comida rápida, emplearon para valorar su calidad nutricional el denominado semáforo Nutricional, un sistema que se emplea en el Reino Unido desde el 2007 por el que todos los productos que se venden en los supermercados se clasifican en rojo (niveles altos), ámbar (medio) y verde (bajo) atendiendo a su porcentaje de grasas, grasas saturadas, azúcares y sal. En los tres primeros parámetros, el semáforo se puso en rojo para los alimentos anunciados en Boing, y en ámbar para el cuarto. Fue, con diferencia, la peor nota si se compara con la de los spots ofrecidos en las otras cuatro cadenas, dirigidas a todos los públicos. La mejor puntuación correspondió a Telecinco, con un verde para los cuatro nutrientes analizados. 

«Si en la hipótesis de partida ya nos podíamos imaginar algo así, porque basta con ver 15 minutos de Boing para intuir los resultados, el análisis completo de todos los datos fue peor incluso de lo que esperábamos. Es sorprendente que los niños estén tan expuestos al peor perfil nutricional, pero lo es más aún la gran presión publicitaria a la que son expuestos», explica Félix A. Morales, el primer autor del trabajo. «En los canales generalistas -añade-, uno de cada cinco anuncios son de productos procesados y ultraprocesados, pero en el infantil lo son más de dos de cada cinco. Y esto es grave porque los niños no tienen herramientas para juzgar si los mensajes que reciben son buenos o malos. Son la población más vulnerable e indefensa porque no tiene la capacidad de detectar el afán persuasivo de la publicidad, de darse cuenta de que les están vendiendo algo». 

«El sistema no es eficaz»

En España, la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores está controlada por el Código PAOS desde el año 2005, en una acción que se amplió en el 2012 con la participación de la Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria (Aecosan), pero los límites no están marcados por una ley, sino por un sistema de corregulación establecido entre la industria publicitaria y el Gobierno.

«A la vista de los datos -destaca Morales- está visto que este código no es eficaz, porque no evita la exposición de los niños a los productos poco saludables, lo que entra en una clara contradicción con la primera recomendación de las directrices sobre márketing alimentario dirigido a los niños de la OMS, que establece como prioridad evitar esta exposición». El investigador entiende que España debería incorporar a su legislación nacional el modelo de la Organización Mundial de la Salud, «porque está claro que aquí no se cumple lo que se considera una prioridad mundial».

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