El gijonés lanzó un mensaje de unión al acabar el partido en Granada
16 oct 2022 . Actualizado a las 10:33 h.En el fútbol casi no existe una mayor constancia y recompensa sobre el rendimiento ofrecido por un futbolista en su club que el hecho de ser convocado por la Selección Nacional. Sin embargo, las llamadas de ‘La Roja’ no siempre son signo de alegría completa en el Sporting. El de José Gragera es el último capítulo después de quedarse fuera de la convocatoria a Granada por decisión técnica de Abelardo Fernández.
En los últimos 11 meses, el rojiblanco pasó la frontera del combinado Sub-21, salió momentáneamente de la misma con la invitación a regresar y de golpe se quedó muy lejos de dicha posibilidad. Ahora ha vuelto a atravesar esa golosa puerta y tiene el reto de mantener esa constancia semana a semana para seguir siendo citado por De la Fuente.
Prácticamente de la noche a la mañana, David Gallego pasó de ser el hombre que bautizó a José Gragera en el fútbol profesional a ser quién no puso todo de su parte para administrarle la confirmación como miembro del selecto grupo de futbolistas capacitados para, en un futuro, dar el salto a la Primera División. Entre medias, una primera convocatoria con la Selección Sub-21 de España que algunas lenguas del espectro rojiblanco calificaron como si de una especie de tren de la bruja se tratase, pues los Gragera y Gaspar Campos que se habían ido a Las Rozas no fueron los mismos que los que regresaron a Gijón como flotadores a un Sporting con una desastrosa dinámica de resultados. Al final, los ex del colegio de La Asunción se convirtieron en dos pasajeros más de una embarcación arrastrada río abajo.
Su llamada a filas con la Selección Sub-21 de España le sirvió a José Gragera para medir dónde estaban sus límites y darse cuenta de que realmente posee las capacidades necesarias para llegar a jugar en Primera División. Eso sí, con el claro indicativo de que debía dar un paso más evolutivo en su juego para cumplir con un objetivo, el de aterrizar en la élite del fútbol nacional, que el gijonés tiene marcado en rojo, y a poder ser con la camiseta del Sporting, como siempre comenta ante los medios de comunicación. Para alcanzar esa mejora, el centrocampista esperaba contar con el ofrecimiento de más herramientas por parte de David Gallego, pero la realidad fue bien distinta. El técnico catalán dejó de comunicarse y mantener un constante feed-back con varios de los jugadores de la plantilla rojiblanca, entre ellos el propio internacional, de cara a encontrar soluciones individuales que pudieran proyectarse positivamente al funcionamiento colectivo.
Mientras que David Gallego achacaba las derrotas a errores individuales en los que, según sus propias palabras, él no podía hacer mucho por intentar subsanar, José Gragera fue perdiendo paulatinamente el tren de la Selección Sub-21 y de la titularidad en el Real Sporting de Gijón. En cambio, Christian Rivera, fichaje estratégico del club para aumentar la competitividad y no propiciar que el centrocampista se pudiera asentar en los onces con cierta comodidad, fue ganando más protagonismo en los planes del entrenador. El internacional sub-21 sí aceptó que un compañero de posición estuviera haciendo las cosas mejor que él, pero lo que no llegaba a comprender es como todo el trabajo que realizaba en los entrenamientos no era devuelto con la confianza del cuerpo técnico. Y lo peor de todo, sentía que se estaba estancando como futbolista y que por esta coyuntura su versión, en los minutos en los que salía al césped, no podía ser la más brillante para ayudar al equipo a abandonar aquella mala racha de resultados.
El panorama, más a nivel emocional que puramente futbolístico, de José Gragera empezó a mejorar con la llegada de José Luís Martí al banquillo de El Molinón - Enrique Castro ‘Quini’. En el vestuario sorprendió que el primer día el técnico no dominase la identidad de varios canteranos, pero seguramente ese no tan adecuado paso inicial tenía una, intencionada o no, buena razón oculta. Lidiando como podía con la inmediatez de la competición y la difícil situación clasificatoria, el entrenador se propuso acercarse a los jugadores para conocerlos a nivel personal y de esa manera poder detectar en cada momento lo que ellos necesitaban de su míster, además de entender cuál era el mejor método para trasladarles informaciones complejas. Buscando ser comprensivo con el futbolista, el balear pretendía recuperar el máximo rendimiento de los rojiblancos.
Este proceso de reconquista de sensaciones fue más notorio con los mediocentros del Real Sporting de Gijón, poniendo cierto énfasis en la figura de José Gragera, porque Martí los consideraba fundamentales para poder controlar los ataques, las defensas y las transiciones. El balear intentó estar cerca del centrocampista asturiano para juntos encontrar una solución a esos estancamientos que no le permitían evolucionar en su juego. El internacional detectó a las primeras de cambio que el técnico quería potenciar sus cualidades sin por ello dejar de entrenar al equipo. Fruto de su amplia experiencia en dicha posición del campo, los entrenamientos empezaron a nutrirse de disposiciones que los mediocentros podían vivir en los partidos, de explicaciones sobre los porqués de las decisiones tomadas y de correcciones para localizar la mejor respuesta en una determinada acción en dicho espacio central del juego.
El espaldarazo definitivo para volver con la Selección Sub-21 el pasado mes de junio, y en esta última fecha FIFA, lo recibió José Gragera con el aterrizaje y el respaldo de Abelardo desde el banquillo de El Molinón - Enrique Castro ‘Quini’. El ‘Pitu’ y su cuerpo técnico le han impregnado al gijonés de una fuerza interior que había perdido en el tiempo. La contundencia con la que ha marcado goles en este inicio de temporada y el hecho de que se haya convertido en el jugador rojiblanco que más duelos aéreos gana no es casualidad. Sabiéndolo unirlo a una interpretación del juego de otra categoría, el asturiano ha intentado ser más agresivo en sus acciones e intenciones con y sin balón.
Casi un año después, José Gragera vuelve a la casilla inicial con un entrenador diferente en el banquillo. El reto de sacar su mejor versión y recuperar la titularidad que Abelardo le ofreció al comienzo de la temporada está sobre la mesa. El pasado jueves, una vez finalizó el encuentro con un resultado de 5-0 en contra de los rojiblancos, el gijonés lanzaba un mensaje de unión desde sus redes sociales que viene a demostrar su deseo de mantenerse enchufado al grupo y al proyecto: "¡Todos juntos, todos unidos! El lunes otra batalla, vamos equipo!".