«Las 4 claves de la victoria del Sporting y del aprobado a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

Real Sporting

Las balas se van agotando en el cargador y el Real Sporting de Gijón sabía durante el transcurso de su duelo frente a la SD Eibar que sólo le valía la victoria. Lejos de arrugarse, dio su mejor versión en el partido precisamente en esos instantes, consiguiendo y mereciendo un triunfo que lo mantiene con pulso de cara a la última jornada. Un resultado sobre el césped que corresponde a una afición volcada que tiñó de rojiblanco la ciudad en la previa con una kilométrica Mareona. Analizamos en 4 claves los aspectos tácticos más destacados del encuentro:

Superioridad rival por dentro ante la presión rojiblanca

Sabiendo que el Eibar trataría de acumular una mayor cuota de posesión, construyendo sus ataques en combinación, el Sporting trató de ubicarse en un bloque medio-alto para incomodar esos primeros pases de los armeros, llegando incluso a saltar sobre su guardameta cuando éste recibía el balón. Sin embargo, la presión fue desajustada e ineficaz. Etxeberría acumulaba hasta 4 futbolistas por dentro, prácticamente en forma de cuadrado, aunque acercando a Nolaskoain más a la base, lo que atraía la marca de uno de los pivotes rojiblancos (Rivera). Un posicionamiento que generaba claramente una superioridad numérica por dentro en favor de los vascos.

Esa disposición se conseguía al abandonar la banda los teóricos extremos, dejándola sólo para los laterales. Esto generó dudas en los rojiblancos, pues los laterales rivales tenían diferentes comportamientos; por derecha se ubicaba a baja altura, aprovechando que Gaspar solía ubicarse en zona intermedia bien saltando al central si recibía o corriendo a su espalda si el pase era para el lateral, mientras, por izquierda la zona de influencia de Cristian era mucho más elevada en el campo, lo que obligaba al repliegue de Hassan. Así, el Eibar maniataba a los jugadores exteriores rojiblancos y generaba una superioridad por dentro, con Matheus como habitual primer receptor por delante de su defensa y a espaldas de la línea de presión rojiblanca, totalmente liberado, pues Róber Pier, fijado por la presencia interior de Aketxe y Soriano, no podía saltar ya que terminaría de partir en dos al equipo. Una presión mal ajustada que facilitó el dominio visitante y su presencia en mitad de campo rival y a su vez puso en problemas a un Sporting mucho más cómodo en bloque medio-bajo.

La importancia del sector izquierdo en salida de balón

En la otra cara de la moneda, el Sporting también trató de salir jugando desde atrás, pero se encontró con más dificultades para poder avanzar a campo rival en combinación. El Eibar marcaba hombre a hombre, dejando libre el lado opuesto al que discurría la jugada, pero teniendo siempre atados a los centrales rojiblancos y forzando en muchas ocasiones el pase atrás al portero para que Yáñez golpeara en largo. Los rojiblancos únicamente encontraron en esa disposición rival una vía de avance, y fue por su lado izquierdo.

Circulando adecuadamente el balón de lado a lado y asumiendo riesgos ante las marcas individuales azulgranas, el Sporting conseguía generar el espacio suficiente por la banda de Cote, dando protagonismo a Diego en esa decisión para bien dar el pase al de Roces y que éste pudiera avanzar en conducción o bien amagando con abrir el juego y dividiendo él mismo con un recorte para superar a su par. No siempre se abría esa opción, pues dependía de hacer correctamente el paso anterior para desarbolar al Eibar en su basculación hacia su lado diestro, pero sí quedó patente que ahí los de Ramírez encontraron una de las pocas fisuras para llegar eficientemente a campo contrario con control.

Sólida defensa del área desde las ayudas

Ante un rival del poder ofensivo del Eibar cabe destacar en el partido la escasez de buenas oportunidades de las que gozaron los atacantes armeros. En buena medida esto se dio por la sólida defensa del área de la zaga rojiblanca, con Insua imperial en el juego aéreo y ambos centrales muy atentos y coordinados para ofrecer las ayudas necesarias al defender la espalda de sus respectivos laterales. Insua y Diego entendieron muy bien esta circunstancia, midiendo los tiempos para no desajustar al equipo en su repliegue hacia el área, y así intercambiar marcas de forma eficiente para cortar los desmarques de ruptura que intentaban los atacantes vascos. Un ejercicio defensivo visualmente impecable y que muestra el trabajo diario que hay detrás así como el buen entendimiento individual entre los dos centrales elegidos en esta ocasión, que en el plano individual también ofrecieron solvencia en líneas generales tanto en duelos como en despejes. Similar análisis en el caso de los laterales desde el trabajo de Cote y Rosas en los uno contra uno y en entender esa defensa en el segundo palo cuando les tocaba.

Control de cara al último tramo con los cambios desde el banquillo

Ya entrando en específico en la segunda parte, los cambios permitieron modificar la tendencia del partido desde lo táctico. Ramírez introdujo primero a Fran Villalba -además de Djuka en un cambio hombre por hombre-, sumando un jugador más por dentro que le permitiera un mayor control y posesiones más largas. Algo que se multiplicó con la entrada de un perfil como el de Nacho Martín, que suplió a un Rivera ya fundido en sus esfuerzos en la presión y que ya no podía sumar en los retornos defensivos, dejando al equipo más partido. Su influencia fue clave, pensada en otorgar un punto más de equilibrio, control y posesión de balón a los rojiblancos de cara al tramo final, algo que necesitaba ante la obligación de ganar con el partido igualado en el marcador. Esto tuvo una influencia marcada en el juego, con un Sporting hasta ese momento más a merced del control eibarrés, pasando entonces a llevar la manija, asentarse en campo rival y trenzar combinaciones en el último tercio que apenas se habían logrado en el grueso del partido. Un control planificado para el momento justo del partido y con un marcador que daba pie a ello. Una buena lectura.

Los cambios

Djuka y Villalba por Mario y Hassan. Ambos aportaron desde lo individual, si bien la entrada de Villalba influyó en la forma de ordenarse del equipo y fue clave para sumar un elemento más por dentro para dar mayor control de balón a los rojiblancos. Fue una de las claves del partido.

Nacho Martín por Rivera. En el mismo sentido que el anterior, más y mejores posesiones del Sporting, además Nacho tuvo una influencia muy positiva en defensa dando equilibrio y sosteniendo más el bloque con un doble pivote más asentado; unos esfuerzos que Rivera ya no podía hacer por el agotamiento.

Campuzano y Queipo por Pier y Gaspar. Toda la carne en el asador en busca del gol y tuvo premio. Queipo sumó trabajo sin balón y Campuzano, con un elemento más en última línea, complicó la labor a la zaga armera con su buena lectura de los espacios. Anecdóticamente, tuvo el premio del gol.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico

Bien. El partido tuvo dos fases diferenciadas, con una primera hora de mayor control visitante (esperado), aunque marcado por los desajustes en presión rojiblancos, los cuales penalizaron en el plan de partido, a un tramo final de mayor dominio asentado desde la posesión, para lo que fueron claves los cambios desde el banquillo.

Una de cal y otra de arena en cuestiones muy relevantes para el desarrollo del encuentro, siendo de nuevo el acierto en las áreas -en esta ocasión en ambas- lo que permitió decantar la balanza, ayer en favor de los rojiblancos. Un partido complicado y disputado ante un fuerte rival que tuvo como punto de inflexión las elecciones desde el banquillo en el transcurso del mismo.