Redacción

Muere el hombre pero nace la leyenda. Enrique Castro Quini, «El Brujo», no ha podido superar su enésimo achaque de salud y ha perdido la vida a los 68 años de edad. El máximo goleador de la historia del Sporting y del fútbol asturiano ha fallecido tras sufrir un infarto de corazón y deja un vacío en el balompié nacional que será difícil de cubrir. 

Quini nació en Oviedo, debutó en 1967 en el Ensidesa y pasó en 1968 al Sporting. Llegó a formar parte de la Selección Nacional en 1970. En 1980 fichó por el FC Barcelona y volvería a Gijón para jugar durante tres temporadas antes de colgar las botas definitivamente en 1987.

En la carrera de Quini hubo muchísimos más goles que títulos porque, antes de la revolución del 2008, España ganaba poco y los clubes asturianos nada. Fue cinco veces pichichi en primera división (1974, 1976 y tres temporadas consecutivas: 1980, 1981 y 1982), tres con la camiseta del Sporting y la dos últimas, con la del Barcelona. Solo Zarra lo consiguió más veces (seis). Y Di Stéfano y Hugo Sánchez, lo igualan. A esos cinco trofeos hay que sumar otros dos en segunda división con el Sporting.

En su palmarés brillan dos Copas del Rey (1981 y 1983), una Copa de la Liga (1983), una Supercopa de España (1984) y una Recopa de Europa (1982) a nivel internacional. Con la Selección española participó en los Mundiales de 1978 y 1982, además de la Eurocopa de 1980.

Los avatares de su vida

Pero si Quini fue grande dentro del terreno de juego, lo fue aun más fuera. Quienes le conocieron destacan su amabilidad, su trato afable y su sentido del humor. Su carácter le llevó a ganarse la simpatía en todo el territorio nacional, y prueba de ello es que, 30 años después de haberse retirado, seguía siendo el miembro de cualquier expedición sportinguista que más autógrafos firmaba.

Su personalidad se define a la perfección con el acontecimiento que marcó su vida. En marzo de 1981, cuando jugaba en el Barcelona, fue secuestrado a la conclusión de un partido que habían ganado por 6-0. Tres trabajadores de un taller lo asaltaron a punta de pistola y lo trasladaron en furgoneta a Barcelona.

Los secuestradores pidieron un rescate de cien millones de pesetas que deberían ser depositados en un banco suizo. El rastro del dinero permitió a la Policía Nacional, en colaboración con la helvética, detener a uno de los secuestradores, que confesó dónde se encontraba retenido el delantero asturiano. 25 días después, Quini fue rescatado y los captores condenados a diez años de prisión y a pagar cinco millones al jugador. «El Brujo», renunció al dinero e incluso llegó a perdonarles públicamente. En varias ocasiones aseguró que no les guardaba rencor.

La lucha contra el cáncer

A lo largo de sus casi 70 años, Quini vivió mucho. Una vez retirado y tras unos años alejado del mundo del fútbol, volvió a su Sporting. Durante varias temporadas fue el delegado del equipo y la cara amable de un club en decadencia que se aferra a mitos como Quini para seguir soñando.

El puesto de delegado permitía a «El Brujo» seguir pisando el terreno de juego y estar cerca del balón. Pero una enfermedad comenzó a debilitar su salud. En 2008, y tras unos meses apartado del ruido, reapareció recuperado de un cáncer de garganta. Aunque regresó como delegado, pronto se le buscó acomodo en otro cargo más alejado de los focos, por lo que pasó a ser director de Relaciones Institucionales del Sporting. Desde el palco, seguía siendo el sportinguista más fotografiado en cada partido.

Un infarto ha acabado con su vida. Hoy ha muerto el hombre, pero nace el mito de «El Brujo».

Valora este artículo

8 votos

Nace la leyenda de «El Brujo»