Balance de su cesión
22 dic 2021 . Actualizado a las 21:30 h.Sin duda alguna, el de Manu García fue uno de los nombres propios al inicio de curso del Real Sporting de Gijón. Y no precisamente cuando los rojiblancos encararon los primeros partidos de la temporada, sino mucho antes. En un inicio de mercado de traspasos estival en el que desde el propio club se instaba a realizar una gran venta y a tener que dar salida a jugadores con contratos elevados para poder cumplir con las exigencias marcadas por la normativa del límite salarial, la cesión de Manu García al Alavés fue una de las vías que se encontraron para aliviar la carga económica que arrastraba el club de la temporada pasada.
Una cláusula en el contrato de Manu le permitía salir como cedido a un equipo de Primera División en caso de que el Sporting no hubiese logrado el ascenso. Dicho y hecho. Ambas partes consideraron positivo el acuerdo para permitir que Manu sumara minutos en la máxima categoría y a su vuelta continuara siendo propiedad del club mientras, en un año a priori delicado en lo económico, su salida permitiera dar algo de margen de maniobra a la dirección deportiva en el mercado. En ese momento, a pesar de la controversia entre la afición, para la entidad era un movimiento positivo, sin conocer aún el histórico acuerdo con el fondo CVC que inyectaría capital en los clubes del fútbol español y que cambiaba el panorama para el Sporting.
Bien es cierto que Javi Rico se movió con acierto para cubrir la ausencia del joven ovetense (23 años), con la contratación de un Fran Villalba que en el rol de mediapunta ofreció rendimiento inmediato, destacando como uno de los mejores jugadores de la plantilla y siendo elegido en tres ocasiones futbolista del mes. Otra cesión que el Sporting tratará de convertir en propiedad a todos los efectos al término de la presente temporada.
Antes de anticipar lo que vendrá, es momento de analizar lo que ya ha ocurrido, y es que la cesión de Manu García no está siendo todo lo productiva que cabría esperar para el asturiano. Manu llegaba a un equipo de aspiraciones humildes dentro de la categoría, aunque contaba con un entrenador, Javi Calleja, que bien podía amoldarse por planteamiento de juego al perfil del jugador cedido por el Sporting. Aunque ya había algo que chirriaba en aquel entonces: ni el técnico ni la confección de plantilla parecían indicados a la hora de establecer un sistema con un mediapunta o un interior en el que Manu tuviera cabida. Y el tiempo poco a poco ha ido en esa dirección.
Al comienzo de la temporada Manu encontró acomodo desde la mediapunta, sumando 4 titularidades en los 5 primeros partidos, pero ya en estos compromisos el hecho de que el Alavés no hubiera sumado punto alguno hizo que Calleja apostara de nuevo por su habitual 442, desplazando ya al asturiano a una de las bandas, especialmente la izquierda. Esto hizo que su participación en el juego y su rendimiento decayeran, dentro de una crisis de resultados que todavía se prolongaba. A partir del cambio de dibujo el rumbo fue poco a poco enderezándose, y en estas, Manu perdió la titularidad.
Desde aquel quinto partido de competición, Manu tan solo ha estado en el once inicial en dos ocasiones, además de otro partido de Copa del Rey, de donde los babazorros ya han caído eliminados en segunda ronda. Bien es cierto que participa prácticamente en todos los encuentros, saliendo desde el banquillo habitualmente para el último cuarto de hora de juego, tramos en los que ofrece muestras de su calidad pero en los que rara vez logra incidir para cambiar el rumbo de los mismos.
El Alavés apostó por mantener a Calleja en el banquillo a pesar de la compleja dinámica. El madrileño, ya desde aquellas jornadas de inicio de temporada, no ha renunciado al 442, algo que no ha beneficiado a un Manu que claramente ha perdido su sitio en el once y ha quedado relegado a un rol de revulsivo. 16 partidos de liga disputados, 10 de ellos saliendo desde el banquillo para un total de 589 minutos. Aún por estrenarse, al menos en competición liguera, en el casillero de goles y asistencias, pues en Copa sí logró dar un pase de gol. Ese es el balance agridulce de Manu García en Vitoria, sin haber encontrado mayor regularidad en Primera División en un destino que no parecía el más indicado. Su segunda etapa en Mendizorrotza, habiendo estado muy joven en la primera, no está siendo tampoco la más productiva para sus intereses como ya ocurriera años atrás.
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