Artículo de opinión
31 ago 2020 . Actualizado a las 23:16 h.Cal y arena en cuanto a resultados en los primeros compromisos amistosos del Sporting de David Gallego. Aunque no tengan consecuencia alguna en términos clasificatorios, estos primeros partidos sirven como tanteo de lo que puede ser el conjunto dirigido por el técnico catalán. Y es que en estos pasos iniciales de su andadura ya hemos podido ver algunas de las intenciones de Gallego, con algunos patrones en el juego que se repitieron ante Ponferradina y Lugo que arrojaron la sensación de ser un equipo aún en evidente construcción; una idea clara pero mucho por trabajar.
Con balón: paciencia sin colmillo
Como ya habíamos analizado en LA VOZ, el plan de David Gallego pasaría por dar protagonismo a su equipo con balón. Para ello es fundamental cuidar una salida de balón que resulta clave para asentar las posesiones sportinguistas. Algo que se ha podido ver en estos primeros duelos estivales: Cristian Salvador, que partía en el teórico 1-4-2-3-1 como parte de ese doble pivote, retrasaba su posición en salida de balón a un costado del central diestro para generar superioridad en esa primera línea y a su vez optimizar la ocupación del ancho del campo con tres hombres, dando vuelo a unos laterales que se situaban alejados a la jugada y bien pegados a la cal, ejerciendo como carrileros aprovechando que los extremos también tendían a ir hacia dentro.
Esta propuesta entraña algunos riesgos que muchas veces han penalizado al equipo de Gallego; especialmente la vulnerabilidad ante la pérdida y la consiguiente transición ofensiva de su rival. Es por ello que el Sporting apenas arriesgó con el balón en línea defensiva, jugando a un ritmo demasiado lento y con muchos pases de seguridad. Esto facilitó tanto a Lugo como a Ponferradina el ajustar y bascular sin demasiada exigencia, apretando al Sporting cuando trataba de filtrar pases más verticales hacia el otro pivote o uno de los mediapuntas (considerando como tal a esos extremos que circulaban también por el pasillo interior) y dificultando su progresión por dentro.
Este ritmo bajo en la salida por el escaso riesgo asumido, además del enfoque en la presión de sus rivales, terminó derivando en que el cuadro rojiblanco no encontrase con continuidad la vía para conectar con sus hombres de arriba. Mucho balón largo a la espalda de la defensa rival parecía el único argumento aprovechable de los de Gallego; acciones que dependen de unos envíos frontales sencillos de defender para la zaga adversaria. El Sporting estuvo improductivo en ataque, con pocas ocasiones de remate dada la dificultad en sus posesiones ofensivas y a la escasez de efectivos al cargar el área. Este Sporting aún es un boceto de lo que se pretende ser esta temporada. Pero no todo iba a ser malo. La nota positiva -a diferencia de la temporada pasada- estuvo en unos laterales de largo recorrido que fueron capaces de trenzar alguna jugada con peligro cerca del área rival. Una posición que precisamente está en el punto de mira en este escueto mercado estival en Gijón y que Gallego está cubriendo desde el filial, de momento, con nota.
Sin balón: ordenados pero vulnerables
En un claro paralelismo con José Alberto y Djukic, Gallego incorporó al mediapunta a la primera línea de presión en un 1-4-4-2 bien definido. El Sporting se mostró atrevido, con la línea defensiva adelantada y con la consigna de llevar el juego hacia fuera, donde imprimiría una mayor intensidad para forzar el error. El equipo se juntó en pocos metros en la labor defensiva, tapando los huecos entre líneas y mostrándose coordinado en la basculación, algo que facilitó que el Sporting no sufriera en exceso ante ataques elaborados cuando sus rivales tomaban mayor protagonismo con el esférico.
Sin embargo, ese amplio espacio que se generaba por la altura del bloque entre su línea defensiva y el portero fue la principal zona vulnerable de los rojiblancos ante envíos directos. El Sporting mostró aptitudes para atacar con balón -aunque con mucho por trabajar como ya hemos analizado- así como para defenderse sin él en jugadas de ritmo más pausado, pero no se le vio nada seguro en aquellos tramos de mayor descontrol, de un ida y vuelta permanente. El Sporting no fue fiable a la hora de defender esos espacios a una velocidad de juego alta, un riesgo que Gallego parece dispuesto a asumir ?siempre ha sido la piedra de toque de sus equipos- y que de momento el Sporting debe fortalecer con premura mientras disponga de estos ensayos a prueba y error, donde los resultados no cuentan pero las sensaciones y el fútbol sí.
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