«Las 4 claves del empate del Sporting y el aprobado a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

Alberto Mendez. Salitre Audiovisuais

Una nueva tarde de emociones la que se vivió ayer en El Molinón - Enrique Castro 'Quini'. Esta vez, el Real Sporting de Gijón logró levantar en los últimos minutos un marcador desfavorable en su feudo. Esta vez, con mayor epicidad, pues el Real Zaragoza había logrado aventajarse con dos goles.

Sin embargo, el corazón volvió a imponerse a la cabeza y los de Miguel Ángel Ramírez consiguieron un empate que, sin dejar de ser eso, un empate, vuelve a hacer rugir a la grada y enganchar a la afición. Un partido que, analizado fríamente, tuvo sus luces y sus sombras para explicar el resultado, lo cual desglosamos en 4 claves:

Castigado nuevamente por pérdidas en el entorno del área

Ocurrió recientemente en Santander, se repitió ayer ante el Zaragoza y viene siendo un mal que está penalizando al Sporting con goles en contra a lo largo del curso. Ante los maños, en un primer tiempo con un largo tramo de control local, los de Ramírez estaban mostrando su mejor cara en este aspecto, con la paciencia necesaria y las decisiones adecuadas para mantener la posesión, zafarse de la presión tras pérdida rival y encontrar luego situaciones de ventaja.

Sin embargo, en el tramo final de esa primera parte, aparecieron de nuevo los fantasmas. Malas decisiones, errores en la entrega, precipitación.. y en definitiva pérdidas en el entorno del área de Yáñez, una zona especialmente sensible. Una situación que derivó directamente en el 0-1. No es cuestión de quedarse con que la pérdida en ese caso es de Roque Mesa. Es algo colectivo, que antes de esa ya hubo otras y de otros jugadores. Se debe trabajar para corregir uno de los mayores déficits defensivos del equipo.

Momentos de desconexión y discontinuidad en el juego

Como en todo partido, el rival también tuvo sus momentos. El Zaragoza dio su mejor versión en los últimos minutos del primer tiempo, así como en el reinicio de la segunda mitad. Una mezcla de mérito de los maños, que también mostraron sus armas con un fluido juego ofensivo y una presión alta muy intensa, además especialmente de generar una superioridad por su banda izquierda con la presencia de Marc Aguado, Germán Valera y Fran Gámez que puso en problemas a la zaga local, y demérito de los rojiblancos, que sobre todo en esos minutos hasta el 45' bajó de manera importante sus prestaciones, con errores marcados como los citados en la clave anterior.

Sin embargo, también el Zaragoza jugó "otro fútbol". Las pérdidas de tiempo constantes sacaron del partido durante un largo tramo del mismo al Sporting. Consiguieron que no pasaran cosas durante muchos minutos, incluso frenando (con una interrupción de 4 minutos) el mejor momento de los locales, que se toparon con el larguero en un remate de Hassan, para tornarlo en un enfriamiento que derivó primero en un fatal pase de Pier que casi acaba en córner o un despiste en un saque de banda que pasó a ser el 0-2. Muchas veces se dice eso de no entrar en el juego del rival, pero no aplica en este caso. El Sporting no recogió el guante a un Zaragoza que vivió con la permisividad de un árbitro que demostró no saber manejar ese tipo de situaciones. Un detalle que no lo es tanto. Gran parte de ese tiempo en el que los de Escribá fueron "superiores", en sus propias palabras, fueron momentos en los que directamente no se jugó.

Amenaza a través del juego exterior y el 'factor Cote'

El Sporting salió con un plan de juego de base muy similar a la propuesta que viene siendo habitual; control en los primeros metros, circulación de balón hasta encontrar situaciones de ventaja y, a partir de ahí, avanzar ya sea en corto con los jugadores de dentro o de forma más directa para la prolongación o el desmarque al espacio de los puntas. En cuanto tomó la manija del encuentro bien pronto, el Sporting desarrolló este plan durante casi todo el primer tiempo, con especial incidencia en esta ocasión de los carriles exteriores.

Las llegadas de Rosas y Pablo García, el uno contra uno de Hassan que ya forzó una amarilla a los 7 minutos, e incluso las caídas puntuales de Otero a los costados... Varias fueron las vías para que los de Ramírez llegaran por fuera a línea de fondo o pisaran área. Sin embargo, ese último pase o la definición volvieron a ser lo suficientemente acertados como para sacar tajada de ello. Otro aspecto que debe seguir trabajándose. En el segundo tiempo, con un desarrollo muy diferente, la entrada de José Ángel 'Cote', en un momento proclive para ello, añadió más leña a esa amenaza exterior con las piernas frescas para llegar y su calidad en el golpeo para poner centros. Suyo fue el pase del 1-2.

La gestión de la posesión y la recuperación tras pérdida

Bajo ese plan de partido antes explicado, cabe dar relevancia a los momentos con balón de los rojiblancos. El Sporting mostró una buena organización colectiva en salida de balón, con movimientos trabajados de los jugadores alejados para ofrecer espacios o líneas de pase que permitieran avanzar, y el equipo interpretó mayormente bien esas situaciones de avance. Aunque, como ya se mencionó, también hubo momentos para el error. Los de Ramírez supieron llevar el control cuando fueron protagonistas, incluso cuando el Zaragoza más alto quiso apretar, el Sporting tuvo la capacidad para buscar soluciones con el balón, ya fuese combinando o desde la verticalidad.

No tuvo continuidad durante los 90 minutos -algo igualmente imposible con un rival delante- por todo lo anteriormente comentado, pero sí volvió a ser muestra de lo trabajado que está este equipo en automatismos colectivos para la fase ofensiva. La mejor prueba se da en aquellos momentos en los que el Sporting es capaz de mostrar una de sus mayores virtudes en este inicio de curso: lograr recuperar la posesión muy rápido y arriba tras perderla. Ya es seña de identidad en lo positivo.

Los cambios

Coto y Méndez por Rosas y Rivera. Cambio obligado por las molestias físicas de Rosas que dio para recuperar en cierta medida la estructura habitual del equipo, aunque se perdiera ese acercamiento del lateral a situaciones ofensivas, y refresco en la medular con un Nacho Méndez que aportó ese plus de trabajo con y sin balón ante un Rivera que ya acusaba el cansancio.

Cote y Campuzano por Pablo García y Djuka. Dos cambios que no afectan a la disposición del equipo, pero que por influencia individual resultaron clave. Cote aportó gran amenaza con sus centros y golpeo a balón parado y Campuzano sumó no sólo trabajo sino también presencia en el área. De ambos, curiosamente surge el primer gol. Revitalizaron las opciones del equipo.

Queipo por Hassan. Piernas frescas por fuera para los últimos minutos del partido aunque sin tiempo para una incidencia reseñable.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico

Suficiente. El plan de partido de inicio dio con un Sporting propositivo y productivo, recuperando rápido el balón y manteniendo el control del mismo. La falta de finura en los últimos metros volvió a penalizar. Sin embargo, los peores momentos llegaron derivados de situaciones colectivas mal gestionadas, un debe que además viene repitiéndose a lo largo de la temporada con las pérdidas en campo propio, lo cual debe corregirse a la mayor brevedad. Un buen trabajo que se fue al traste por uno mismo.

Se acertó, eso sí, con los cambios en la segunda parte para revitalizar al equipo, aunque fuera finalmente más el corazón que no la pizarra lo que terminaría explicando el resultado final. Luces en la propuesta de juego y sombras en la finalización de las jugadas y especialmente en los errores cerca de tu área con balón. Al menos lo positivo es que parece claro aquello que hay que potenciar y corregir.