El nutricionista que da caña a los «influencers»

Es el creador del movimiento «Real Fooding», con el que enseña a más de 400.000 jóvenes a alimentarse sin ultraprocesados, y el azote de los famosos, a los que no duda en criticar duramente cuando sacan a relucir en Instagram productos como patatas fritas y refrescos


«Sabe demasiado a azúcar. No está nada rico». Las carcajadas no se hicieron esperar, pues la autora de la queja acababa de pedirse un helado de nube en uno de los muchos chiringuitos que pueblan estos meses las playas de O Salnés. Al escuchar la crítica a esta versión ultraprocesada del helado pude ver a Carlos Ríos riéndose desde su Andalucía natal y pensando: «Te lo dije». Suerte tiene mi amiga de no estar en el candelero de las redes sociales y poder librarse así del escarnio al que podrían someterla la legión de seguidores de este nutricionista onubense que, con su movimiento Real Fooding, ha revolucionado la manera en la que miles de jóvenes entienden la alimentación. Ríos les guía hacia una dieta basada en algo tan sencillo como la comida de las abuelas. Y funciona. «Se trata de utilizar ingredientes naturales, sin aditivos, para mejorar nuestra salud, en lugar de pensar en conseguir un cuerpo perfecto». Su arriesgado discurso, que pone en entredicho al lobby que es la industria alimentaria, lo siguen a diario más de 400.000 personas en Instagram.

La baza de este joven de 26 años no es otra que darle a las marcas y a las cadenas de supermercados donde más les duele, en el etiquetado de sus productos: «Pueden hacer márketing y hablar de alimentos light o sin azúcar, e intentar convencer a quien busque un cuerpo 10, pero el problema es más profundo y radica en la cantidad de aditivos que hoy en día tiene todo lo que comemos». Este centinela de la buena alimentación, que ejerce su lucha en Internet, pasa de ser un semidiós a un ángel caído a los infiernos del unfollow en función de a qué marca o famoso decide dejar en cuarentena. Lo de «por sus actos le conoceréis» es una máxima que Ríos lleva bien a gala y, por eso, no escatima en críticas a celebridades e instagramers que pasan de llevar una vida saludable a publicitar chocolatinas, refrescos o patatas fritas -jugoso acuerdo económico mediante- en sus redes sociales.

PUBLICIDAD ENCUBIERTA

«La gente cada vez se interesa más por su salud. Después de varias décadas nos hemos dado cuenta del daño que nos ha hecho consumir tantos productos procesados, que ocupan el 80 % del espacio en los supermercados. Por eso critico a los famosos que promueven un estilo de vida poco saludable. Yo entiendo que hay mucha gente que en Instagram monetiza todo su contenido y hace publicidad encubierta, que en la televisión ya está prohibida, pero influye en grupos de población vulnerables como los niños». Este experto asegura que cuando un ídolo de masas promociona, por ejemplo, unas galletas determinadas, las ventas de este producto aumentan considerablemente. Y reconoce: «Yo sé que es legal que se recomienden estos productos, pero a mi juicio no es ético. Instagram se ha convertido en la teletienda».

Como azote de la mala praxis alimentaria que, de manera indirecta, promueven muchos influencers, no se corta a la hora de ponerlos entre las cuerdas. Adriana Abenia quizás se lo habría pensado dos veces antes de promocionar una conocida marca de cacao en polvo antes de saber que iba a tener al pepito grillo de la alimentación tocando la puerta de su conciencia. A través de Twitter, Ríos ha mencionado en más de una ocasión a la presentadora, asegurando que le importa más «el espónsor que la salud de sus seguidores». Además, en otro tuit, sacó punta al hecho de que la zaragozana, que es celíaca, recomendase este producto (con gluten) alegando que «el dinero lo cura todo».

De sus dolorosos dardos, que comienzan a correr como la pólvora una vez alcanzan la diana, ni siquiera se libran los niños mimados de la televisión: los chicos de la última edición de Operación Triunfo. Mientras el programa alcanzaba cuotas de share cada vez más elevadas, el nutricionista más cañero de las redes advertía a los seguidores de Aitana, Roi o Amaia que no todos los hábitos de sus nuevos ídolos en la academia eran dignos de ser imitados. Se refería Carlos Ríos a los dulces que, con cierta frecuencia, se les daban a los triunfitos para sus meriendas como parte de acuerdos que el concurso tenía con algunas marcas. «La industria de los ultraprocesados sabe que OT conecta fielmente con su público a través de la emoción, las relaciones sociales y la música. Quiere que te sientas identificado con ellos y consumas sus productos insanos y perjudiciales», advirtió. No se anda con chiquitas, no. Por eso quizás la reina y señora del panorama influencer patrio, Dulceida, bloqueó al nutricionista justo después de subir una imagen a su cuenta de Instagram promocionando una conocida marca de crema de cacao con avellana.

La dureza con la que Ríos manifiesta su rechazo a los ultraprocesados no solo la lleva a cabo en su vida diaria, sino que reconoce que no es partidario de la permisividad y del «por un día no pasa nada». «Para quien toma dos litros de Coca-Cola, reducir a uno al día le parecerá suficiente, y no es así. Por eso yo propongo comer un mes solo comida real y así entender de verdad los beneficios que aporta».

«Aunque sea legal, no es ético que promocionen algunos productos»

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