«Las 4 claves de la derrota del Sporting y del aprobado a Albés a pesar del resultado»

Dani Souto

SPORTING 1905

Rubén Albés
Rubén Albés LaLiga

Texto de análisis

22 dic 2024 . Actualizado a las 18:10 h.

El Real Sporting de Gijón cerró con el peor resultado posible el año 2024 en lo deportivo con una nueva derrota en su casa ante el Málaga. Un tropiezo que completa una dinámica muy errática en el último mes si bien el desarrollo del partido claramente no concordó con el marcador final. Sea como fuere, las áreas volvieron a penalizar a los de Rubén Albés, correctos en el grueso del encuentro y poco acertados de nuevo en los momentos clave. Analizamos a partir de 4 claves tácticas destacadas el desarrollo del partido de los rojiblancos:

Ajustes de inicio para contener la acumulación rival por dentro

En una primera parte más repartida, más allá de unos minutos iniciales fulgurantes en los que el Sporting se encontró con un Alfonso Herrero inspirado, el principal desafío defensivo que plantearon los de Sergio Pellicer a la organización defensiva rojiblanca estuvo en su gran acumulación de jugadores por dentro. Con Sergio Molina incrustándose entre centrales, el Málaga se ordenaba a partir de un 3-1-6 en el que la clave estaba en la zona de influencia de sus extremos. Éstos cedían los carriles exteriores a sus laterales, que solían ir muy arriba, especialmente por su derecha. Ese movimiento, junto a los dos puntas, daba gran libertad a Antoñito y Larrubia, que buscaban mucho la espalda de los dos centrocampistas rojiblancos, especialmente por el lado de Nacho Méndez.

Inicialmente al Sporting le costó unos minutos ordenarse adecuadamente en el reparto de marcas para estar bien organizado, pero no tardó en corregir esa potencial vulnerabilidad. La clave pasó por dejar ‘emparejado’ con dos rivales al lateral más alejado, que vigilaba a su vez al extremo y al lateral del Málaga. Así, la línea de 5 en defensa rojiblanca podía repartir las marcas de forma individual, con Diego Sánchez ocupándose de Larrubia cuando éste era el receptor a espaldas de Nacho Méndez y con Pablo García pendiente de su lateral, Puga; algo semejante a lo que se hacía por derecha con el triángulo entre Róber Pier, Guille Rosas y Jesús Bernal. La clave para que esto funcionase estuvo en la imposibilidad del Málaga de girar el juego con un cambio de orientación a esa zona donde tenía superioridad debido a la gran acumulación de ayudas cercanas por dentro de los rojiblancos.

Buena organización defensiva penalizada por acciones puntuales

Por lo desarrollado en la clave anterior, además de una correcta organización defensiva tanto en la presión alta como en el bloque medio, el partido tácticamente a nivel defensivo puede tener muy pocos reproches o cuestiones a vigilar o corregir. Es chocante decir algo así cuando terminas encajando 3 goles, y es que el foco de todos ellos está realmente en situaciones aisladas y, en todo caso, principalmente actuaciones individuales en esa acción en concreto mal ejecutadas. El primer gol, en un saque de centro que golpea en largo el portero a unos metros de su área, llega tras una disputa que gana Diego Sánchez, pero que peina hacia atrás y que Olaetxea desvía de manera preventiva cuando el cuero llegaba cómodamente a los dominios de Yáñez. Es un ejemplo muy claro, pues tras el 1-1 el Málaga intentó reproducir esa misma jugada y Diego Sánchez, que volvió a ganar la acción por alto, despejó mejor a saque de banda y quedó como una acción intrascendente en el partido. Esos famosos «detalles» que se vieron de nuevo en un segundo gol en el que el árbitro estorba la ayuda defensiva de Gelabert o en un tercero en el que Pier no acierta a despejar un balón y Guille Rosas no consigue interponerse en la ayuda. Nombres propios, cuestiones individuales y puntuales, todas ellas corregibles, pero que no derivan de una cuestión táctica. A lo sumo, vigilar la espalda de la línea defensiva cuando el equipo se sitúa a unos metros de su área.

Versión ofensiva a partir de la presión tras pérdida

Centrados en la vertiente ofensiva, el partido del Sporting tuvo algunas fases muy marcadas de generación de un volumen importante de situaciones de ataque. Unas llegaron durante el primer cuarto de hora, con dos intervenciones de mérito de Herrero, otras a lo largo de un prolongado tramo del segundo tiempo, sumando varios remates entre palos y dos de ellos encontrándose con la madera. Estos momentos de partido se caracterizaron sobre todo por una engrasada presión tras pérdida que permitía al equipo recuperar el balón en campo contrario y rearmarse con mucho jugador por delante del balón o en situación de tres cuartos de campo. Esa buena activación tras la pérdida, que no está siendo tan característica en el equipo esta temporada, fue clave para ver los mejores momentos ofensivos del Sporting en el día de ayer. Si de algo pudo adolecer el equipo una vez llegaba a esa zona de último tercio fue en todo caso de cierta precisión y acierto en las combinaciones por dentro, donde se requiere de gran eficacia en la acción técnica para tener la fluidez necesaria.

Importancia de los laterales en amplitud y profundidad para generar llegadas

Un plan ofensivo que pasó en gran medida por la importancia de la incorporación de sus laterales. El Sporting explotó esto por dos vías, en jugadas más en transición buscando la recepción y carrera diagonal del extremo para encontrar la incorporación libre de marca del lateral del lado opuesto, o bien, desde esa presencia interior de los extremos, buscar el pase en profundidad, ya sea a través de estos mismos o de uno de los centrocampistas tras una descarga de cara, al desmarque de los laterales. Así, Guille Rosas, que asiste en las dos jugadas que terminan en los palos, Pablo García y José Ángel ‘Cote’ en el rato que tuvo, tuvieron mucha presencia en el juego ofensivo de los suyos. Un Sporting que centró más que en otros partidos, aunque no tuvo la eficacia ni la recompensa de encontrar el gol en estas jugadas.

Loa cambios

Gelabert por Queipo. Con este cambio de perfil se pronunció aún más la presencia interior de uno de los teóricos extremos.

Nacho Martín por Olaetxea. Típico ajuste con marcador en contra prescidiendo de uno de los centrales, aunque en el caso particular de Olaetxea no sea tan recurrente. Bernal ocupó su sitio hasta que salió del campo, siendo el cultivo de un cambio de sistema que llegaría poco después.

Cote y Caicedo por Pablo García y Bernal. Refresco en banda izquierda para tratar de sacar partido al buen golpeo de Cote, mientras que la otra sustitución ya derivó en un cambio de sistema hacia una especie de 4-4-2 con los dos extremos juntándose por dentro.

Oyón por Campuzano. Cambio en el tramo final en la delantera sin apenas tiempo ni ocasión para intervenir de forma destacada en el encuentro.

Nota a Rubén Albés y el resto del cuerpo técnico

Bien. En un sentido táctico, el Sporting planteó bien el encuentro, ajustando pronto las pequeñas dudas surgidas en el tramo inicial en el reparto de marcas en defensa, mostrando una correcta organización en esa fase del juego durante el grueso del encuentro. En ataque, el plan pasó por sacar rédito de las llegadas en profundidad de los laterales, además de fases de un alto volumen de generación de llegadas a partir de una buena presión tras pérdida. Al equipo le faltó algo de precisión individual en momentos concretos, además de solidez defensiva también en acciones aisladas. Cuestiones que explican más el resultado que no el desarrollo del juego en un partido muy aseado a nivel táctico. A la vista está que eso a veces permite marcar las diferencias, pero que no siempre es lo más importante.