Análisis
16 ago 2021 . Actualizado a las 14:25 h.Comienza de la mejor manera la temporada para el Real Sporting de Gijón. Suma tres puntos para estrenar su casillero y encadena nueve temporadas ya sin conocer la derrota en su debut. Los de David Gallego arrancaban su segunda campaña con el técnico catalán al frente, en un encuentro marcado por la vuelta de una parte de la afición y con la ilusión de ver a las típicas caras nuevas que van llegando cada verano. Hubo momentos de partido para ver distintas versiones de un mismo Sporting, aunque todas ellas con tintes de lo que se pudo ver la temporada pasada. Sufrida, sí, pero victoria al fin y al cabo. No podíamos acudir a nuestra cita con El Molinón, un día Grande de Gijón, y no salir sin las revoluciones al alza. Vamos a analizar algunas de las claves de la victoria de ayer:
Se genera pero no se define
Rescatamos una de las valoraciones del propio David Gallego durante la pretemporada, que aludía a la capacidad del equipo para ordenarse con balón, llegar a campo contrario y generar situaciones de cierto peligro alrededor del área rival y, sin embargo, resaltaba las dificultades que sumaban para terminar de definir esas jugadas o simplemente para encontrar opciones de remate. El de ayer fue un caso más, ya fuera por centros bien dirigidos al que no se llegaban por centímetros para el 'uy' de la grada, resbalones inoportunos justo en el momento del golpeo o falta de entendimiento entre los jugadores en momentos clave de la jugada de ataque. El Sporting se acercó mucho y durante muchos minutos al área del Burgos, y sin embargo apenas pudimos contabilizar en el grueso de la primera parte el mano a mano de Djuka como ocasión clara. No fue tanto una cuestión de falta de acierto en el remate sino de falta de remate; algo que esperemos con el paso de las semanas y los partidos vaya cambiando.
Una buena sociedad en izquierda
Sin duda, el carril zurdo fue el protagonista en la tarde de ayer en clave ofensiva para el Sporting. Gallego dispuso de dos jugadores en el once que venían habituando a ocupar esa posición en banda izquierda, Aitor y Gaspar. Fue el onubense quien finalmente se ubicaría en el lado opuesto para que el canterano, con su tendencia a ir hacia dentro y recibir en diferentes zonas, abriera el carril para las incorporaciones de Kravets. El ucraniano estuvo muy activo a la hora de incorporarse al ataque, sabiendo de la importancia que pueden tener sus centros para generar peligro. Se vio más en la primera parte, pero cuando el lateral daba amplitud bien pegado a la línea de cal, Gaspar revoloteaba en el espacio entre lateral y central rival y aparecía Villalba por ese costado entre líneas, la jugada ganaba una nueva dimensión. Los movimientos de los dos jugadores por dentro, capaces de regatear en corto o escapar de la marca adversaria combinando entre ellos, fue un quebradero de cabeza para la zaga burgalesa. El balón sumaba velocidad una vez llegaba allí, las asociaciones en corto salían de manera natural y prácticamente siempre encontraban una manera de incidir con balón ya fuese por dentro o por fuera. Una asociación que parecía llevar tiempo conjuntada por todo lo que fue capaz de generar y era solo su primer partido. Ilusiona.
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Luces y sombras en defensa
El grueso del partido -salvo el tramo final por razones obvias- fue bastante plácido en sentido defensivo para el Sporting. El equipo dominaba el balón y encerraba al Burgos en su campo; tocaba defensa adelantada y defender los balones largos del rival, ya fuera en disputas aéreas o teniendo que correr a la espalda. En ese contexto, ambos centrales -ya que los laterales vivían más arriba incorporándose al ataque- brillaron y mostraron un buen tono, sólidos por alto y bien coordinados en las ayudas para defender corriendo hacia la meta de Mariño. Sin embargo, cuando el panorama del partido cambió, el equipo tuvo que adaptar su forma de defender y fue cuando aparecieron las costuras. Los de David Gallego se acercaron a su área y empezaron a defender más juntos. Las dificultades se pusieron de manifiesto sobre todo a balón parado y en centros colgados al área. Ahí, toda solidez mostrada anteriormente se difuminó, pues los de Calero tuvieron varias oportunidades claras para hacer gol. Fue la nota preocupante del partido, que además se condensó en los últimos 15 minutos con marcador a favor.
Mariño no sorprende
Dando continuidad a la clave anterior, fue en ese tramo final del encuentro en el que Diego Mariño brilló con luz propia. Pudo cometer un error en alguna salida por alto, un aspecto que sabemos siempre ha sido de sus pocos lunares, pero lo compensó con creces con paradas de auténtico mérito. El Sporting de nuevo se acogió al binomio entre Djuka y el gol y agradeció la aparición de nuevo del Mariño en modo salvador. Ya en la primera parte sacó una buena parada con empate a cero en el marcador, pero lo de los últimos minutos volvió a ser la versión de ese portero que suma puntos, tantos como cualquier delantero. Parte importante de la victoria de ayer se explica a partir del meta gallego, que volvió a ser decisivo con sus reflejos en las distancias cortas.
Los cambios
Pedro por Gragera. Media hora para el de Siero, que salió a más revoluciones de las que llevaba Gragera en ese momento, y el equipo lo notó, tanto con balón como a la hora de recuperarlo, donde Pedro estuvo muy activo. Su entrada precede al momento del gol, minutos donde el Sporting subió un par de marchas a su juego y mejoró su cara. Pedro influyó bastante en ello.
Rivera por Villalba. No salió tan revolucionado Rivera -quizás no vaya en su naturaleza-, pero tampoco desentonó. Se le notó el hecho de no estar al 100% aún en cuanto a ritmo.
Puma por Aitor. El panameño tuvo unos minutos en los que ya dio chispazos de lo que puede ofrecer. Fue insuficiente para los que lo vimos en la grada, que hubiéramos querido algo más de tiempo. Aun así, desborde, velocidad punta y la clara consigna de atacar el área. Se vio algo diferente que revolucionó más de un ataque en los poco más de 10 minutos que estuvo sobre el verde.
Pablo Pérez por Gaspar. Apenas tuvo tiempo el capitán de incidir en el partido, entrando ya con el tiempo cumplido, aunque pudiendo llevarse una cálida ovación por parte del respetable en un momento duro para él en lo personal.
Nota para David Gallego y el resto del cuerpo técnico:
Bien. Hubo tramos para todo, de ritmo más alto, buen juego asociativo, generando situaciones de peligro.. pero también tramos de dudas, con un ritmo más bajo, sufriendo en ciertos aspectos defensivos o de incapacidad para llevar el partido a su terreno. Prácticamente como cualquier encuentro, aunque con la adrenalina de haber sacado los tres puntos sufriendo quizás más de la cuenta. El Sporting no cerró el partido -algo que tampoco tiene por qué ser responsabilidad directa del míster- y nos dejó una sensación de luces y sombras que muestran el punto de la temporada que estamos. Esto solo acaba de arrancar y solo se debe pensar en ir creciendo a partir de estas actuaciones, y si es con los tres puntos, mucho mejor.
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