Texto de análisis
10 feb 2025 . Actualizado a las 14:16 h.Con la necesidad de obtener una victoria, el Real Sporting de Gijón no pasó del empate ante la SD Eibar. Y gracias. Un partido atascado en el que los rojiblancos no tuvieron la amenaza suficiente como para imponerse a un rival que se defendió con un futbolista menos durante la práctica totalidad de la segunda parte. Un empate de pura impotencia que mantiene a los asturianos alejados del objetivo. Analizamos su partido en base a 4 claves tácticas destacadas:
Plan de inicio rápidamente alterado
El Sporting salió bien al partido, imprimiendo intensidad al juego y logrando asentarse en campo rival en los primeros minutos. Sin embargo, esta imagen no tuvo mayor recorrido que esos instantes iniciales. El duelo no tardó en equilibrarse, pasando a una fase del partido en la que los rojiblancos no tuvieron el control necesario con balón. El plan pasó por la precipitación y una excesiva propuesta de juego directo que inclinó la balanza en favor de un Eibar que se imponía en los duelos (39%-61% en general en el primer tiempo, 29%-71% por alto) y las segundas acciones frente a la última y penúltima líneas rojiblancas. De hecho, las mejores situaciones del primer tiempo para atacar con espacios se dieron en tres ocasiones en las que el equipo logró superar la presión armera combinando desde atrás. Fueron excepción, y apenas una acabó en remate.
Mala ejecución en último tercio
Ni las situaciones con ventaja citadas en la clave anterior, como alguna transición o en jugadas más elaboradas en torno al área rival en la fase del partido en superioridad numérica, se vio una adecuada toma de decisión para generar situaciones de remate. El Sporting apenas tuvo amenaza, errando muchos pases filtrados por pura imprecisión y seleccionando mal en muchas otras ocasiones cómo acercar la jugada al área, eligiendo un mal pase, mostrando falta de entendimiento o precipitando jugadas en un momento que requieren de una pausa justa. Una de las cuestiones que más se suelen trabajar durante la semana y que en este partido salió del revés prácticamente en todo momento. Una amenaza que sí tuvo el Eibar, a chispazos, lógico siendo uno menos, pero que con muy poco generó situaciones de mayor calidad.
Dificultades en el juego interior en ataque posicional
Durante la mayor parte del segundo tiempo el Sporting tuvo que llevar la iniciativa, sumando más responsabilidad con balón. Eso cambió la tendencia del partido, estando más en campo rival y asentando su juego en combinaciones y no tanto en los envíos directos. En ese contexto, conquistar espacios por dentro resulta clave para llegar a área rival ante un bloque bajo del contrario. El equipo no lo logró desde el pase, sino más bien llevando el balón a los costados para posteriormente tratar de llegar a esas zonas vulnerables de la defensa rival a través de conducciones, lo cual lejos estuvo de resultar ideal. Aun así, en más de una situación se dio lo comentado en la clave anterior, una errática toma de decisión final que hizo inservible alguna jugada aprovechable. Los centros desde fuera, eso sí, no fueron peligrosos hasta los últimos minutos, y para muestra, el hecho de que sólo se remataran 2 de los 29 centros realizados. Terrorífico.
Cambios de sistema y perfiles sin efecto en el tramo final
Por los derroteros que iba tomando el partido y los ajustes del rival, protegiendo la zona central y especialmente el área, Albés decidió sumar más futbolistas en esa zona con sus cambios. Primero introdujo un centrocampista más que escorara a Gelabert y se formase una doble punta con Dubasin y Campuzano en una especie de 4-4-2 de partida. En esa primera ventana también sumó otro registro con el golpeo de Cote desde la izquierda. Finalmente, el técnico acabó probando con otros perfiles, con un recurso más por alto con Caicedo y modificando la doble punta al dar entrada a un Dotor que sumara desde segunda línea. Aunque ambos intervinieron en alguna jugada puntual, no fueron ajustes que tuvieran tiempo a dar un efecto relevante al juego del equipo, que acabó el partido con las mismas dificultades para generar situaciones de remate.
Los cambios
Cote y Martín por Pablo García y Maras. Primera ventana para cambiar de sistema, retrasando a Olaetxea como central y Martín por delante para dar más claridad a las jugadas con balón, y sacando a los dos jugadores amonestados. Con Cote se ganaba un recurso en los centros y a balón parado.
Queipo por Serrano. Cambio de perfil para tratar de sumar algo más de juego interior que en ese contexto de partido se entendía necesario.
Caicedo y Dotor por Campuzano y Méndez. Cambio de perfiles para sumar más potencial en área, aunque sin tiempo para incidir especialmente, aunque Dotor tuviera la suya de cabeza.
Nota a Rubén Albés y el resto del cuerpo técnico
Insuficiente. Partido en líneas generales con muchas más cosas a corregir que a rescatar. El plan de inicio se desmoronó pronto para dar paso a un juego directo excesivamente precipitado que desdibujó al equipo en favor de un rival superior en esa faceta. Ni por esa vía ni en ataque más posicional cuando se vieron obligados a dominar más el balón por la inferioridad numérica del Eibar, el Sporting fue capaz de generar situaciones de peligro. De hecho, tuvieron más los de Etxeberria a poco que pudo transitar en alguna situación. Un partido de pura impotencia ofensiva y de insuficiente reacción desde el banquillo para que el equipo pudiera aspirar a más que un empate con claro sabor a derrota por la necesidad clasificatoria y por el contexto de la segunda mitad.