Análisis Sporting: «El discurso de José Alberto»

Daniel Souto

SPORTING 1905

José Alberto
José Alberto Real Sporting

Artículo de opinión

30 sep 2019 . Actualizado a las 21:55 h.

El Sporting no termina de carburar, eso es una obviedad. Sin embargo, sin paciencia y tiempo en esto del fútbol no se va a ningún lado. Una afirmación que, aun debiendo ser tan evidente como la anterior, en según qué casos sigue sin aplicarse. Yo soy de los que confía en proyectos, que gusta de analizar la evolución -o involución- de un equipo semana a semana, sus nuevos matices, alternativas o trabas que le van surgiendo con el transcurso de una temporada. Buscar antes soluciones que señalar culpables, pero eso es algo que en la actualidad no se destila tanto como debería, ya no solo en las directivas de los clubes, sino directamente en los aficionados.

Cada fin de semana nos enfrentamos a un nuevo desafío, ya sea desde la comodidad del sofá, el bar de abajo cerveza en mano o desde nuestro asiento en El Molinón. Es difícil disfrutar con este Sporting, pero como todo, el equipo tiene sus cosas buenas y malas. Transcurridas ya ocho jornadas de liga, sabemos muy bien qué tipo de partido vamos a ver. Un Sporting con dificultades para salir con el balón jugado desde atrás y dominar la posesión, algo que contrasta frontalmente con las piezas que tiene en el centro del campo. Pero, a su vez, es un conjunto incómodo. A ningún rival le gusta enfrentarse a este equipo, ya sea en su propio feudo o en Gijón. Defensivamente, el Sporting se muestra organizado, correoso, difícil de inquietar y batir, siendo su principal fortaleza. Málaga solo fue un ejemplo más.

En La Rosaleda al cuadro dirigido por José Alberto le faltó capacidad para manejar el balón una vez más. No había apoyos suficientes por dentro, y por fuera no se aseguraban garantías para darle continuidad a la posesión. El balón largo y que Aitor García, Traver o Djurdjevic comenzasen una batalla que ya de inicio estaba perdida se convirtió en la tónica habitual del partido. Los malacitanos dominaron la posesión, pero apenas inquietaron el área de Mariño. Un rival más que sufre para penetrar el área rojiblanca. Ahora bien, el Sporting volvió a adolecer de pegada, sin oportunidad de acercarse con peligro a la meta rival con cierta asiduidad. Que el primer disparo se diera en el minuto cuarenta y no supusiera ninguna amenaza no es ya una casualidad. A los de José Alberto les cuesta mucho generar ofensivamente, tanto como dificulta mismamente esa labor a sus rivales, pero es algo que visto el rendimiento en cuanto a puntuación no compensa. Que tan solo el serbio tuviera una posición media en campo contrario -prácticamente en la medular- demuestra la impresión que teníamos al ver el partido: el Sporting vivió en su propia mitad de terreno.

Como ya ocurriera la semana pasada -y anteriores- tras estas mismas líneas, José Alberto no lo vio igual. Y así lo dejó claro en rueda de prensa. Si en mi último artículo destacaba la función de Manu García en la mediapunta frente al Deportivo, para el ovetense el canterano sportinguista cumplió con la misma función de siempre, sin novedades. Y esta semana, si volvemos a destacar la falta de pegada rojiblanca -que no es algo novedoso o exclusivo de esta jornada- el técnico del Sporting nos volvía a desdecir previamente ante los micrófonos asegurando que “el Sporting hizo daño”. Sí, el conjunto gijonés tuvo ocasiones para adelantarse en el tiempo añadido, al igual que el Málaga, pero hasta ese punto no se había generado prácticamente nada en área rival. Y es ahí donde personalmente más me descoloca José Alberto. Cuestionarlo como técnico, más aún a estas alturas de temporada, no está en mi capacidad, pero a la hora de afrontar sus declaraciones a los medios no está siendo acertado.

El momento que vive el equipo a un solo punto del descenso no ayuda a que la gente mantenga la calma, y sin duda que el entrenador asturiano no ponga un punto de autocrítica del equipo en sus declaraciones no hace más que agitar las aguas. Su discurso no está ayudando para nada a su figura de cara al aficionado, y ese ambiente negativo no beneficia a que el equipo termine por darle al fin la vuelta a esta situación. Las cosas claras y el chocolate espeso.