Lo que nunca cambia

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Derbi en el Carlos Tartiere entre el Oviedo y el Sporting, temporada 2018-2019
Derbi en el Carlos Tartiere entre el Oviedo y el Sporting, temporada 2018-2019 Óscar Cela

Artículo de opinión

22 mar 2019 . Actualizado a las 02:01 h.

 Los tiempos cambian y con ellos cambia el fútbol. Es algo que todos debemos asumir en mayor o menor medida. La nostalgia de tiempos pasados donde todo fue mejor alcanza a todas las parcelas del fútbol por igual. Los futbolistas eran más cercanos con la afición, los estadios eran más bonitos y las jornadas de domingo con horario unificado más emocionantes. El odio al llamado futbol moderno se ha instaurado en la cultura del aficionado como un dogma al que acudir, en especial cuando las cosas no marchan bien en nuestro equipo.

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No nos gusta el VAR ni jugar de lunes. No nos gusta jugar sin extremos ni nos gusta que nos cambien a media plantilla año tras año. Ahora bien, si llegado el momento nos ponen el partido de lunes, ganamos con un gol validado por el VAR, jugando sin extremos y con once desconocidos sobre el campo, la sonrisa en la boca seguro que no nos la quita nadie. ¿Por qué? Porque lo que realmente odiamos no es el futbol moderno, sino que nuestro equipo pierda. Por desgracia este año para los sportinguistas, eso está sucediendo más a menudo de lo que desearíamos.  

¿A qué venía todo esto? Ah, sí. A que todo cambia en el fútbol menos la pasión por ver a nuestro equipo ganar, independientemente de la situación en la que se encuentre. Pues imagínense un derbi. Eso sí que no cambia nunca. Las ganas de ganar y de pasar por encima de tu eterno rival se multiplican llegados estos partidos. Se multiplica la motivación tanto desde el lado de los jugadores como desde el lado de la afición, si bien es cierto que, debido a la globalización de ese futbol moderno del que antes hablábamos, resulta complicado transmitir esa pasión por un Sporting-Oviedo a futbolistas que están aquí de paso. Y que conste que no comento esto a modo de crítica, sino como una consecuencia de lo anteriormente hablado.  

Es en ese sentido donde más miedo me da el rival. Desde que los derbis están de vuelta, han sabido mejor transmitir ese sentimiento motivacional desde fuera a sus jugadores. El escaso número de futbolistas asturianos en ambos equipos es algo recurrente. Sin embargo, hasta la fecha desde el regreso de los derbis, los futbolistas del Oviedo han salido siempre con una marcha más, conscientes de lo mucho que significa este partido para toda Asturias, independientemente de que esos futbolistas sean asturianos o mejicanos.  

Porque sí. Porque desde la capital nos tienen ganas y muchas. Aunque se intente vender la cantinela de que para ellos jugar este derbi es ya una victoria y de que nunca llegaremos a entenderlos. Sí. Sí os entendemos, y lo vemos normal y respetable después de haber pasado por lo que habéis pasado, pero ni el Sporting ni el sportinguismo somos culpables del mal ajeno, entre otras cosas, porque bastante tenemos con lo nuestro.  

Con todo esto, lo del domingo no deja de ser once contra once detrás de un balón, y en eso las fuerzas andan igualadas. Es el Oviedo un equipo que sabe perfectamente a lo que juega, conoce sus limitaciones y potencias sus virtudes, y es en eso precisamente donde ha patinado el Sporting este año. Con la llegada de José Alberto sí que hemos visto un equipo más reconocible de lo que el técnico busca. El 4-4-2 parece que coge forma con la llegada de otro punta como Álex Alegría y jugadores más específicos de banda como Aitor García. Llega el Sporting en una buena dinámica de resultados, tras haber conseguido enlazar por primera vez en la temporada tres victorias seguidas y eso tiene que notarse en la confianza de unos futbolistas que en muchas fases de la temporada se han visto superados al ver que los resultados no llegaban.  

Pero al final, partidos como estos, cargados de pasión, de lucha, y de entrega, los gana el equipo que, en mitad de esa vorágine de intensidad, es capaz de hacerse dueño del balón, tratarlo bien y hacerlo llegar a la portería contraria. Eso tampoco cambia nunca. 

Que ganemos. Nada más. Y nada menos.