«Piernas y carácter»

David Herrero García

SPORTING 1905

Kravets
Kravets Real Sporting

Artículo de opinión

01 oct 2021 . Actualizado a las 11:01 h.

A los siete minutos de encuentro, el partido se puso de cara para el Sporting: el Málaga se quedaba con diez jugadores y el Molinón volvía a apretar como acostumbraba a hacerlo antes de la pandemia. Y con todo a favor, el Sporting volvió a dejar claro que prefiere los retos cuanto más difíciles mejor y que el camino corto no es del agrado del equipo porque sortear obstáculos hace las victorias más placenteras, pero a la larga las piernas terminan por pagarlo. Lo que hoy te hace fuerte puede doblegarte mañana. Y el Sporting hoy es fuerte porque tiene piernas como plumeros capaces de barrer cualquier balón que asome por el centro del campo y carácter para atravesar una y otra vez la misma puerta de contención hasta romper el candado que la protege.

Pero esa ambición para superar los contratiempos parece diluirse cuando el cronómetro se acerca al minuto noventa de juego con ventaja para el Sporting. No se entiende de otra manera que el Málaga tuviera durante los minutos finales varios acercamientos peligrosos; no se entiende que jugando en casa y con un hombre más, el Sporting no impusiera un ritmo lento, como de música de ascensor, para evitar sustos innecesarios.

Hay cosas que no se entienden y tampoco pasa nada. Hay cosas que mientras funcionen mejor no preguntar. Que a veces queremos saberlo todo y luego nos arrepentimos cuando conocemos la respuesta. Pasa en el fútbol y pasa en la vida. Pasa en el trabajo y en las relaciones. Es como el chiste que Woody Allen cuenta al final de Annie Hall: «Un tipo va al psiquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina». Y el doctor responde: “¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?”. Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”».

En el fútbol siempre hay parte de inconsciencia, de esquizofrenia colectiva, de pesimismo exacerbado. Once cabezas buscando soluciones para un mismo problema son demasiadas cabezas y basta con un balón bombeado que se aproxime al área para creer que todo va a salir mal.

Por eso, si funciona, conviene dejarlo estar. Y el Sporting, de momento, funciona a la perfección.

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