«Las 4 claves de la derrota del Sporting y del suspenso a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

LaLiga

Dura tarde de domingo para el aficionado del Real Sporting de Gijón. El cuadro de Miguel Ángel Ramírez dio continuidad a la maldición de los asturianos en casa del Levante UD, donde no gana desde el año 2000. Lo peor, sin embargo, va más allá de efemérides.

El conjunto rojiblanco ejecutó un mal partido, superado en la mayoría de las fases del juego y sin apenas momentos a los que agarrarse en el global de los más de 90 minutos. Unas sensaciones muy alejadas de generar optimismo con la dinámica del equipo fuera de casa. Analizamos en base a 4 claves los aspectos tácticos más destacados del partido:

Plan de partido indefinido y sin amenaza en posicional

No hay peor sensación al acabar un partido que no tener claro cuál parecía ser el plan del mismo. Ayer el Sporting transmitió la idea de querer plantear un partido de tú a tú al Levante, de hacerle daño con sus mismas armas. Y la diferencia entre uno y otro en la ejecución apenas pudo ser más amplia. El mejor tramo de juego del equipo -corto e inefectivo- estuvo asentado desde el control del ritmo del juego, pudiendo juntar al bloque desde la posesión para tener mayor rigor posicional a la hora de trenzar sus ataques y, especialmente, de estar ordenados ante la pérdida, aspecto que penalizó sobremanera a los rojiblancos en el Ciutat.

A pesar de que los de Ramírez no ofrecieron vías de ataque claras en jugadas posicionales más allá de algunos intentos estériles de Hassan, al menos sí parecía ser una buena base para controlar más el contexto de partido y no estar tan expuestos. Pero el choque no discurrió por ese camino, también penalizados por el grueso número de pérdidas de balón. El plan del Levante, juntando por dentro a Carlos Álvarez para tener superioridad, dando altura a Andrés García y dotando de libertad a Fabricio para las transiciones sí parecía estar mucho más definido y trazado.

Verticalidad sin continuidad en el juego

El Sporting, como es habitual en su plan de juego, trató de iniciar sus ataques desde la línea defensiva, nuevamente buscando ese punto de verticalidad tratando de llegar rápido a campo contrario. Muchos de estos envíos más directos no pasaron por el centro del campo, además de no mostrar la capacidad para circular lo suficiente el esférico para generar espacios para avanzar más en corto y con mayor seguridad desde la basculación del rival. No parecía ser la intención. En su favor, este no tiene por qué ser el único camino siempre que haya opciones claras para verticalizar. En ocasiones fue así, encontrando directamente desde el pase a los dos hombres de arriba, Gaspar y Otero.

Sin embargo, no parecen los perfiles más adecuados para ganar la acción de espaldas a portería rival y darle continuidad al juego. De hecho, las pérdidas en este tipo de recepciones se sucedieron en exceso. El Sporting encontraba el camino a ese pase vertical, pero éste era de no retorno. La mayoría de jugadas morían ahí, lo cual reafirma ese pensamiento de que la elección de perfiles para esa idea de juego no era la adecuada.

Contexto propicio para las transiciones del rival: equipo estirado y sin activación tras pérdida

Las transiciones, que en ocasiones anteriores tanto habían dado a este equipo, parecía ser el contexto al que iba abocado el partido. El Sporting apenas tuvo situaciones para sacar provecho a este tipo de jugadas, mientras que a la inversa cedió un contexto propicio para que el Levante sí pudiera dañar por esa vía. El bloque rojiblanco estuvo demasiado estirado, es decir, ocupando muchos metros de campo entre su primera línea y la última.

Esto propició una distancia entre las mismas que generó amplios espacios y desajustes defensivos que facilitaron las contras al conjunto granota, especialmente en un contexto propicio para que Fabricio se pusiera las botas quedando en un duelo directo ante los centrales asturianos. Defensivamente, la solidez del Sporting esta temporada estuvo asentada sobre dos pilares; bien siendo compactos y sólidos en la defensa del área o cuando el bloque estaba alto siendo capaz de prevenir las transiciones del rival desde una gran activación tras pérdida. Ayer, bajo un plan que invitaba a esa buena presión al perder el balón, el Sporting no fue capaz de corregir y protegerse por esa vía, facilitando las contras del Levante y estando totalmente desbalanceados en los retornos.

Deficiente defensa del área

Ese segundo pilar defensivo de la temporada tampoco tuvo especial brillo en la tarde de ayer. El Sporting estuvo mucho más exigido en las transiciones que en la defensa del área en repliegue, pero dado que la derrota fue -sorprendentemente- por un solo gol, la errática defensa en la zona de castigo en una acción a balón parado terminó incidiendo directamente en el resultado final y en que los de Ramírez no sumaran nada en su visita al Ciutat.

Una acción demasiado pasiva, con un cúmulo de errores que pusieron la guinda a un partido en el que el equipo se vio superado en defensa. Esto sumado a los duelos perdidos individualmente dejó un poso anticompetitivo que urge corregir.

Los cambios

Pier y Mario por Pascanu y Gaspar. Cambios que mantenían la estructura, aunque con perfiles ciertamente diferentes, especialmente en ataque. Pier no tardó en cambiar de rol, aunque la incidencia de Mario, nuevamente en un contexto nada favorable, volvió a resultar insuficiente.

Rosas y Queipo por Insua y Villalba. Sustituciones con las que sí se buscó algo completamente diferente. El sistema cambió por la introducción de un perfil como el de Rosas, desplazando a Pier al eje, e introduciendo más peso exterior con la entrada de Queipo. Ramírez buscó simplificar el plan en busca del empate, pero a la vista del juego desplegado, no funcionó.

Djuka por Otero. Último cambio obligado por los problemas físicos del delantero con el único reemplazo natural en el banquillo. Desde el plano individual tampoco se consiguió sumar nada a lo ya visto.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico

Insuficiente. Si el plan de partido pasó por ser un equipo largo que tratara de dañar al contragolpe a cambio de sufrir lo mismo por parte del rival, a la vista está que no fue acertado. Si por el contrario la idea era controlar el ritmo del juego, seguramente esto sea más preocupante, pues su ejecución estuvo muy lejos de ceñirse a esa idea. Sea como fuere, el Sporting mostró sus debilidades defensivas y su peor versión en la construcción de juego ofensivo.

Esta vez no fueron errores puntuales o deméritos en las áreas lo que mató al equipo, sino una inferioridad manifiesta desde el juego, lo cual quedó todavía más patente en un escenario final de superioridad numérica y marcador adverso, con la impotencia de quien quiere y no puede. El margen de mejora se convierte, más en este tramo de la temporada, en urgencia por corregir muchas cosas. La versión del equipo de Ramírez debe ser una muy diferente a la de ayer si quiere mantenerse en la lucha con los mejores hasta el final. Empezando por este mismo sábado.